REDES SOCIALES

jueves, 17 de septiembre de 2026

EL JOROPO LLANERO ES DE COLOMBIA, DE VENEZUELA… O DE LA INMENSA LLANURA?


 

🏇Voy tras el rastro de una cultura llanera compartida. 

Escrito por El Baquiano del Joropo.

Cuando hablamos de los orígenes del joropo criollo aparece inevitablemente una pregunta:

¿El joropo llanero es venezolano o colombiano?

Después de revisar documentos antiguos, crónicas de viajeros, inventarios coloniales, obras literarias, partituras, testimonios, investigaciones musicológicas y registros fonográficos, quizá debamos formular una tercera pregunta:

¿Y si antes que venezolano o colombiano, el joropo llanero es hijo de la inmensa llanura?

De esa gran sabana que se extiende por Casanare, Arauca, Vichada, Meta y los antiguos Llanos de San Martín, en Colombia, y por Apure y otras regiones de Venezuela: un territorio comunicado durante siglos por ríos, caminos, misiones, hatos, vaquerías, comercio, músicos, instrumentos y cantos.

En El Baquiano del Joropo no pretendemos demostrar que Colombia o Venezuela “inventaron” el joropo llanero. La tesis que proponemos es distinta:

EL JOROPO LLANERO DEBE ENTENDERSE COMO EL RESULTADO HISTÓRICO DE UNA CULTURA MUSICAL DESARROLLADA EN UNA LLANURA COMPARTIDA, HOY DIVIDIDA ENTRE COLOMBIA Y VENEZUELA.

Hasta donde hemos podido verificar, Venezuela conserva una referencia escrita a la palabra “joropo” considerablemente más temprana. Pero en los Llanos colombianos encontramos, mucho antes de nuestra primera mención conocida del término, un antiguo mundo de música, baile, instrumentos, canto e improvisación.

Esto no significa que aquellas músicas fueran ya el joropo moderno ni que exista una línea directa demostrada entre cada una de ellas y la tradición actual.

Significa algo más preciso:

LA HISTORIA DE UNA TRADICIÓN NO COMIENZA NECESARIAMENTE EL DÍA EN QUE SU NOMBRE APARECE POR PRIMERA VEZ EN UN DOCUMENTO.

Con esa precaución, sigamos las huellas.

1722–1770: MÚSICA, ARPAS E INSTRUMENTOS EN EL CASANARE COLONIAL

Durante los siglos XVII y XVIII, las misiones jesuitas de Casanare, Meta y la Orinoquia desarrollaron una importante actividad musical entre las comunidades indígenas.

La historiografía regional sitúa hacia 1722–1723, en el ámbito de San Regis de Guanapalo, enseñanza musical y presencia del arpa.

La evidencia se hace más concreta en los inventarios estudiados por el musicólogo colombiano Egberto Bermúdez, a partir de documentos relacionados con la expulsión de los jesuitas y conservados en el Archivo General de la Nación.

En octubre de 1767, en la Hacienda de Caribabare, fue inventariada un arpa.

En San Miguel de Macuco, también en 1767, dentro de la casa que servía de escuela se encontraron un arpa, dos violines, un violón, dos flautas, un bajón y varias chirimías deterioradas.

En Macaguane aparece una bandola.

Y en 1770, un inventario de Nuestra Señora de la Concepción o Jiramena registró un arpa, una chirimía, dos flautas, dos violines viejos y “varios papeles de música”.

No podemos llamar joropo a estas prácticas ni establecer una continuidad directa entre aquellas arpas y el arpa llanera moderna.

Pero sí podemos afirmar que mucho antes de las primeras referencias colombianas conocidas a la palabra “joropo”, existía en los Llanos colombianos una cultura instrumental que incluía arpa y bandola.

1767–1855: MACUCO, UNA EXTRAORDINARIA SECUENCIA DOCUMENTAL

Macuco, antiguo asentamiento de indígenas sálibas sobre el río Meta y estrechamente relacionado con el espacio histórico donde posteriormente se consolidaría Orocué, aparece repetidamente en los documentos.

En 1767 encontramos allí instrumentos y una casa utilizada como escuela.

En 1811, José Cortés de Madariaga dejó testimonio de la actividad musical de los sálibas de Macuco y mencionó violines, violoncello, flauta, guitarras y triángulo.

El 14 de julio de 1855, Ramón Guerra Azuola llegó al mismo lugar y encontró un gran baile de matrimonio. Describió la agrupación musical:

CUATRO TIPLES + UN TRIÁNGULO + CATORCE CARRACAS.

Resulta llamativa la reaparición del triángulo, documentado tanto en 1811 como en 1855.

Tenemos así casi noventa años de referencias musicales en un mismo espacio llanero:

1767: instrumentos y escuela.

1811: actividad musical.

1855: música y baile comunitario.

No prueban que durante todo ese tiempo se tocara una misma música, pero convierten a Macuco en un punto documental excepcional.

En 1856, la Comisión Corográfica dejó además testimonios visuales y escritos de bailes e instrumentos en Casanare.

1815: VENEZUELA Y UNA TEMPRANA MENCIÓN DEL JOROPO

Un expediente judicial de Caracas de 1815 registra una reunión en la que se bailó “el piquiriro y el joropo” y se cantó mientras Victorio Villegas tocaba la guitarra.

Hasta donde hemos podido verificar, Venezuela posee una documentación nominal del joropo considerablemente más temprana que la encontrada hasta ahora en Colombia.

Es una precedencia documental que debe reconocerse, sin convertir la primera aparición escrita de la palabra en la fecha de nacimiento de la tradición.

1867–1876: GALERÓN, CANTO, IMPROVISACIÓN Y BAILE

En 1867, José María Vergara y Vergara escribió sobre los Llanos colombianos de San Martín y Casanare y señaló que el llanero componía lo que cantaba y cantaba lo que componía. Llamó “galerones” a aquellas composiciones populares.

Ese mismo año, José María Samper habló del galerón del llanero de las “pampas del Oriente”, relacionándolo con el caballo, los ganados, los ríos, los pajonales y la vida de las sabanas.

En 1871, José María Gutiérrez de Alba recorrió los Llanos de San Martín y describió al llanero como músico y poeta, capaz de improvisar romances para cantar sus galerones. Señaló además la presencia del tiple en fiestas y casas llaneras, donde se cantaba y bailaba, y registró en Villavicencio guitarras, tiples y bandolas.

En 1874, Nicolás Pardo asistió en Villavicencio a una reunión para conocer la música, el canto y el baile del Llano. En su libro publicado en 1875 describió el galerón como uno de los bailes llaneros más populares, acompañado por tiple, bandolón, maracas, canto y versos, y bailado por varias parejas.

En 1876, Édouard André volvió a registrar en Villavicencio galerón, canto, bandolón y vihuela.

La secuencia es significativa:

LLANERO + GALERÓN + CANTO + IMPROVISACIÓN + MÚSICA + BAILE.

FINALES DEL SIGLO XIX: CASANARE SIGUE CANTANDO Y BAILANDO

Una descripción atribuida a Lázaro M. Girón en 1885, conocida a través de investigaciones posteriores, habla de llaneros de Casanare y San Martín bailando fandango al son de la bandola y cantando romances improvisados llamados galerones.

Hacia finales del siglo XIX, Jorge Brisson describe en Casanare parejas bailando galerón con zapateado o “escobillado”.

