REDES SOCIALES

domingo, 13 de septiembre de 2026

EL BELLACO DE ACHAGUAS

 

‎José Horacio Rodríguez, cariñosamente apodado "El Bellaco", nació el 29 de octubre de 1938 en Guachara, hijo de Juan Laya y Leonor Rodríguez. Desde muy joven se entregó con devoción a las faenas del llano y al comercio. 

En uno de sus viajes hacia San Fernando conoció a Eustorgia Salinas en El Yagual, con quien formó un hogar bendecido con cinco hijos. Tras desempeñarse como ganadero en Capanaparo, se trasladó a la capital para trabajar fleteando mercancía en su camión. Posteriormente administró un autolavado en Guasdualito, demostrando siempre un espíritu trabajador, incansable y una firme visión para progresar.

‎Finalmente, fijó su residencia definitiva en Achaguas, integrándose al desarrollo local como un verdadero pionero. Construyó la primera cauchera del casco urbano en la calle Bolívar y fundó la distribuidora inicial de agua potable del pueblo. Además, impulsó el transporte de gasolina en tanques hacia El Yagual junto a su gran amigo Ramón Torres durante dos décadas. 

Su fe cristiana lo llevó a servir activamente en la Confraternidad de la Doctrina Cristiana del Santuario Nacional Jesús de Nazareth. Su bondad y arraigados valores familiares marcaron un rumbo ejemplar de honestidad, esfuerzo sostenido y profundo amor comunitario.

‎Con más de cincuenta años radicado en la emblemática Isla de Santa Bárbara, su impacto en la zona es innegable. Supo labrar a base de entrega un porvenir próspero para los suyos y un progreso tangible para toda la región llanera. Su espíritu solidario y su huella comercial continúan siendo un referente de superación y servicio para los habitantes del municipio. 

Hoy en día, sus paisanos afirman con genuino orgullo que este hombre de trabajo y fe es un hijo adoptivo plenamente achagüense, admirado por generaciones gracias al trabajo constante y al profundo afecto que regaló a su querida tierra.. DE ACHAGUAS TAMBIÉN ES ÉL...

‎DATOS.GENERADOS POR: DR LALI LAYA


COMO LA CAMISA DE CAQUITA

 


El popular Caquita. Nacido en Achaguas un veinte de junio de 1965, Jorge Luis Ojeda creció con el arrullo humilde de su madre, Virginia Ojeda Aguirre (Blanca Ojeda), y la guía sabia de su abuelo Almogenes. Siendo el tercero de seis hermanos, este muchacho de barrio aprendió desde muy joven el valor del esfuerzo cotidiano.

 Durante cinco años recorrió las calles de su poblado en una bicicleta cansada, vendiendo bolsas para ganarse el pan con honestidad. Con el tiempo, su camino lo llevó a ser funcionario del Consejo Nacional Electoral y, posteriormente, obrero en la Universidad Nacional Experimental Ezequiel Zamora, donde acumula dieciocho años de servicio.

En las aulas y pasillos universitarios, Jorge Luis se convirtió en el alma del lugar gracias a su personalidad alegre y carismática. Dichararachero nato y hombre de cuentos buenos, siempre tiene una historia a la mano para sacarle una sonrisa a quien se cruce en su marcha.

 Su andar desparpajado y su costumbre de llevar la vestimenta suelta inspiraron entre la gente una frase peculiar que cruzó fronteras regionales. Así nació la famosa sentencia popular:

 "Usted está como la camisa de Caquita".

Un dicho lleno de picardía que alude a su particular estilo de andar siempre relajado.

El refrán se convirtió en parte del folklore local para referirse a cualquiera que haya quedado excluido de un plan o reunión: 

"Te quedaste como la camisa de Caquita, que todo el tiempo anda por fuera".

 Entre el trabajo duro, las pedaleadas del pasado y la calidez del pueblo llanero, la vida de Jorge Luis demuestra cómo la sencillez urbana puede transformar un detalle cotidiano en tradición popular. Hoy, con la sonrisa intacta y la camisa libre al viento, sigue dejando huella en su amada Achaguas, siendo un referente de alegría, trabajo constante y autenticidad inolvidable. 

Fernando Magallanes agrega: "Exelente semblanza de nuestro amigo "CAQUITA", solo le agregaría el detalle del (Caquita bailarín), ya que Jorge Luis también era de los duros en las pistas de baile.

Imposible olvidar esos fines de semana de fiesta en el recordado "Aerobar", que no estaban completos sin él. De viernes a domingo no se pelaba una noche para menear el esqueleto hasta el amanecer al ritmo de un buen "raspa canilla", una buena salsa, un buen merengue y las bailables de Siso y su Orqesta, Labillos y Los Melodicos, acompañado siempre de las cervezas bien frías.

