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Foto cortesía de la Fundación Decanio |
Cesar Humberto Ramos en su libro Remontando el Apure Viejo de 1931 hasta 1952 nos presenta algunos datos y recuerdos importantes que debemos conocer sobre la Plaza Bolívar de San Fernando de Apure.
LA PLAZA BOLÍVAR
Quién más autorizado que yo para escribirte, cuando una buena parte de mi niñez la viví por tus alrededores y la parte final de mi adolescencia la pasé aquerenciado en tu seno acogedor con el recuerdo silente y ensimismado de los dorados sueños de mi juventud; o con el bullicioso trinar musical de tus bandadas de pájaros que también coqueteaban sus bellos sueños de amor, para anidarlos en las verdes ramas de tu frondosa vegetación.
Tú iluminaste de esperanzas
y de ilusiones a la muchachada de Jobalito y de sus sitios
circundantes, cuyas generaciones pensaron en un porvenir
de circunstancias provechosas, estudiaron cantaron y rieron
con alegría juvenil
desbordante e inocente
tocaron y lloraron con la melodía de las canciones
que los envolvía en su pequeño mundo de inquietudes emocionales. Que amaron y declamaron
para conquistar con amor y poesía
el corazón de algún discolo cariño.
Que tocaron y bailaron Para celebrar el feliz desenlace de alguna actividad estudiantil o Personal y que
rezaron para que los santos
de enfrente, intervinieran en consecución de algo o en la sensibilización de alguien.
iCuántos recuerdos y cuántas alegrías!
iCuántas ilusiones y cuántas fantasías!
También estuve muy vinculado
sentimentalmente contigo, por tus
cuatro costados, porque
durante cuatro años, entre 1938 y 1941 y después en 1944, tuve la satisfacción de vivir en tu parte sureste.
De
manera que tú fuiste muda testigo de mis primeras correrías infantiles, entre juegos de guataco,
corre el agua, la
can delita, pa pagayos
y metras.
Mi
primer sentimiento efectivo se produjo en 1938, cuando
fui llevado a la pila bautismal en la Santa Iglesia Parroquial, hecho que
me vinculó profundamente a la religión
cristiana que recibía y a tu testimonial e inmutable
presencia.
Mi segunda experiencia inolvidable fue en el centro de la plaza, cuando en Junio de 1944, pronuncié mi primer y último discurso de mi niñez ante la estatua del Padre de la Patria. Entonces recuerdo que don Pablo Botello, a nombre de la Escuela Federal "Codazzi", me seleccionó para que yo lo pronunciara
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Samuel Cadenas y Eladia Rincones, de novios en la Plaza Bolívar |
Mi
tercer vínculo sentimental se produjo muy posteriormente, cuando por razones afectivas
Y familiares, también fui bautizado en la Logia Candor
No. 27 , recibiendo la nominación mínima de luvetón. ·
Mi último recuerdo afectivo
se produjo d
31 de Julio de 1952, cuando en el inolvidable quiosco de la retreta, tuve mi último encuentro romántico con la bella muchacha, que hasta ese día, fue el amor
más puro, tierno
y hermoso de mi juventud.
SITUACIÓN Y LIMITES DE LA PLAZA
BOLÍVAR.
La plaza Bolívar
de San Fernando estuvo y está ubicada
en el noroeste de la ciudad y domina
todo el espacio
de una manzana comprendida entre las calles Bolívar y Sucre, en cruce con las
calles Negro Primero y Madariaga.
Al
igual que
la plaza Libertad, estaba constituida por cuatro avenidas de mosaicos, en forma de equis (X), que convergía en el centro con la estatua de Simón Bolívar
mirando hacia el norte, con
su pedestal de mármol negro y
su figura de bronce, de pié y a discreción, sosteniendo su espada con la mano izquierda, ligeramente en ángulo hacia el sur. Numerosos bancos
de cemento estaban armónicamente
ubicados en toda
el área de la plaza. En su interior, hacia
la parte este, se encontraba una pileta de agua, por todo el frente del campanario de la Iglesia.
Por su parte oeste había otra gran pileta, limitando con el quiosco
bellamente diseñado
para la realización de las retretas,
pero que también utilizábamos para los
juegos de la candelita, en nuestra etapa infantil v para las diversas tertulias
estudiantiles, en la época juvenil.
La plaza en su parte norte estuvo limitada por las casas de
habitación de numerosas familias que en diferentes años vivieron allí.
Por
la parte este, separada por la calle Madariaga, estaba limitada por la antigua y Santa Iglesia Parroquial y por la casa parroquial.
Por el sureste estaba Y está la Logia Candor No. 27 y, lado, en el suroeste, la casa de la familia Bolívar
Umanés. Por el oeste, de norte a sur, estaba
la casa donde Bolívar
permaneció varios días en 1818. A su lado estuvo una refresquería y mucho después la Asociación de Ganaderos
de San Fernando.
LAS FAMILIAS DE LA PLAZA
BOLÍVAR.
Muchas fueron las familias
que habitaron los límites francos de la plaza. Unas permanecieron relativamente poco tiempo,
en tanto que otras se afianzaron por mayor duración; todas estas familias
tuvieron las virtudes de la modestia, de la rectitud
y de honestidad, por lo cual dejamos
sentado la buena suerte que tuvieron ambas plazas con sus vecinos.