Estas referencias requieren mayor cautela por la forma como han llegado hasta nosotros, pero son coherentes con la secuencia documental anterior.

LA VACA Y EL ARAGUATO: MEMORIAS DE CASANARE Y ARAUCA

En esta búsqueda aparecen también La Vaca y El Araguato.

Investigaciones y testimonios de cultores recogidos por Edgar Ricardo Lambuley relacionan estas antiguas manifestaciones musicales y bailables particularmente con Casanare y el sur de Arauca.

Gustavo Rodríguez identifica en ellas elementos asociados al galerón. Existen además memorias familiares casanareñas de su ejecución con tiple y furruco.

Una fuente conservada por el Banco de la República señala que en Arauquita el galerón ha sido interpretado como una variante del joropo, colocando precisamente a El Araguato como ejemplo.

No presentamos esto como una genealogía demostrada, sino como una huella de las relaciones entre antiguas denominaciones, músicas y bailes posteriormente vinculados al universo del joropo.

Guardemos el nombre de El Araguato. Volverá a aparecer.

1906–1911: FRAY PEDRO FABO Y LOS CANTOS DEL CASANARE

Fray Pedro Fabo de María, religioso agustino recoleto, llegó a Colombia en 1895. Desde 1896 estuvo vinculado a la misión de Arauca, entonces perteneciente a Casanare, y posteriormente vivió en Támara.

En 1906 publicó Poesía popular de la región colombiana de Casanare.

Allí encontramos galerones, coplas, romances e improvisación de versos.

Fabo describe grupos de llaneros reunidos en corredores de los hatos, bajo los árboles o en lugares destinados al baile, acompañándose con:

CUATRO + TIPLE + CHARRASCAS + MARACAS.

También documentó la improvisación poética entre cantadores, relacionada con la tradición que posteriormente reconocemos en el contrapunteo llanero.

En 1911 reunió y amplió parte de sus investigaciones en Idiomas y etnografía de la región oriental de Colombia.

Su testimonio demuestra que al comenzar el siglo XX existía en Casanare un complejo musical, poético y bailable plenamente vivo y documentado.

COMIENZOS DEL SIGLO XX: CRAVO NORTE, LAS ARPAS Y EL INDIO FIGUEREDO

Fuentes biográficas sobre el célebre arpista apureño Ignacio “El Indio” Figueredo, nacido en 1900, señalan que comenzó su aprendizaje siendo niño con un “arpa colombiana”. Las fuentes difieren sobre la edad exacta; una versión sitúa el comienzo aproximadamente hacia 1909.

Las investigaciones de Edgar Ricardo Lambuley aportan otra pieza: testimonios recopilados por él señalan que Cravo Norte, Arauca, conservó tradición de arpa y contó con fabricantes del instrumento.

Además, una de las arpas con las que habría aprendido Figueredo habría sido fabricada en Colombia, en Arauca, y al parecer provenía de Cravo Norte.

Esto no llena el vacío documental entre las arpas de las misiones del siglo XVIII y el arpa llanera del siglo XX.

Pero sí permite sostener que Colombia no era ajena a la historia temprana del arpa llanera y refuerza la imagen de una circulación musical entre Arauca y Apure que no puede explicarse simplemente en una sola dirección.

1911: JOROPO EN SAN MARTÍN

El 20 de julio de 1911, Antonio José “Ñito” Restrepo pronunció en Bogotá su discurso sobre la poesía popular colombiana.

Recordó que él mismo había visto bailar el joropo y escuchado sus trovas “en San Martín, primero”, y luego en Valencia y otros lugares de Venezuela.

Aquí la evidencia es inequívoca:

JOROPO.

BAILE.

TROVAS.

SAN MARTÍN, COLOMBIA.

Restrepo habla como testigo presencial.

Sabemos además que estuvo en los Llanos y pasó por Villavicencio rumbo a su confinamiento en Orocué en 1905, cuando Villavicencio pertenecía a la región de San Martín.

¿Fue entonces cuando vio aquel joropo?

Es posible, pero no tenemos un documento que permita afirmarlo. Por ahora, 1911 es la prueba explícita que podemos sostener.

1922–1924: LA VORÁGINE, EL JOROPO Y “EL LLORAO”

José Eustasio Rivera, conocedor directo de los Llanos y la Orinoquia, escribió La vorágine entre 1922 y 1924 y publicó su primera edición en 1924.

En la novela utiliza la palabra “joropos” para referirse a reuniones o fiestas llaneras, mientras el glosario de la propia obra define:

“Joropo: baile llanero.”

También aparece “el llorao”, un cantar acompañado por maracas.

No afirmamos que El Llorao fuera joropo. Rivera documenta su presencia dentro del mismo universo cultural llanero de comienzos del siglo XX.

1925: ARTURO LAMUÑO Y EL ARPA EN ARAUCA

Hacia 1925, la tradición histórica sitúa en Arauca al arpista venezolano Arturo Lamuño, recordado por tocar y enseñar el instrumento.

Después de encontrar arpas en inventarios coloniales y referencias a fabricantes en Cravo Norte, no resulta sostenible presentarlo como quien introdujo por primera vez el arpa en Colombia.

Su presencia documenta mejor la circulación de músicos, repertorios, conocimientos e instrumentos entre Apure y Arauca.

La frontera política existía, la música seguía cruzándola.

DÉCADA DE 1930: ALEJANDRO WILLS Y EL JOROPO EN EL INTERIOR DEL PAÍS

Alejandro Wills, compositor, cantante, guitarrista y tiplista colombiano, incorporó músicas asociadas al Llano dentro de una obra que alcanzó circulación mucho más allá de la región.

Dos títulos resultan especialmente relevantes:

El Voluntario.

Galerón Llanero.

El Voluntario, con música de Wills y letra de José Joaquín Jiménez, aparece identificado documentalmente como joropo y quedó asociado al ambiente patriótico del conflicto colombo-peruano.

Esto muestra que el joropo había entrado también a los repertorios y circuitos musicales del interior del país.

EL ARAGUATO, ALEJANDRO WILLS Y EL DISCO

Aquí reaparece El Araguato.

Investigaciones posteriores relacionan esta pieza con la base utilizada por Alejandro Wills para su Galerón Llanero.

Las fuentes no siempre clasifican la obra de la misma manera: unas la denominan galerón y otras la ubican dentro del repertorio relacionado con el joropo. Esto muestra que las categorías musicales llaneras no siempre tuvieron las fronteras rígidas que posteriormente les asignaron las clasificaciones modernas.

En 1938, Los Llaneros de Alejandro Wills grabaron Galerón Llanero junto con La india se largó con otro. La grabación se realizó en el estudio de la emisora gubernamental HJN y posteriormente fue prensada en Nueva York por Victor.

Tenemos así evidencia de repertorio vinculado al universo musical llanero colombiano llevado al disco antes de la gran expansión fonográfica de las décadas siguientes.

MEDIADOS DEL SIGLO XX: LUIS ARIEL REY Y LA EXPANSIÓN DEL JOROPO GRABADO

Luis Ariel Rey, “El Jilguero del Llano”, junto con sus hermanos y el conjunto Los Llaneros, se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la difusión del joropo colombiano mediante grabaciones y presentaciones.

Entre las piezas asociadas a aquella etapa aparecen Ay, sí, sí; Seis Numerao; La Tigra Cebada y Gavilán Currulao.