Así que la famosa frase tiene su doble historia: en esas jornadas de pura parranda achaguense, la famosa camisa de Caquita no solo andaba holgada y «por fuera», ¡sino que terminaba empapada y exprimida en sudor de tanto bailar 

¡Un personaje auténtico y patrimonio vivo de la alegría de nuestro pueblo! "

Tomado de la página DE ACHAGUAS TAMBIÉN SOY YO.


Origen de la advocación mariana de la Virgen de Coromoto en El Samán de Apure

 

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*Origen de la advocación mariana de la Virgen de Coromoto en El Samán de Apure, capital de la parroquia Mucuritas del municipio Achaguas del estado Apure.*

Autor: José Rafael Luna

El Samán de Apure, antes del año 1909 —según relata el Sr. Antonio J. Páez—, consistía apenas en unas seis casas que constituyeron el germen para asentar posteriormente un caserío y, más adelante, consolidarse como el pueblo que al día de hoy es capital de la parroquia Mucuritas del municipio Achaguas del estado Apure. En el año 1940 se construyó una iglesia de bahareque que era visitada por el padre Guillermo García, conocido como «El Pastor de los Llanos». Luego, en 1949, con motivo de las primeras fiestas patronales, los hermanos Guevara Hurtado mandaron a tallar en Caracas, en el taller La Inmaculada, la imagen de Nuestra Señora de Coromoto. 

Esta imagen fue bendecida el 2 de febrero de 1949 y donada a la iglesia de El Samán de Apure para ser venerada como patrona del municipio. Es importante destacar que, a diferencia de otras poblaciones de los llanos, El Samán de Apure no fue un pueblo fundado en la época colonial por misioneros capuchinos u otra orden religiosa; por esta razón, carece de un nombre hagiotoponímico (fórmula de bautizo que combinaba un elemento religioso y uno geográfico o indígena). Ejemplo de ello es el nombre del pueblo de Nuestra Señora del Carmen de Banco Largo, el cual combina la advocación mariana (santo titular o patrono al que se encomendaba la misión) y el topónimo indígena o geográfico (el nombre aborigen de la tribu asentada, del río o del paraje natural).

Quizás por esa razón, al carecer El Samán de Apure de un santo patrono o advocación mariana para su protección divina, los hermanos Guevara Hurtado decidieron donar la imagen de Nuestra Señora de Coromoto. Esta es la misma imagen que actualmente se encuentra en la capilla construida en 1966 sobre el terreno que perteneció a la Sra. Isabel Méndez, adquirido gracias a la colaboración del Dr. Mauro González Baptista, presidente de la Asamblea Legislativa del estado Apure, y de la Sra. María de Guevara. Por otra parte, actuaron como padrinos de este proyecto el Sr. Alfredo Hernández, la Sra. Carmen de Izquierdo, el Sr. Luis Ortiz y la Sra. María de Guevara, bajo la administración del vicario fray Aquilino de Villarejo.

En la iglesia, cerca del nicho de la Virgen, existe una placa que detalla algunas fechas inherentes a la imagen: allí se señala que «la imagen de nuestra Virgen de Coromoto fue donada el año de 1946», aunque Luis Ortiz, en su trabajo sobre la historia de El Samán de Apure, indica que fue bendecida el 2 de febrero de 1949 y donada a la iglesia para su veneración en esa misma fecha.

La donación fue efectuada por los hermanos Rafael Antonio Guevara Hurtado y José Ángel Guevara Hurtado. Ambos formaron parte del grupo de personas que asumieron la dirección de los acontecimientos en El Samán de Apure tras la muerte del general Juan Vicente Gómez en 1935, designando una brigada de orden y suspendiendo la venta de bebidas alcohólicas debido a las manifestaciones registradas. Además, Rafael Antonio Guevara fue el primer juez de El Samán de Apure y su hermano José Ángel ejerció como segundo presidente de la Junta Comunal.

La placa indica que la bendición de la imagen fue realizada en 1949 (fecha coincidente con la cita de Luis Ortiz) por el sacerdote Guillermo Emilio de Jesús García, y que fue nombrada oficialmente patrona de la parroquia Mucuritas el 11 de septiembre de 1998 por monseñor Mariano Parra Sandoval. Cabe recordar que el 8 de septiembre se conmemora el día de su aparición mariana en 1652, mientras que el 11 de septiembre se celebra su fiesta litúrgica principal, en recuerdo de su coronación canónica como Reina y Patrona de Venezuela. El nicho donde reposa actualmente fue construido en 2018; la bendición y entronización de la imagen la llevó a cabo el 31 de mayo de ese mismo año el presbítero José María Flores.

Como se observará, han transcurrido desde 1949 hasta este mes de septiembre de 2026 unos 77 años. La generosidad y la fe de los hermanos Guevara Hurtado legaron a El Samán de Apure una veneración mariana que, año tras año, continúa viva en el alma del pueblo.