Hacia la parte norte vivieron
en épocas diferentes las familias Benaim-
Núñez, integrada por don Moisés Benaim y doña Rosa Núñez de Benaim, con sus hijos: David, Daniel,
Samuel, Rafael, Alberto, Moisés, Esther,
Dina, Luna, Estrella y
Sol. Las familias Decanio- Farrera, formada
por don Nicolás
Decanio y doña Dora Farrera
de Decanio, con sus hijos Raúl, josefina, Rafaela y Carmen Dora. Don Arquímedes Decanio y doña Elena de Decanio. Don Valentín Mujica y doña Luisa Esté de Mujica, con sus hijos Valentín, Rafael, Andrés,
Jesús, Josefina, Anita e Isabel. Don Luis Felipe Herrera y doña Panchita Maica de Herrera,
con sus hijos José Luis y Clementina. La familia Galindo.
La familia Mirabal Marchena, integrada por don José Francisco Mirabal y doña Carmen Marchena
de Mirabal, con sus hijos: Josefina, Panchita, Barbarita,
Gladys, María Elena, Rafael
Ángel, José Francisco y Alcides. Esta fue la última familia que se asentó
en el noroeste de la plaza, antes que la casa fuera demolida
para darle paso a una edificación.
Por el este, viniendo de norte a Sur, en el sureste
se encontraba la casa parroquial, habitada por el padre Miguel Colorado y su hermana Cointa.
Frente a ellos y diagonal
con la plaza, se encontraba
la casa de Francisco Ochoa y doña Marín Infante de Ochoa con sus hijos, Francisco, Lila Mirian y Violeta.
Por el suroeste
estaba la familia Bolívar-
Umanés, formada por don Rafael Bolívar
y doña María Josefa Umanés de Bolívar, con
sus
hijos Pedro J osé, Anita,
María, Solange, Clementina, Ludia, Nelson y Hugo.
Frente a la familia Bolívar-
Umanés y diagonal con la plaza, vivía la familia constituida por don Fernando
Felice y doña Guillermina de Felice con sus hijos Gladys, Oiga, Gisela y Anita.
Frente
a ellos, en la esquina, vivió la familia
Foata.
Al sureste de la plaza se erguía
la bella construcción de la Logia Candor
No. 27. Al igual
que en todas partes
del mundo, la hermandad secreta de la francmasonería de San Fernando, agrupo en su seno a diferentes personas de todos los estratos
sociales, dado su prestigio que se caracteriza por la fe en la ciencia y el progreso,
por el comedido uso de la razón que solo busca el entendimiento mutuo entre los seres humanos,
lo cual le ha dado también ese carácter de hermandad como ellos la denominan y
que practican
en la vida real.
Las reuniones secretas
en la Logia estaban
revestidas de simpáticos actos previos
a la tenida y después
de ella, que adquirían mayor colorido en la celebración de las fiestas
de solsticios y del bautismo de los nuevos
aspirantes a miembros
de la masonería apureña. La belleza y seriedad de esta asociación
se enaltece porque sus miembros practican una democracia interna, discriminaciones políticas, económicas, sociales
ni raciales. Por el contrario,
la hermandad implica el trato justo
y la ayuda mutua en los casos de
emergencia. Incluyo a la Logia candor No. 27, en el grupo de las familias de los alrededores de la plaza
Bolívar, porque considero
que todos ellos conforman UNA GRAN FAMILIA.
LAS RETRETAS EN LA PLAZA BOLÍVAR
Al igual que en la plaza Libertad, la Banda Bolívar del Estado amenizaba
las retretas todos los jueves
por la noche. Todas las muchachas de las áreas aledañas a
la plaza se daban cita allí (para pasear por las aceras y avenidas, al compás de los arpegios
musicales de la banda.
En
diferentes épocas, fueron visitantes consuetudinarias de la retreta
o
la
presenciaron desde el frente de sus casas: las Bolívar,
las Decanio,
las Abreu, las Mujica, las Mirabal, las Narváez,
las Leguizamón, las Mayol, las Ramos, las Maica, las Silva, las Rincones,
las Moreno, las Torres, las Hernández, las Gómez, Esperancita Lucena,
Rosita Galindo, Laura Maluenga,
Ligia Barrios, Rosa Torres, etc.
Los
asistentes masculinos, también en tiempos diferentes, .serian: los Abreu,
los Jiménez los Espinoza, los Prada, los Benaim, los Mujica, Betico Guzmán, los Hernández, los Umanés, los Mirabal
los Zoppi, los
Domínguez, los Narváez, los Díaz, los Bolívar, José Antonio
Vethencourt, Cesarito Ramos,
Bermúdez, Orestico y Ernesto Felice,
Ramón y Emilio Hernández y gran parte de la muchachada de jobalito. Unos se dedicaban a los juegos infantiles de cada generación y otros aprovechaban el lapo de duración de las retretas
para sus entrevistas amorosas.
La
fisonomía de la plaza se mantuvo intacta
por todos estos años, con ligeras variantes en cuanto a su ornamentación vegetal y física.
De sus asiduos visitantes salieron
muchos profesionales entre médicos, ingenieros, abogados,
pedagogos, militares, periodistas, etc.
El recuerdo de la plaza Bolívar ha perdurado en el corazón
de muchos de nosotros que compartimos su estática belleza
bajo la sombra de su arboleda,
cuya acogedora y plácida brisa, se llevó
muchisimos recuerdos para irlos dispersando por todo el
espacio del cielo sanfernandino.
Cesar Humberto Ramos en su libro Remontando el Apure Viejo de 1931 hasta 1952.
Gracias a Juan Peña por facilitarnos este libro
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