Su importancia no radica en haber realizado necesariamente la primera grabación colombiana relacionada con el joropo, pues existen antecedentes como Alejandro Wills, sino en su papel decisivo en la expansión y popularización de la música llanera grabada.

Durante las décadas siguientes, el arpa adquirió creciente protagonismo dentro del formato comercial colombiano hasta convertirse en uno de los grandes símbolos sonoros actuales del joropo.

1949–1953: GUADALUPE SALCEDO Y LOS CORRIDOS DE LA REVOLUCIÓN LLANERA

A mediados del siglo XX, la música llanera se convirtió también en relato y memoria de los acontecimientos vividos en las sabanas.

En aquellos años surgieron los llamados corridos revolucionarios o guadalupanos, que narraron personajes y episodios de aquella época.

En ese escenario aparece José Guadalupe Salcedo Unda, protagonista de aquellos acontecimientos y también vinculado al canto y a la composición popular llanera.

Entre las piezas que le han sido atribuidas está La Revolución del Llano, corrido posteriormente interpretado y grabado por Orlando “El Cholo” Valderrama.

Los corridos guadalupanos muestran cómo el llanero convirtió su propia historia en versos, música y memoria.

El corrido también contaba la historia del Llano desde el propio Llano.

EL JOROPO ANTIGUO NO TENÍA UN SOLO FORMATO INSTRUMENTAL

Cuando hoy pensamos en joropo imaginamos:

ARPA + CUATRO + MARACAS.

Pero los documentos recorridos en esta investigación muestran una instrumentación mucho más diversa:

arpas, tiples, bandolas, bandolones, guitarras, violines, violón, flautas, triángulos, carracas, charrascas, maracas, furruco y cuatro.

Carlos “Cuco” Rojas ha señalado esa diversidad y el papel posterior de la discografía y la radiodifusión en la consolidación del conjunto llanero moderno.

Por eso no debemos proyectar hacia el pasado el formato instrumental actual.

La historia debe mirarse con los ojos de cada época.

¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE EL GALERÓN Y EL JOROPO?

Durante buena parte del siglo XIX colombiano, las fuentes hablan repetidamente de galerones, mientras la palabra “joropo” tarda más en aparecer de manera inequívoca.

El galerón aparece como composición poética y canto, pero también asociado a música, improvisación, baile y fiesta.

Una referencia conservada por el Banco de la República señala que en Arauquita el galerón ha sido interpretado como una variante del joropo, con El Araguato como ejemplo.

Por eso resulta más preciso entender al galerón no como sinónimo exacto del joropo, sino como una antigua modalidad, aire o variante vinculada a su complejo histórico.

De allí surge una conclusión esencial:

NO DEBEMOS BUSCAR LA HISTORIA DEL JOROPO SOLAMENTE BAJO LA PALABRA “JOROPO”.

También debemos seguir los nombres con que cada época identificó sus músicas, cantos y bailes

ENTONCES, ¿DE QUIÉN ES EL JOROPO?

Después de seguir estas huellas, podemos separar lo comprobado de lo que todavía no podemos demostrar.

Venezuela posee, hasta donde hemos podido verificar, una documentación nominal del joropo considerablemente anterior a la colombiana. Colombia conserva desde mucho antes numerosas evidencias de un mundo musical llanero y llega en 1911 al testimonio inequívoco de Antonio José Restrepo: joropo y trovas “en San Martín, primero”.

De allí nuestra tesis:

EN COLOMBIA TARDAMOS EN ENCONTRAR ESCRITO EL NOMBRE, PERO ENCONTRAMOS MUCHO ANTES SU MUNDO CULTURAL.

Durante siglos, Casanare, Arauca, Meta, San Martín y Apure estuvieron comunicados. Por allí circularon personas, instrumentos, versos, maneras de tocar y formas de bailar.

La frontera política dividió el territorio.

La cultura llanera siguió atravesándolo.

Quizá algún día aparezca en una carta, un expediente o un periódico olvidado ese “joropo” colombiano anterior a 1911 que todavía no hemos encontrado.

Mientras tanto, no necesitamos inventarlo.

Colombia tiene una historia joropera antigua.

Venezuela también.

Por eso, más que buscar su origen exclusivo en uno u otro país, los documentos nos invitan a entender el joropo como hijo de una historia cultural compartida en la inmensa llanura.

Esto no le quita nada a Venezuela ni a Colombia.

Les devuelve a ambas una historia compartida.

LA INMENSA LLANURA QUE LAS UNE.

FUENTES ESENCIALES CONSULTADAS

Egberto Bermúdez, La música en las misiones jesuitas en los Llanos Orientales colombianos, 1725–1810 — documentación e inventarios relacionados con la actividad musical de las misiones.

José Cortés de Madariaga, testimonio de su recorrido de 1811 — actividad musical de los sálibas de Macuco.

Ramón Guerra Azuola, Apuntamientos de viaje — Macuco, 1855.

José María Vergara y Vergara, Historia de la literatura en Nueva Granada, 1867 — galerones de San Martín y Casanare.

José María Gutiérrez de Alba, Impresiones de un viaje a América, tomo V, 1871 — galerones, improvisación, instrumentos, canto y baile.

Nicolás Pardo, Correría de Bogotá al territorio de San Martín, 1875 — galerón observado en Villavicencio en 1874.

Pedro Fabo, Poesía popular de la región colombiana de Casanare, 1906, e Idiomas y etnografía de la región oriental de Colombia, 1911.

Antonio José Restrepo, La poesía popular en Colombia, 1911 — testimonio sobre joropo y trovas en San Martín.

José Eustasio Rivera, La vorágine, 1924 — referencias al joropo y al “llorao”.

Edgar Ricardo Lambuley Alférez — investigaciones sobre La Vaca, El Araguato, antiguas formaciones instrumentales, fabricación de arpas en Arauca y Cravo Norte y el arpa colombiana vinculada al aprendizaje de Ignacio “El Indio” Figueredo.

Fuentes biográficas sobre Ignacio “El Indio” Figueredo — aprendizaje infantil con un “arpa colombiana”.

Alejandro Wills — Galerón Llanero y El Voluntario; partituras, registros históricos y documentación fonográfica.

Registro fonográfico de Galerón Llanero, Alejandro Wills y Los Llaneros, 1938.

Carlos “Cuco” Rojas — investigaciones sobre la diversidad instrumental histórica del joropo y la posterior consolidación del conjunto llanero moderno.

Fuentes históricas y estudios sobre Arturo Lamuño y Luis Ariel Rey.

Fuentes documentales e investigaciones sobre José Guadalupe Salcedo Unda, los corridos guadalupanos y La Revolución del Llano.

Repositorios y obras de contraste: Archivo General de la Nación; Biblioteca Nacional de Colombia; Biblioteca Luis Ángel Arango–Banco de la República; Academia Colombiana de Hi

domingo, 13 de septiembre de 2026

EL BELLACO DE ACHAGUAS

 

‎José Horacio Rodríguez, cariñosamente apodado "El Bellaco", nació el 29 de octubre de 1938 en Guachara, hijo de Juan Laya y Leonor Rodríguez. Desde muy joven se entregó con devoción a las faenas del llano y al comercio. 