Mucuritas, 11 de septiembre de 2026

*Fuente:*

1. De la parroquia Banco Largo, 1890, al municipio Mucuritas, 10 de Julio de 1937. “Orígenes del Saman”. Compilador: Luis Ortiz.

2. Antonio J. Páez B. Memorias. 03 de septiembre de 1972. Maracay, estado Aragua, Venezuela.

Ambas fuentes se encuentran ubicadas en la Biblioteca Pablo Botello de El Saman de Apure, parroquia Mucuritas, municipio Achaguas, estado Apure.

sábado, 12 de septiembre de 2026

DAVIANNY NAVARRO

 

Davianny Carolina Navarro Araujo es venezolana, de San Fernando de Apure, y escribe desde que tenía trece años.

En su casa escribir era lo más normal del mundo. Su mamá es profesora de literatura y fue la primera persona que le enseñó a redactar. Su tía es escritora. Su tío es compositor. Y su abuela, que ni siquiera llegó a sexto grado, fue la maestra de redacción de toda la familia.

También fue violinista hasta los diecinueve años, y eso todavía se le nota cuando escribe. Dice que es como hacer música: saber dónde va la pausa, dónde se separa un párrafo del otro, dónde poner el silencio para que la frase pegue.

Cuando le regalaron su primera computadora se la pasaba metida en una enciclopedia digital que traía dos secciones, una para niños y otra para adultos. Se leyó la de niños completa. Después, obviamente, se metió en la de adultos.

A los trece llegó al mundo de las fan pages. Venía de esa generación: tenía páginas de Justin Bieber, de Selena Gomez, de Demi Lovato. Escribía fanfics con amigas de México y Argentina que nunca había visto en persona. Diseñaba, moderaba, armaba comunidades enteras sin saber que quince años después eso se iba a llamar creación de contenido.

Hasta que hizo su propia página, por una razón muy simple: necesitaba dónde publicar lo que ella escribía.

La página se llamaba "W h a t e v e r", y el 22 de mayo de 2011 publicó ahí su primera novela: Black Mind.

Era muy romántica. Todavía lo es, para qué mentir. Creció escuchando historias de amor, viendo Cartas a Julieta, leyendo Orgullo y Prejuicio, imaginándose un mundo donde las chicas cosían sus vestidos de fiesta y jugaban con sus hermanas en el campo. Y todo eso lo escribía.

La página llegó a 75.000 seguidores, en una época donde la viralidad todavía no existía. Y menos en literatura. Ahí se juntaron chicos y chicas de toda Latinoamérica, algunos de su mismo San Fernando de Apure, que también escribían novelas, cuentos y frases sueltas.

Ella era la más chiquita del grupo y aun así era la que lo sostenía todo: moderaba, armaba concursos de escritura y le dejaba libertad creativa a los demás. Todavía conserva amigos de esa página.

Cuando llegó el momento de escoger carrera, le preguntó a su mamá qué carrera existía donde ella pudiera escribir todo el tiempo. Su mamá le dijo: comunicación social.

Se fue a estudiar a la ciudad de San Juan de los Morros a los dieciséis años. En la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos estuvo en un grupo de escritores que se llamaba Ágora Insomne.

En 2019, mientras todavía estudiaba, consiguió su primer trabajo remoto.

Y en marzo de 2020 hizo algo que, visto hoy, no tenía ningún sustento.

En una reunión de trabajo —de esas donde te preguntan qué hiciste esta semana— dijo en voz alta que había decidido ser redactora publicitaria.

Nadie reaccionó. A nadie le importó. Pero no lo dijo para que le importara a alguien: lo dijo para no poder echarse atrás. Ni siquiera sabía bien qué significaba eso. Era una corazonada, y ella la declaró.

El 3 de marzo de 2020 publicó su primer post en Instagram. Se llamaba "Estoy harta de no ser copywriter". Tuvo veinte likes.

Aprendió sola, con videos de YouTube, porque no tenía plata para pagar un curso.

Y como no tenía clientes, se los inventó. Buscaba productos que le gustaran —cursos de expertas que ni la conocían, marcas de maquillaje, de ropa— se metía a la página y escribía los textos como si el cliente fuera suyo. No se los mostraba a nadie. Tenía un amigo con experiencia que le decía si había quedado bien o qué tenía que mejorar.

También hizo intercambios. A unos chicos de Argentina que hacían invitaciones para bodas les escribió la página web completa. Ella ni se iba a casar. La invitación que le dieron a cambio se la regaló a una amiga.

Su primer cliente real llegó por Instagram, cuando ella tenía tres publicaciones y nada de trabajo que mostrar. La persona le escribió porque la redactora que tenía la había dejado mal y necesitaba una página urgente.