En uno de sus viajes hacia San Fernando conoció a Eustorgia Salinas en El Yagual, con quien formó un hogar bendecido con cinco hijos. Tras desempeñarse como ganadero en Capanaparo, se trasladó a la capital para trabajar fleteando mercancía en su camión. Posteriormente administró un autolavado en Guasdualito, demostrando siempre un espíritu trabajador, incansable y una firme visión para progresar.

‎Finalmente, fijó su residencia definitiva en Achaguas, integrándose al desarrollo local como un verdadero pionero. Construyó la primera cauchera del casco urbano en la calle Bolívar y fundó la distribuidora inicial de agua potable del pueblo. Además, impulsó el transporte de gasolina en tanques hacia El Yagual junto a su gran amigo Ramón Torres durante dos décadas. 

Su fe cristiana lo llevó a servir activamente en la Confraternidad de la Doctrina Cristiana del Santuario Nacional Jesús de Nazareth. Su bondad y arraigados valores familiares marcaron un rumbo ejemplar de honestidad, esfuerzo sostenido y profundo amor comunitario.

‎Con más de cincuenta años radicado en la emblemática Isla de Santa Bárbara, su impacto en la zona es innegable. Supo labrar a base de entrega un porvenir próspero para los suyos y un progreso tangible para toda la región llanera. Su espíritu solidario y su huella comercial continúan siendo un referente de superación y servicio para los habitantes del municipio. 

Hoy en día, sus paisanos afirman con genuino orgullo que este hombre de trabajo y fe es un hijo adoptivo plenamente achagüense, admirado por generaciones gracias al trabajo constante y al profundo afecto que regaló a su querida tierra.. DE ACHAGUAS TAMBIÉN ES ÉL...

‎DATOS.GENERADOS POR: DR LALI LAYA


COMO LA CAMISA DE CAQUITA

 


El popular Caquita. Nacido en Achaguas un veinte de junio de 1965, Jorge Luis Ojeda creció con el arrullo humilde de su madre, Virginia Ojeda Aguirre (Blanca Ojeda), y la guía sabia de su abuelo Almogenes. Siendo el tercero de seis hermanos, este muchacho de barrio aprendió desde muy joven el valor del esfuerzo cotidiano.

 Durante cinco años recorrió las calles de su poblado en una bicicleta cansada, vendiendo bolsas para ganarse el pan con honestidad. Con el tiempo, su camino lo llevó a ser funcionario del Consejo Nacional Electoral y, posteriormente, obrero en la Universidad Nacional Experimental Ezequiel Zamora, donde acumula dieciocho años de servicio.

En las aulas y pasillos universitarios, Jorge Luis se convirtió en el alma del lugar gracias a su personalidad alegre y carismática. Dichararachero nato y hombre de cuentos buenos, siempre tiene una historia a la mano para sacarle una sonrisa a quien se cruce en su marcha.

 Su andar desparpajado y su costumbre de llevar la vestimenta suelta inspiraron entre la gente una frase peculiar que cruzó fronteras regionales. Así nació la famosa sentencia popular:

 "Usted está como la camisa de Caquita".

Un dicho lleno de picardía que alude a su particular estilo de andar siempre relajado.

El refrán se convirtió en parte del folklore local para referirse a cualquiera que haya quedado excluido de un plan o reunión: 

"Te quedaste como la camisa de Caquita, que todo el tiempo anda por fuera".

 Entre el trabajo duro, las pedaleadas del pasado y la calidez del pueblo llanero, la vida de Jorge Luis demuestra cómo la sencillez urbana puede transformar un detalle cotidiano en tradición popular. Hoy, con la sonrisa intacta y la camisa libre al viento, sigue dejando huella en su amada Achaguas, siendo un referente de alegría, trabajo constante y autenticidad inolvidable. 

Fernando Magallanes agrega: "Exelente semblanza de nuestro amigo "CAQUITA", solo le agregaría el detalle del (Caquita bailarín), ya que Jorge Luis también era de los duros en las pistas de baile.

Imposible olvidar esos fines de semana de fiesta en el recordado "Aerobar", que no estaban completos sin él. De viernes a domingo no se pelaba una noche para menear el esqueleto hasta el amanecer al ritmo de un buen "raspa canilla", una buena salsa, un buen merengue y las bailables de Siso y su Orqesta, Labillos y Los Melodicos, acompañado siempre de las cervezas bien frías.

Así que la famosa frase tiene su doble historia: en esas jornadas de pura parranda achaguense, la famosa camisa de Caquita no solo andaba holgada y «por fuera», ¡sino que terminaba empapada y exprimida en sudor de tanto bailar 

¡Un personaje auténtico y patrimonio vivo de la alegría de nuestro pueblo! "

Tomado de la página DE ACHAGUAS TAMBIÉN SOY YO.


Origen de la advocación mariana de la Virgen de Coromoto en El Samán de Apure

 

——————

*Origen de la advocación mariana de la Virgen de Coromoto en El Samán de Apure, capital de la parroquia Mucuritas del municipio Achaguas del estado Apure.*

Autor: José Rafael Luna

El Samán de Apure, antes del año 1909 —según relata el Sr. Antonio J. Páez—, consistía apenas en unas seis casas que constituyeron el germen para asentar posteriormente un caserío y, más adelante, consolidarse como el pueblo que al día de hoy es capital de la parroquia Mucuritas del municipio Achaguas del estado Apure. En el año 1940 se construyó una iglesia de bahareque que era visitada por el padre Guillermo García, conocido como «El Pastor de los Llanos». Luego, en 1949, con motivo de las primeras fiestas patronales, los hermanos Guevara Hurtado mandaron a tallar en Caracas, en el taller La Inmaculada, la imagen de Nuestra Señora de Coromoto. 

Esta imagen fue bendecida el 2 de febrero de 1949 y donada a la iglesia de El Samán de Apure para ser venerada como patrona del municipio. Es importante destacar que, a diferencia de otras poblaciones de los llanos, El Samán de Apure no fue un pueblo fundado en la época colonial por misioneros capuchinos u otra orden religiosa; por esta razón, carece de un nombre hagiotoponímico (fórmula de bautizo que combinaba un elemento religioso y uno geográfico o indígena). Ejemplo de ello es el nombre del pueblo de Nuestra Señora del Carmen de Banco Largo, el cual combina la advocación mariana (santo titular o patrono al que se encomendaba la misión) y el topónimo indígena o geográfico (el nombre aborigen de la tribu asentada, del río o del paraje natural).

Quizás por esa razón, al carecer El Samán de Apure de un santo patrono o advocación mariana para su protección divina, los hermanos Guevara Hurtado decidieron donar la imagen de Nuestra Señora de Coromoto. Esta es la misma imagen que actualmente se encuentra en la capilla construida en 1966 sobre el terreno que perteneció a la Sra. Isabel Méndez, adquirido gracias a la colaboración del Dr. Mauro González Baptista, presidente de la Asamblea Legislativa del estado Apure, y de la Sra. María de Guevara. Por otra parte, actuaron como padrinos de este proyecto el Sr. Alfredo Hernández, la Sra. Carmen de Izquierdo, el Sr. Luis Ortiz y la Sra. María de Guevara, bajo la administración del vicario fray Aquilino de Villarejo.

En la iglesia, cerca del nicho de la Virgen, existe una placa que detalla algunas fechas inherentes a la imagen: allí se señala que «la imagen de nuestra Virgen de Coromoto fue donada el año de 1946», aunque Luis Ortiz, en su trabajo sobre la historia de El Samán de Apure, indica que fue bendecida el 2 de febrero de 1949 y donada a la iglesia para su veneración en esa misma fecha.

La donación fue efectuada por los hermanos Rafael Antonio Guevara Hurtado y José Ángel Guevara Hurtado. Ambos formaron parte del grupo de personas que asumieron la dirección de los acontecimientos en El Samán de Apure tras la muerte del general Juan Vicente Gómez en 1935, designando una brigada de orden y suspendiendo la venta de bebidas alcohólicas debido a las manifestaciones registradas. Además, Rafael Antonio Guevara fue el primer juez de El Samán de Apure y su hermano José Ángel ejerció como segundo presidente de la Junta Comunal.

La placa indica que la bendición de la imagen fue realizada en 1949 (fecha coincidente con la cita de Luis Ortiz) por el sacerdote Guillermo Emilio de Jesús García, y que fue nombrada oficialmente patrona de la parroquia Mucuritas el 11 de septiembre de 1998 por monseñor Mariano Parra Sandoval. Cabe recordar que el 8 de septiembre se conmemora el día de su aparición mariana en 1652, mientras que el 11 de septiembre se celebra su fiesta litúrgica principal, en recuerdo de su coronación canónica como Reina y Patrona de Venezuela. El nicho donde reposa actualmente fue construido en 2018; la bendición y entronización de la imagen la llevó a cabo el 31 de mayo de ese mismo año el presbítero José María Flores.

Como se observará, han transcurrido desde 1949 hasta este mes de septiembre de 2026 unos 77 años. La generosidad y la fe de los hermanos Guevara Hurtado legaron a El Samán de Apure una veneración mariana que, año tras año, continúa viva en el alma del pueblo.

Mucuritas, 11 de septiembre de 2026

*Fuente:*

1. De la parroquia Banco Largo, 1890, al municipio Mucuritas, 10 de Julio de 1937. “Orígenes del Saman”. Compilador: Luis Ortiz.

2. Antonio J. Páez B. Memorias. 03 de septiembre de 1972. Maracay, estado Aragua, Venezuela.

Ambas fuentes se encuentran ubicadas en la Biblioteca Pablo Botello de El Saman de Apure, parroquia Mucuritas, municipio Achaguas, estado Apure.

sábado, 12 de septiembre de 2026

DAVIANNY NAVARRO

 

Davianny Carolina Navarro Araujo es venezolana, de San Fernando de Apure, y escribe desde que tenía trece años.

En su casa escribir era lo más normal del mundo. Su mamá es profesora de literatura y fue la primera persona que le enseñó a redactar. Su tía es escritora. Su tío es compositor. Y su abuela, que ni siquiera llegó a sexto grado, fue la maestra de redacción de toda la familia.

También fue violinista hasta los diecinueve años, y eso todavía se le nota cuando escribe. Dice que es como hacer música: saber dónde va la pausa, dónde se separa un párrafo del otro, dónde poner el silencio para que la frase pegue.

Cuando le regalaron su primera computadora se la pasaba metida en una enciclopedia digital que traía dos secciones, una para niños y otra para adultos. Se leyó la de niños completa. Después, obviamente, se metió en la de adultos.

A los trece llegó al mundo de las fan pages. Venía de esa generación: tenía páginas de Justin Bieber, de Selena Gomez, de Demi Lovato. Escribía fanfics con amigas de México y Argentina que nunca había visto en persona. Diseñaba, moderaba, armaba comunidades enteras sin saber que quince años después eso se iba a llamar creación de contenido.

Hasta que hizo su propia página, por una razón muy simple: necesitaba dónde publicar lo que ella escribía.

La página se llamaba "W h a t e v e r", y el 22 de mayo de 2011 publicó ahí su primera novela: Black Mind.

Era muy romántica. Todavía lo es, para qué mentir. Creció escuchando historias de amor, viendo Cartas a Julieta, leyendo Orgullo y Prejuicio, imaginándose un mundo donde las chicas cosían sus vestidos de fiesta y jugaban con sus hermanas en el campo. Y todo eso lo escribía.

La página llegó a 75.000 seguidores, en una época donde la viralidad todavía no existía. Y menos en literatura. Ahí se juntaron chicos y chicas de toda Latinoamérica, algunos de su mismo San Fernando de Apure, que también escribían novelas, cuentos y frases sueltas.

Ella era la más chiquita del grupo y aun así era la que lo sostenía todo: moderaba, armaba concursos de escritura y le dejaba libertad creativa a los demás. Todavía conserva amigos de esa página.

Cuando llegó el momento de escoger carrera, le preguntó a su mamá qué carrera existía donde ella pudiera escribir todo el tiempo. Su mamá le dijo: comunicación social.

Se fue a estudiar a la ciudad de San Juan de los Morros a los dieciséis años. En la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos estuvo en un grupo de escritores que se llamaba Ágora Insomne.

En 2019, mientras todavía estudiaba, consiguió su primer trabajo remoto.

Y en marzo de 2020 hizo algo que, visto hoy, no tenía ningún sustento.

En una reunión de trabajo —de esas donde te preguntan qué hiciste esta semana— dijo en voz alta que había decidido ser redactora publicitaria.

Nadie reaccionó. A nadie le importó. Pero no lo dijo para que le importara a alguien: lo dijo para no poder echarse atrás. Ni siquiera sabía bien qué significaba eso. Era una corazonada, y ella la declaró.

El 3 de marzo de 2020 publicó su primer post en Instagram. Se llamaba "Estoy harta de no ser copywriter". Tuvo veinte likes.

Aprendió sola, con videos de YouTube, porque no tenía plata para pagar un curso.

Y como no tenía clientes, se los inventó. Buscaba productos que le gustaran —cursos de expertas que ni la conocían, marcas de maquillaje, de ropa— se metía a la página y escribía los textos como si el cliente fuera suyo. No se los mostraba a nadie. Tenía un amigo con experiencia que le decía si había quedado bien o qué tenía que mejorar.

También hizo intercambios. A unos chicos de Argentina que hacían invitaciones para bodas les escribió la página web completa. Ella ni se iba a casar. La invitación que le dieron a cambio se la regaló a una amiga.

Su primer cliente real llegó por Instagram, cuando ella tenía tres publicaciones y nada de trabajo que mostrar. La persona le escribió porque la redactora que tenía la había dejado mal y necesitaba una página urgente.

Ella dijo que sí.

Después vinieron diez meses trabajando sin producir una sola venta para sus clientes. Que en esta profesión es el peor dolor que existe: no es que a ella no le pagaran, es que ella no le estaba haciendo ganar dinero a nadie.

Nunca pensó en dejarlo, y por una razón muy concreta: veía que en España, Brasil y Estados Unidos el mercado ya estaba desarrollado y a otra gente le estaba funcionando. Si allá se podía, aquí también.

Mientras tanto le escribía a desconocidos. Redactores consagrados, en grupos de Facebook, pidiendo un consejo que para ellos era una tontería y para ella lo cambiaba todo. Su regla era simple: dejar la pena. No importa que te dejen en visto, porque si no escribes nunca vas a saber.

También armó un grupo de estudio con otras chicas. Se pasaban cursos, se pasaban libros, hacían Zooms.

A los diez meses le llegó el mensaje de un cliente: sus correos estaban vendiendo.