Ella dijo que sí.

Después vinieron diez meses trabajando sin producir una sola venta para sus clientes. Que en esta profesión es el peor dolor que existe: no es que a ella no le pagaran, es que ella no le estaba haciendo ganar dinero a nadie.

Nunca pensó en dejarlo, y por una razón muy concreta: veía que en España, Brasil y Estados Unidos el mercado ya estaba desarrollado y a otra gente le estaba funcionando. Si allá se podía, aquí también.

Mientras tanto le escribía a desconocidos. Redactores consagrados, en grupos de Facebook, pidiendo un consejo que para ellos era una tontería y para ella lo cambiaba todo. Su regla era simple: dejar la pena. No importa que te dejen en visto, porque si no escribes nunca vas a saber.

También armó un grupo de estudio con otras chicas. Se pasaban cursos, se pasaban libros, hacían Zooms.

A los diez meses le llegó el mensaje de un cliente: sus correos estaban vendiendo.

Lloró. Llamó a sus amigos y a su mamá. Y salió a cenar con ella a celebrar, porque significaba que tanto esfuerzo había valido la pena y que iba por buen camino.

La corazonada era acertada.

De ahí en adelante llegaron las agencias, los equipos y los proyectos grandes. Ha escrito para Maickel Melamed, Daniel Habif e Ismael Cala, entre otros expertos del mercado hispano.

En una agencia de lanzamientos llegó a dirigir el departamento de redacción y a formar equipos. Ahí le pusieron un apodo que todavía carga con orgullo: Hermione. Por la de Harry Potter. La sabelotodo. La que se mete a investigar hasta el fondo.

Escribe entre tres mil y cuatro mil palabras diarias. Todos los días. Desde hace seis años.

Y también aprendió que esta industria es dura. Una vez la sacaron de un lanzamiento a mitad de camino, y lo cuenta sin adornarlo: los lanzamientos pueden llegar a ser Goliat, y ella era David. No tenía la madurez para entender en lo que se estaba metiendo, y le tocó descubrir que la industria podía ser feroz.

Si le preguntas qué fue lo más difícil de todo, no dice la técnica. Dice cobrar lo que vale. La habilidad se aprende; lo que no se aprende en ningún curso es la audacia para abrirse camino y conseguir los contactos. Eso se construye leyendo mucho, teniendo referentes y obsesionándose con lograrlo.

Migró a Colombia en 2021, y lo dice con una mezcla de alivio y orgullo: es una migrante que nunca tuvo que hacer otra cosa que no fuera su oficio. Hoy vive en Bogotá.

Guarda las fotos de cuando se mudó. De cuando compró sus primeras vajillas. Del día que le entregaron las llaves.

Ha vuelto a Venezuela varias veces a ver a su familia, que para quien salió del país no es un detalle menor: sostenerse en otro país y además juntar lo del viaje.

Viene de una familia de clase baja. Su mamá fue madre soltera. Nunca tuvieron casa propia. Y sobre lo que cambió no se pone poética: mucha gente dice que la situación se puso dura en los últimos años, pero en su casa la situación siempre fue dura. Ahora se suavizó.

Hoy dirige Chicas Que Triunfan, su academia de redacción publicitaria para mujeres hispanohablantes.

Que sea solo para mujeres es completamente a propósito. Casi todo el mundo está construido para los hombres, dice, porque los que construyeron las cosas fueron hombres, o al menos así era antes. Ya hay un montón de libros, mentores y academias con el enfoque masculino de los negocios. Pero las mujeres tienen otra sensibilidad y otra forma de decidir: ella, soltera y con veintiocho años, toma decisiones pensando en su versión casada y con hijos, y en cómo eso le va a afectar el tiempo y la productividad. La mayoría de los hombres solteros de veintiocho no piensa en eso. Y por eso hacen falta espacios creados por mujeres para mujeres.

Sus alumnas ya están generando sus propios ingresos escribiendo.

Pero cuando le piden un ejemplo, no habla de dinero. Habla de una amiga suya que estaba en un trabajo tóxico y mal pagado, sin fines de semana. Entró a la academia y, a la semana, Davianny necesitaba a alguien que la asistiera. La llamó. Pasó todas las pruebas. Hace poco le subieron el sueldo, porque es muy buena.

Lo que cambió no fue el sueldo. Es que ahora tiene sus fines de semana. Puede ir al médico sin pedir permiso. Puede acompañar a su mamá o a su papá a una cita sin tener que pedir el día. Y aun así llega a su casa y trabaja. Y si quisiera viajar, viajaría.

Eso es lo que ella quiere transmitirle a una mujer. No el dinero: lo que este formato de trabajo te permite hacer.