Lloró. Llamó a sus amigos y a su mamá. Y salió a cenar con ella a celebrar, porque significaba que tanto esfuerzo había valido la pena y que iba por buen camino.

La corazonada era acertada.

De ahí en adelante llegaron las agencias, los equipos y los proyectos grandes. Ha escrito para Maickel Melamed, Daniel Habif e Ismael Cala, entre otros expertos del mercado hispano.

En una agencia de lanzamientos llegó a dirigir el departamento de redacción y a formar equipos. Ahí le pusieron un apodo que todavía carga con orgullo: Hermione. Por la de Harry Potter. La sabelotodo. La que se mete a investigar hasta el fondo.

Escribe entre tres mil y cuatro mil palabras diarias. Todos los días. Desde hace seis años.

Y también aprendió que esta industria es dura. Una vez la sacaron de un lanzamiento a mitad de camino, y lo cuenta sin adornarlo: los lanzamientos pueden llegar a ser Goliat, y ella era David. No tenía la madurez para entender en lo que se estaba metiendo, y le tocó descubrir que la industria podía ser feroz.

Si le preguntas qué fue lo más difícil de todo, no dice la técnica. Dice cobrar lo que vale. La habilidad se aprende; lo que no se aprende en ningún curso es la audacia para abrirse camino y conseguir los contactos. Eso se construye leyendo mucho, teniendo referentes y obsesionándose con lograrlo.

Migró a Colombia en 2021, y lo dice con una mezcla de alivio y orgullo: es una migrante que nunca tuvo que hacer otra cosa que no fuera su oficio. Hoy vive en Bogotá.

Guarda las fotos de cuando se mudó. De cuando compró sus primeras vajillas. Del día que le entregaron las llaves.

Ha vuelto a Venezuela varias veces a ver a su familia, que para quien salió del país no es un detalle menor: sostenerse en otro país y además juntar lo del viaje.

Viene de una familia de clase baja. Su mamá fue madre soltera. Nunca tuvieron casa propia. Y sobre lo que cambió no se pone poética: mucha gente dice que la situación se puso dura en los últimos años, pero en su casa la situación siempre fue dura. Ahora se suavizó.

Hoy dirige Chicas Que Triunfan, su academia de redacción publicitaria para mujeres hispanohablantes.

Que sea solo para mujeres es completamente a propósito. Casi todo el mundo está construido para los hombres, dice, porque los que construyeron las cosas fueron hombres, o al menos así era antes. Ya hay un montón de libros, mentores y academias con el enfoque masculino de los negocios. Pero las mujeres tienen otra sensibilidad y otra forma de decidir: ella, soltera y con veintiocho años, toma decisiones pensando en su versión casada y con hijos, y en cómo eso le va a afectar el tiempo y la productividad. La mayoría de los hombres solteros de veintiocho no piensa en eso. Y por eso hacen falta espacios creados por mujeres para mujeres.

Sus alumnas ya están generando sus propios ingresos escribiendo.

Pero cuando le piden un ejemplo, no habla de dinero. Habla de una amiga suya que estaba en un trabajo tóxico y mal pagado, sin fines de semana. Entró a la academia y, a la semana, Davianny necesitaba a alguien que la asistiera. La llamó. Pasó todas las pruebas. Hace poco le subieron el sueldo, porque es muy buena.

Lo que cambió no fue el sueldo. Es que ahora tiene sus fines de semana. Puede ir al médico sin pedir permiso. Puede acompañar a su mamá o a su papá a una cita sin tener que pedir el día. Y aun así llega a su casa y trabaja. Y si quisiera viajar, viajaría.

Eso es lo que ella quiere transmitirle a una mujer. No el dinero: lo que este formato de trabajo te permite hacer.

Y hay algo que encontró luego de migrar. Lleva casi tres años con su fe en Dios en el centro de todo, y lo pone por encima de cualquier logro. Sabe lo que es vivir sin la presencia de Dios, y cambiaría sus primeros veinticinco años por un solo día de su vida hoy. Porque los logros bonitos no tienen sentido si en la noche vives con ansiedad o sientes que algo te falta. Tienen sentido cuando llega una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Al final, es la misma historia de siempre. Una muchacha de Apure que se metió en una computadora a escribir, armó una comunidad alrededor de eso, y quince años después sigue haciendo exactamente lo mismo: escribir, y juntar gente que quiere escribir.

Ahora, hace lo mismo profesionalmente, para cambiar la historia de su propia familia y la de sus estudiantes.

Fuente directa: Davianny Navarro 

https://youtu.be/z7t41KpFn1A?si=rKgnxwsJhZG5WZfU

jueves, 27 de agosto de 2026

PARQUE DE FERIAS GRAL. JOSÉ ANTONIO PÁEZ


El Parque de Ferias General José Antonio Páez de San Fernando de Apure es un importante complejo ferial, cultural y recreativo ubicado al oeste de la ciudad, en la Av. Intercomunal. Está construido sobre un lote de Terreno, donado por la Asociación de Ganaderos del Estado Apure, en el año 1964, su construcción se ubica en el año 1965 y es inaugurado en Marzo del año 1966, bajo la administración de Don Ricardo Montilla, Gobernador del Estado Apure.. 

Su nombre rinde homenaje al prócer de la independencia venezolana y caudillo llanero, el General José Antonio Páez, héroe de la región. .Está Situado en San Fernando de Apure, estado Apure, en la Avenida Intercomunal al lado de la Manga de Coleo "Vuelvan Caras"

El Parque inicia sus actividades con la siguiente estructura: Sede de la asociación de Gaseros del Estado Apure, 3 Pabellones de exposición, 3 corrales de exposición ganadera, 1 tribuna para espectáculos, 1 laguna artificial, 2 módulos de baños. posteriormente se le anexa, la edificación del preescolar, la sede de Protección Civil, 2 corrales de exposición ganadera, cancha múltiple, sede de CDI, local destinado para restaurante, otras tres edificaciones que fungen como sede de instituciones publica, lo último que se construye en el parque es Un Caney que sirve para la realización de actividades culturales de la Fundación Alma Llanera.

El Parque de Ferias ha sido escenario durante 60 años de las Ferias y Fiestas del Alma Llanera y sus actividades, cabe destacar que en el año 1978 se instala por primera vez la Plaza de Toros movible, hoy día ha sido escenario de la Feria Bufalina y de una constante actividad cultural, recreativa y deportiva ejecutadas por la Fundación Alma Llanera, quie es la responsable de la actividad cultural de la Alcaldía del Municipio San Fernando.

La última reabilitacion del Parque de Ferias, fue ejecutada el año 2025, por el Alcalde, Licdo, Lisandro Solorzano, en la actualidad este recinto se encuentra operativo y es custodiado y administrado por la Fundación Alma Llanera. Cabe destacar que el Parque Ferial "Gral. José Antonio Páez" fue nombrado Patrimonio de Interés Cultural, en el año 2005 por el Instituto de Patrimonio Cultural, mediante Providencia Administrativa y le asigna como Organismo Custodio a la Alcaldía del Municipio San Fernando.

Aporte del: Dr. Ivan Dario Pérez Castillo 

Cultor e Investigador Apureño.

Agosto 27. De 2026.

miércoles, 26 de agosto de 2026

EPÓNIMOS DE CUNAVICHE


 

En el transcurso de la historia, el pueblo de Cunaviche ha tenido dos epónimos. Primeramente fue nombrado San José de Leonisa y luego San Miguel. En ambos casos se mantuvo el término «Cunaviche», que es el topónimo originario del río y de la región.