Y hay algo que encontró luego de migrar. Lleva casi tres años con su fe en Dios en el centro de todo, y lo pone por encima de cualquier logro. Sabe lo que es vivir sin la presencia de Dios, y cambiaría sus primeros veinticinco años por un solo día de su vida hoy. Porque los logros bonitos no tienen sentido si en la noche vives con ansiedad o sientes que algo te falta. Tienen sentido cuando llega una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Al final, es la misma historia de siempre. Una muchacha de Apure que se metió en una computadora a escribir, armó una comunidad alrededor de eso, y quince años después sigue haciendo exactamente lo mismo: escribir, y juntar gente que quiere escribir.

Ahora, hace lo mismo profesionalmente, para cambiar la historia de su propia familia y la de sus estudiantes.

Fuente directa: Davianny Navarro 

https://youtu.be/z7t41KpFn1A?si=rKgnxwsJhZG5WZfU

jueves, 27 de agosto de 2026

PARQUE DE FERIAS GRAL. JOSÉ ANTONIO PÁEZ


El Parque de Ferias General José Antonio Páez de San Fernando de Apure es un importante complejo ferial, cultural y recreativo ubicado al oeste de la ciudad, en la Av. Intercomunal. Está construido sobre un lote de Terreno, donado por la Asociación de Ganaderos del Estado Apure, en el año 1964, su construcción se ubica en el año 1965 y es inaugurado en Marzo del año 1966, bajo la administración de Don Ricardo Montilla, Gobernador del Estado Apure.. 

Su nombre rinde homenaje al prócer de la independencia venezolana y caudillo llanero, el General José Antonio Páez, héroe de la región. .Está Situado en San Fernando de Apure, estado Apure, en la Avenida Intercomunal al lado de la Manga de Coleo "Vuelvan Caras"

El Parque inicia sus actividades con la siguiente estructura: Sede de la asociación de Gaseros del Estado Apure, 3 Pabellones de exposición, 3 corrales de exposición ganadera, 1 tribuna para espectáculos, 1 laguna artificial, 2 módulos de baños. posteriormente se le anexa, la edificación del preescolar, la sede de Protección Civil, 2 corrales de exposición ganadera, cancha múltiple, sede de CDI, local destinado para restaurante, otras tres edificaciones que fungen como sede de instituciones publica, lo último que se construye en el parque es Un Caney que sirve para la realización de actividades culturales de la Fundación Alma Llanera.

El Parque de Ferias ha sido escenario durante 60 años de las Ferias y Fiestas del Alma Llanera y sus actividades, cabe destacar que en el año 1978 se instala por primera vez la Plaza de Toros movible, hoy día ha sido escenario de la Feria Bufalina y de una constante actividad cultural, recreativa y deportiva ejecutadas por la Fundación Alma Llanera, quie es la responsable de la actividad cultural de la Alcaldía del Municipio San Fernando.

La última reabilitacion del Parque de Ferias, fue ejecutada el año 2025, por el Alcalde, Licdo, Lisandro Solorzano, en la actualidad este recinto se encuentra operativo y es custodiado y administrado por la Fundación Alma Llanera. Cabe destacar que el Parque Ferial "Gral. José Antonio Páez" fue nombrado Patrimonio de Interés Cultural, en el año 2005 por el Instituto de Patrimonio Cultural, mediante Providencia Administrativa y le asigna como Organismo Custodio a la Alcaldía del Municipio San Fernando.

Aporte del: Dr. Ivan Dario Pérez Castillo 

Cultor e Investigador Apureño.

Agosto 27. De 2026.

miércoles, 26 de agosto de 2026

EPÓNIMOS DE CUNAVICHE


 

En el transcurso de la historia, el pueblo de Cunaviche ha tenido dos epónimos. Primeramente fue nombrado San José de Leonisa y luego San Miguel. En ambos casos se mantuvo el término «Cunaviche», que es el topónimo originario del río y de la región.

*San José de Leonisa*

José Joaquín de Soto escribe que «la iglesia de dicho pueblo está dedicada a San José de Leonisa; su fábrica hace figura de tres naves distinguidas con algunas columnas de madera; las paredes son de bajareque doble, y el techo de varas y cañas cubierto de palma; es de mediana capacidad y, aunque nuevo, no ofrece mucha duración. Tiene un pórtico y sacristía de semejantes materiales, y un solo altar en que está colocada la imagen del Santo Titular».

San José de Leonisa, el primer patrón de Cunaviche, era sacerdote de la Primera Orden (1556-1612), canonizado por Benedicto XIV el 29 de junio de 1746.

Nació el 8 de enero de 1556 en Leonissa, cerca de Rieti. Hijo de Giovanni Desideri y Francesca Paolini, fue bautizado con el nombre de Eufronio. A los dieciséis años ingresó entre los Hermanos Menores Capuchinos, hizo el noviciado cerca de Asís, en el pequeño convento de Carcerelle, y tomó el nombre de José. Se entregó a duras penitencias y rigores para con el «hermano asno». En 1581 fue ordenado sacerdote y destinado a la predicación. Enviado con otros dos cohermanos a Constantinopla en 1587 a fundar una misión, se preocupó por la liberación de los cristianos esclavos, a quienes sostuvo en la fe, y devolvió la fe a un obispo apóstata. Por su afán de predicar al sultán Mustafá III, fue hecho prisionero, golpeado y suspendido de un madero bajo el cual ardía un fuego lento. Tres días duró pendiente de un gancho en una mano y de otro en un pie. A pesar de ello, no murió y las heridas se curaron milagrosamente. El sultán, admirado por lo sucedido, le conmutó la pena por destierro perpetuo. En Constantinopla, san José realizó un gesto propio de un loco: intentó entrar en el palacio a predicar al sultán. Apresado por los guardias, se le juzgó como reo de lesa majestad.

A su regreso a Italia siguió predicando en su propia tierra, con resultados consoladores: conversiones y pacificación por todas partes. Promovió también obras de asistencia social como los Montes de Piedad o Frumentarios, hospitales y otras obras de beneficencia. A los 56 años de edad le diagnosticaron un tumor del cual ya no se repuso. Se preparó tranquilamente para recibir a la hermana muerte, cuya cercanía adivinaba. Murió el 4 de febrero de 1612.

Se cuenta que fray Juan de Málaga, en la inmediación del río Cunaviche —que pasa a distancia de unas veinticinco varas de la iglesia—, fundó el 23 de abril de 1767 la misión con el nombre de este santo capuchino.

*San Miguel*

El 27 de mayo de 1811, cuando fueron elevadas a la categoría de parroquia San Fernando de Apure y Santa Bárbara de Achaguas, todavía se mencionaba al pueblo de misión de Cunaviche con el nombre «de San José de Leonisa».

El 12 de octubre del año 1812, en un documento inédito suscrito por el párroco misionero de Achaguas, fray José Caviedez, se lee que «algunos pueblos de esta comarca del Apure aún no han sido elevados a parroquias civiles ni eclesiásticas. Entre estos se cuentan: Rincón Hondo, San Miguel de Cunaviche, Banco Largo y San Juan de Payara».

Por esto podemos decir que este pueblo pasó a llamarse San Miguel de Cunaviche en el año de 1812.

San Miguel Arcángel, cuyo nombre —mencionado cinco veces en la Biblia— deriva de la expresión «Mi-ka-El», es decir, «¿quién es como Dios?» (cf. Daniel 10, 13), es conocido en el mundo católico como el «príncipe de los espíritus celestiales», el vencedor del dragón (el demonio), al cual arroja al abismo incandescente. También se le señala como el salvador de Moisés, a quien el demonio quería llevarse al infierno porque habría quitado la vida a numerosos egipcios. La fiesta de san Miguel Arcángel se celebra el 29 de septiembre y también el 8 de mayo, por su aparición en el Monte Gargano, en Italia, ocurrida alrededor del año 492.

La tradición de los cunavicheros sostiene que la antigua imagen de san Miguel Arcángel pertenecía a La Urbana, una población del municipio Cedeño en el estado Bolívar. Debido a la constante navegación por el río Orinoco y el comercio con Ciudad Bolívar, la imagen habría sido trasladada formalmente para una conmemoración y jamás fue devuelta.

*OBRAS CONSULTADAS:*

Obispo Mariano Martí. Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771-1784). Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1969. Tomo II.

Oldman Botello. Cunaviche: Apuntes para su historia. Alcaldía del municipio Pedro Camejo, San Juan de Payara, 1998.

P. Buenaventura de Carrocera. Misión de los capuchinos en los llanos de Caracas. Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1972. Tomo III.


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Licdo. Manuel Ortega López  

Cronista Oficial del municipio Pedro Camejo del estado Apure  

cronistadepedrocamejo@gmail.com

 

miércoles, 8 de julio de 2026

LOS HATOS PERDIDOS DE ARAUCA (HATO VIEJO)


Hato Viejo: una tradición ganadera que aún permanece en la memoria de los araucanos

Entre los hatos que dejaron una profunda huella en la historia ganadera de Arauca se encuentra Hato Viejo, una fundación que durante generaciones fue ampliamente conocida en las sabanas araucanas.

Según relata Ernesto Camejo en su obra Breves Apuntaciones sobre Arauca (1933), Hato Viejo fue fundado por Abelardo Rodríguez y Nicolás Tablante. Tras el fallecimiento de este último, sus hijos trasladaron los ganados hacia Venezuela, mientras que don Abelardo Rodríguez continuó fortaleciendo el hato.