*San José de Leonisa*

José Joaquín de Soto escribe que «la iglesia de dicho pueblo está dedicada a San José de Leonisa; su fábrica hace figura de tres naves distinguidas con algunas columnas de madera; las paredes son de bajareque doble, y el techo de varas y cañas cubierto de palma; es de mediana capacidad y, aunque nuevo, no ofrece mucha duración. Tiene un pórtico y sacristía de semejantes materiales, y un solo altar en que está colocada la imagen del Santo Titular».

San José de Leonisa, el primer patrón de Cunaviche, era sacerdote de la Primera Orden (1556-1612), canonizado por Benedicto XIV el 29 de junio de 1746.

Nació el 8 de enero de 1556 en Leonissa, cerca de Rieti. Hijo de Giovanni Desideri y Francesca Paolini, fue bautizado con el nombre de Eufronio. A los dieciséis años ingresó entre los Hermanos Menores Capuchinos, hizo el noviciado cerca de Asís, en el pequeño convento de Carcerelle, y tomó el nombre de José. Se entregó a duras penitencias y rigores para con el «hermano asno». En 1581 fue ordenado sacerdote y destinado a la predicación. Enviado con otros dos cohermanos a Constantinopla en 1587 a fundar una misión, se preocupó por la liberación de los cristianos esclavos, a quienes sostuvo en la fe, y devolvió la fe a un obispo apóstata. Por su afán de predicar al sultán Mustafá III, fue hecho prisionero, golpeado y suspendido de un madero bajo el cual ardía un fuego lento. Tres días duró pendiente de un gancho en una mano y de otro en un pie. A pesar de ello, no murió y las heridas se curaron milagrosamente. El sultán, admirado por lo sucedido, le conmutó la pena por destierro perpetuo. En Constantinopla, san José realizó un gesto propio de un loco: intentó entrar en el palacio a predicar al sultán. Apresado por los guardias, se le juzgó como reo de lesa majestad.

A su regreso a Italia siguió predicando en su propia tierra, con resultados consoladores: conversiones y pacificación por todas partes. Promovió también obras de asistencia social como los Montes de Piedad o Frumentarios, hospitales y otras obras de beneficencia. A los 56 años de edad le diagnosticaron un tumor del cual ya no se repuso. Se preparó tranquilamente para recibir a la hermana muerte, cuya cercanía adivinaba. Murió el 4 de febrero de 1612.

Se cuenta que fray Juan de Málaga, en la inmediación del río Cunaviche —que pasa a distancia de unas veinticinco varas de la iglesia—, fundó el 23 de abril de 1767 la misión con el nombre de este santo capuchino.

*San Miguel*

El 27 de mayo de 1811, cuando fueron elevadas a la categoría de parroquia San Fernando de Apure y Santa Bárbara de Achaguas, todavía se mencionaba al pueblo de misión de Cunaviche con el nombre «de San José de Leonisa».

El 12 de octubre del año 1812, en un documento inédito suscrito por el párroco misionero de Achaguas, fray José Caviedez, se lee que «algunos pueblos de esta comarca del Apure aún no han sido elevados a parroquias civiles ni eclesiásticas. Entre estos se cuentan: Rincón Hondo, San Miguel de Cunaviche, Banco Largo y San Juan de Payara».

Por esto podemos decir que este pueblo pasó a llamarse San Miguel de Cunaviche en el año de 1812.

San Miguel Arcángel, cuyo nombre —mencionado cinco veces en la Biblia— deriva de la expresión «Mi-ka-El», es decir, «¿quién es como Dios?» (cf. Daniel 10, 13), es conocido en el mundo católico como el «príncipe de los espíritus celestiales», el vencedor del dragón (el demonio), al cual arroja al abismo incandescente. También se le señala como el salvador de Moisés, a quien el demonio quería llevarse al infierno porque habría quitado la vida a numerosos egipcios. La fiesta de san Miguel Arcángel se celebra el 29 de septiembre y también el 8 de mayo, por su aparición en el Monte Gargano, en Italia, ocurrida alrededor del año 492.

La tradición de los cunavicheros sostiene que la antigua imagen de san Miguel Arcángel pertenecía a La Urbana, una población del municipio Cedeño en el estado Bolívar. Debido a la constante navegación por el río Orinoco y el comercio con Ciudad Bolívar, la imagen habría sido trasladada formalmente para una conmemoración y jamás fue devuelta.

*OBRAS CONSULTADAS:*

Obispo Mariano Martí. Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771-1784). Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1969. Tomo II.

Oldman Botello. Cunaviche: Apuntes para su historia. Alcaldía del municipio Pedro Camejo, San Juan de Payara, 1998.

P. Buenaventura de Carrocera. Misión de los capuchinos en los llanos de Caracas. Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1972. Tomo III.


➖➖➖➖➖➖➖

Licdo. Manuel Ortega López  

Cronista Oficial del municipio Pedro Camejo del estado Apure  

cronistadepedrocamejo@gmail.com

 

miércoles, 8 de julio de 2026

LOS HATOS PERDIDOS DE ARAUCA (HATO VIEJO)


Hato Viejo: una tradición ganadera que aún permanece en la memoria de los araucanos

Entre los hatos que dejaron una profunda huella en la historia ganadera de Arauca se encuentra Hato Viejo, una fundación que durante generaciones fue ampliamente conocida en las sabanas araucanas.

Según relata Ernesto Camejo en su obra Breves Apuntaciones sobre Arauca (1933), Hato Viejo fue fundado por Abelardo Rodríguez y Nicolás Tablante. Tras el fallecimiento de este último, sus hijos trasladaron los ganados hacia Venezuela, mientras que don Abelardo Rodríguez continuó fortaleciendo el hato.

Con el paso de los años, don Abelardo distribuyó la propiedad entre sus hijos. La posesión principal quedó en manos de Torcuato Rodríguez, quien posteriormente la vendió a Salomón Castellanos, propietario del hato para la época en que Ernesto Camejo escribió su obra.

Décadas después, Hato Viejo continuó siendo uno de los fundos ganaderos más reconocidos de las sabanas araucanas. Entre sus últimos propietarios se recuerdan con especial aprecio a don Ignacio Castellanos y doña Betulia Puerta, dos personas distinguidas por su calidad humana, su espíritu de servicio y su permanente disposición para ayudar a quienes los necesitaban.

Quienes tuvieron la oportunidad de conocerlos los recuerdan como personas respetuosas, amables y profundamente comprometidas con su comunidad, cualidades que les permitieron ganarse el cariño, el respeto y la admiración de los habitantes de Arauca.

Hoy, Hato Viejo sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva de los llaneros, no solo por su importancia dentro de la historia ganadera de la región, sino también por el legado de las familias que contribuyeron a su desarrollo y al fortalecimiento de los valores que han caracterizado al campo araucano.

📖 Fuente histórica: Breves Apuntaciones sobre Arauca.

✍️ Ernesto Camejo, 1933.

📝 Recopilación e investigación: Ramón Odilio Gutiérrez Ostos.


sábado, 4 de julio de 2026

EL LUTO EN EL LLANO


 Cuando una viuda botaba el luto, todo el vecindario lo sabía

Hubo una época en los Llanos en que el luto no era simplemente vestirse de negro. Era un compromiso con la memoria del ser amado, una demostración pública de respeto y una forma de decirle al pueblo entero cuánto había significado aquel hombre en la vida de su esposa. Bastaba ver a una mujer vestida completamente de negro para que cualquiera entendiera que llevaba un profundo dolor en el corazón. Nadie necesitaba hacer preguntas. El luto hablaba por ella.

Cuando moría el dueño del fundo, la viuda acostumbraba vestir de negro de pies a cabeza. Si usaba falda, era negra; si prefería pantalón, también era negro. La blusa, el vestido, el pañuelo y hasta muchos de sus accesorios seguían el mismo color. En algunos casos también se acostumbraba vestir completamente de blanco, aunque el negro era considerado la expresión más profunda del duelo. Mientras más tiempo permaneciera la viuda de luto, más comentaba la gente que realmente había amado a su marido. Un año y medio o dos años era lo menos que muchos consideraban prudente, pero hubo mujeres que guardaron luto durante tres, cuatro y hasta cinco años.

En aquellos tiempos el vecindario observaba cada detalle. Si una viuda abandonaba el luto antes de cumplir el primer año, no faltaban los comentarios. Si la madre del difunto aún vivía, o sus hermanos y demás familiares, era común escuchar frases como: "Yo sabía que no quería a mi hijo", o "Era puro interés; todavía no ha pasado el año y ya dejó el luto". Eran juicios duros, nacidos de una época en la que el amor también se medía por las apariencias y por el respeto hacia las costumbres.

Con el paso del tiempo comenzaba lo que muchos llamaban el medio luto. Era cuando la viuda empezaba a combinar prendas negras con blancas. Una blusa blanca con falda negra, o una blusa negra con pantalón blanco. Aquello era suficiente para que el comentario recorriera el vecindario: "Parece que la viuda ya quiere botar el luto". No era una decisión tomada de un día para otro; era un cambio lento, casi silencioso, que todos observaban.

Los parrandos sabaneros eran otra prueba para la viuda. Si asistía, la gente no le quitaba los ojos de encima. Podía llegar acompañada de una cuñada, de la suegra o de algún familiar cercano, pero procuraba mantenerse discreta. Muchas iban, conversaban con los vecinos, saludaban a los conocidos, pero no tomaban licor ni aceptaban una sola pieza de baile. Al día siguiente el comentario era casi el mismo en todas las casas: "La viuda estuvo en el parrando... pero no bailó. Sigue de luto guardándole respeto al difunto".

Sin embargo, llegaba el día en que todo cambiaba.

Bastaba un baile para que el pueblo entero amaneciera hablando de lo mismo. "¡La viuda botó el luto!". Aquellas cuatro palabras recorrían caminos, esteros y hatos con una rapidez increíble. Y enseguida aparecían las preguntas: "¿Con quién bailó?", "Dicen que anda enamorada del hijo de don Eustorgio", "¿Será cierto que ya tiene pretendiente?". Así funcionaban los pueblos: las noticias caminaban más ligero que un caballo bueno.

Con esos comentarios también aparecían los temores de la familia del difunto. Más de una madre decía con preocupación: "Ahora sí se le va a acabar el capital a mi hijo". Pensaban en las reses, los caballos, el fundo, las cercas y todo lo que había costado años levantar. Temían que un nuevo marido desperdiciara el patrimonio familiar. Pero la vida demostraba muchas veces lo contrario. Hubo hombres trabajadores, responsables y honrados que no solo conservaron aquellas propiedades, sino que las hicieron crecer. Con el tiempo terminaron ganándose el cariño y el respeto de quienes al principio los miraban con desconfianza.

Mientras permanecía viuda, aquella mujer ocupaba un lugar especial dentro de la comunidad. Su comportamiento era observado con atención. Se esperaba de ella prudencia, respeto y una conducta acorde con las costumbres de la época. Era frecuente verla visitar el cementerio para llevar flores y orar por el descanso de su esposo. Alrededor de esas visitas también surgieron numerosas creencias populares y rituales transmitidos de generación en generación. Algunas personas aseguraban que ciertas viudas dejaban objetos personales sobre la tumba o realizaban actos simbólicos con la esperanza de mantener vivo el vínculo con quien había partido. Eran creencias propias del imaginario popular llanero, no prácticas generalizadas ni costumbres compartidas por todas las familias.

Hoy muchas de aquellas tradiciones han desaparecido. La sociedad cambió, las costumbres evolucionaron y cada persona vive el duelo de manera distinta. Sin embargo, recordar estas historias permite comprender cómo pensaban nuestros mayores y la importancia que daban al honor, al respeto y a la memoria de quienes ya no estaban.

Porque en el Llano de antes, el luto no se medía únicamente por el color de la ropa. Se medía por los silencios, por la paciencia, por las renuncias y por el respeto que una viuda guardaba hacia el hombre con quien había compartido la vida. Y cuando finalmente decidía volver a sonreír, aceptar un baile o abrir de nuevo su corazón, no solo cambiaba su destino... también comenzaba una nueva historia que, como casi todas en los pueblos llaneros, terminaba siendo conocida por todo el vecindario.

¿Conocía el verdadero significado del luto en el Llano de antes?

¿En su familia hubo alguna viuda que guardó luto durante varios años?

¿Cree que esas costumbres debieron conservarse o era mejor que cambiaran con el tiempo?

Fuente: Revista Cultural Atardecer Llanero 

viernes, 3 de julio de 2026

SEGUNDO ROJAS GARRIDO


 Crónica gráfica 

Don Segundo Rojas Garrido 


Con ese afecto que muchas veces guardamos en el recuerdo y que también profesamos haciéndonos eco de una amistad nacida en el seno familiar. Desde que tengo uso de razón conozco al licenciado Segundo Rojas Garrido, quien nació en Palmarito, estado Apure, hermosa y pintoresca población llanera, de un clima tropical y cálido. Ubicada en el municipio Páez, perteneciente a la región del Alto Apure, pero desde muy pequeño, cómo muchas familias apureñas los Rojas Garrido, se establecieron en Barinas, tal vez buscando un mejor lugar donde los hermanos Rojas Garrido estudiaran y buscarán hacerse profesionales. 

Creo que eso ocurrió con Segundo Rojas, quien luego se fue a Mérida, la estudiantil ciudad de Los Andes, donde se licenció en Laboratorista, el primero o uno de los primeros con que contó Barinas, quien se encargó en una ciudad casi rural y cundida de enfermedades, en recolectar, preparar y procesar muestras (biológicas, químicas o de materiales) realizando los análisis fundamentales para el diagnóstico clínico necesario y contribuir con la salud pública de la región llanera. 

Ha desempeñado una vida pública muy activa, en lo político, social y cultural de Barinas, es un cronista oficioso, fue Secretario general de gobierno y gobernador encargado del estado Barinas, escritor, poeta y memorialista, un promotor cultural por excelencia y un gran cultor de la amistad. 

Vaya para don Segundo Rojas Garrido mi sincero afecto, respeto y admiración, quien ya transita los noventa años, vividos con dignidad y una meritoria entrega a sus principios de honestidad y servicios por esta tierra barinesa.


Alberto Pérez Larrarte 

Cronista de Barinas 

Presidente de Ancov 

Viernes, 3 jul 2026

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Blogger Templates