Con el paso de los años, don Abelardo distribuyó la propiedad entre sus hijos. La posesión principal quedó en manos de Torcuato Rodríguez, quien posteriormente la vendió a Salomón Castellanos, propietario del hato para la época en que Ernesto Camejo escribió su obra.

Décadas después, Hato Viejo continuó siendo uno de los fundos ganaderos más reconocidos de las sabanas araucanas. Entre sus últimos propietarios se recuerdan con especial aprecio a don Ignacio Castellanos y doña Betulia Puerta, dos personas distinguidas por su calidad humana, su espíritu de servicio y su permanente disposición para ayudar a quienes los necesitaban.

Quienes tuvieron la oportunidad de conocerlos los recuerdan como personas respetuosas, amables y profundamente comprometidas con su comunidad, cualidades que les permitieron ganarse el cariño, el respeto y la admiración de los habitantes de Arauca.

Hoy, Hato Viejo sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva de los llaneros, no solo por su importancia dentro de la historia ganadera de la región, sino también por el legado de las familias que contribuyeron a su desarrollo y al fortalecimiento de los valores que han caracterizado al campo araucano.

📖 Fuente histórica: Breves Apuntaciones sobre Arauca.

✍️ Ernesto Camejo, 1933.

📝 Recopilación e investigación: Ramón Odilio Gutiérrez Ostos.


sábado, 4 de julio de 2026

EL LUTO EN EL LLANO


 Cuando una viuda botaba el luto, todo el vecindario lo sabía

Hubo una época en los Llanos en que el luto no era simplemente vestirse de negro. Era un compromiso con la memoria del ser amado, una demostración pública de respeto y una forma de decirle al pueblo entero cuánto había significado aquel hombre en la vida de su esposa. Bastaba ver a una mujer vestida completamente de negro para que cualquiera entendiera que llevaba un profundo dolor en el corazón. Nadie necesitaba hacer preguntas. El luto hablaba por ella.

Cuando moría el dueño del fundo, la viuda acostumbraba vestir de negro de pies a cabeza. Si usaba falda, era negra; si prefería pantalón, también era negro. La blusa, el vestido, el pañuelo y hasta muchos de sus accesorios seguían el mismo color. En algunos casos también se acostumbraba vestir completamente de blanco, aunque el negro era considerado la expresión más profunda del duelo. Mientras más tiempo permaneciera la viuda de luto, más comentaba la gente que realmente había amado a su marido. Un año y medio o dos años era lo menos que muchos consideraban prudente, pero hubo mujeres que guardaron luto durante tres, cuatro y hasta cinco años.

En aquellos tiempos el vecindario observaba cada detalle. Si una viuda abandonaba el luto antes de cumplir el primer año, no faltaban los comentarios. Si la madre del difunto aún vivía, o sus hermanos y demás familiares, era común escuchar frases como: "Yo sabía que no quería a mi hijo", o "Era puro interés; todavía no ha pasado el año y ya dejó el luto". Eran juicios duros, nacidos de una época en la que el amor también se medía por las apariencias y por el respeto hacia las costumbres.

Con el paso del tiempo comenzaba lo que muchos llamaban el medio luto. Era cuando la viuda empezaba a combinar prendas negras con blancas. Una blusa blanca con falda negra, o una blusa negra con pantalón blanco. Aquello era suficiente para que el comentario recorriera el vecindario: "Parece que la viuda ya quiere botar el luto". No era una decisión tomada de un día para otro; era un cambio lento, casi silencioso, que todos observaban.

Los parrandos sabaneros eran otra prueba para la viuda. Si asistía, la gente no le quitaba los ojos de encima. Podía llegar acompañada de una cuñada, de la suegra o de algún familiar cercano, pero procuraba mantenerse discreta. Muchas iban, conversaban con los vecinos, saludaban a los conocidos, pero no tomaban licor ni aceptaban una sola pieza de baile. Al día siguiente el comentario era casi el mismo en todas las casas: "La viuda estuvo en el parrando... pero no bailó. Sigue de luto guardándole respeto al difunto".

Sin embargo, llegaba el día en que todo cambiaba.

Bastaba un baile para que el pueblo entero amaneciera hablando de lo mismo. "¡La viuda botó el luto!". Aquellas cuatro palabras recorrían caminos, esteros y hatos con una rapidez increíble. Y enseguida aparecían las preguntas: "¿Con quién bailó?", "Dicen que anda enamorada del hijo de don Eustorgio", "¿Será cierto que ya tiene pretendiente?". Así funcionaban los pueblos: las noticias caminaban más ligero que un caballo bueno.

Con esos comentarios también aparecían los temores de la familia del difunto. Más de una madre decía con preocupación: "Ahora sí se le va a acabar el capital a mi hijo". Pensaban en las reses, los caballos, el fundo, las cercas y todo lo que había costado años levantar. Temían que un nuevo marido desperdiciara el patrimonio familiar. Pero la vida demostraba muchas veces lo contrario. Hubo hombres trabajadores, responsables y honrados que no solo conservaron aquellas propiedades, sino que las hicieron crecer. Con el tiempo terminaron ganándose el cariño y el respeto de quienes al principio los miraban con desconfianza.

Mientras permanecía viuda, aquella mujer ocupaba un lugar especial dentro de la comunidad. Su comportamiento era observado con atención. Se esperaba de ella prudencia, respeto y una conducta acorde con las costumbres de la época. Era frecuente verla visitar el cementerio para llevar flores y orar por el descanso de su esposo. Alrededor de esas visitas también surgieron numerosas creencias populares y rituales transmitidos de generación en generación. Algunas personas aseguraban que ciertas viudas dejaban objetos personales sobre la tumba o realizaban actos simbólicos con la esperanza de mantener vivo el vínculo con quien había partido. Eran creencias propias del imaginario popular llanero, no prácticas generalizadas ni costumbres compartidas por todas las familias.

Hoy muchas de aquellas tradiciones han desaparecido. La sociedad cambió, las costumbres evolucionaron y cada persona vive el duelo de manera distinta. Sin embargo, recordar estas historias permite comprender cómo pensaban nuestros mayores y la importancia que daban al honor, al respeto y a la memoria de quienes ya no estaban.

Porque en el Llano de antes, el luto no se medía únicamente por el color de la ropa. Se medía por los silencios, por la paciencia, por las renuncias y por el respeto que una viuda guardaba hacia el hombre con quien había compartido la vida. Y cuando finalmente decidía volver a sonreír, aceptar un baile o abrir de nuevo su corazón, no solo cambiaba su destino... también comenzaba una nueva historia que, como casi todas en los pueblos llaneros, terminaba siendo conocida por todo el vecindario.

¿Conocía el verdadero significado del luto en el Llano de antes?

¿En su familia hubo alguna viuda que guardó luto durante varios años?

¿Cree que esas costumbres debieron conservarse o era mejor que cambiaran con el tiempo?

Fuente: Revista Cultural Atardecer Llanero 

viernes, 3 de julio de 2026

SEGUNDO ROJAS GARRIDO


 Crónica gráfica 

Don Segundo Rojas Garrido 


Con ese afecto que muchas veces guardamos en el recuerdo y que también profesamos haciéndonos eco de una amistad nacida en el seno familiar. Desde que tengo uso de razón conozco al licenciado Segundo Rojas Garrido, quien nació en Palmarito, estado Apure, hermosa y pintoresca población llanera, de un clima tropical y cálido. Ubicada en el municipio Páez, perteneciente a la región del Alto Apure, pero desde muy pequeño, cómo muchas familias apureñas los Rojas Garrido, se establecieron en Barinas, tal vez buscando un mejor lugar donde los hermanos Rojas Garrido estudiaran y buscarán hacerse profesionales. 

Creo que eso ocurrió con Segundo Rojas, quien luego se fue a Mérida, la estudiantil ciudad de Los Andes, donde se licenció en Laboratorista, el primero o uno de los primeros con que contó Barinas, quien se encargó en una ciudad casi rural y cundida de enfermedades, en recolectar, preparar y procesar muestras (biológicas, químicas o de materiales) realizando los análisis fundamentales para el diagnóstico clínico necesario y contribuir con la salud pública de la región llanera. 

Ha desempeñado una vida pública muy activa, en lo político, social y cultural de Barinas, es un cronista oficioso, fue Secretario general de gobierno y gobernador encargado del estado Barinas, escritor, poeta y memorialista, un promotor cultural por excelencia y un gran cultor de la amistad. 

Vaya para don Segundo Rojas Garrido mi sincero afecto, respeto y admiración, quien ya transita los noventa años, vividos con dignidad y una meritoria entrega a sus principios de honestidad y servicios por esta tierra barinesa.


Alberto Pérez Larrarte 

Cronista de Barinas 

Presidente de Ancov 

Viernes, 3 jul 2026

jueves, 2 de julio de 2026

LOS HATOS PERDIDOS DE ARAUCA (EL GALLARDERO)


El Gallardero: el hato donde cada toro valía una morocota de oro

En la vereda Cabuyare, jurisdicción del municipio de Arauca, cuando aún existía la Comisaría Especial de Arauca, floreció uno de los hatos más importantes de las sabanas araucanas: El Gallardero, propiedad de don Román Gallardo.

Quienes alcanzaron a conocerlo lo describían como un hombre de carácter recto, honrado en los negocios, de pocas palabras y muy analítico en sus apreciaciones. Su nombre llegó a convertirse en sinónimo de seriedad y cumplimiento. Aunque no existe un registro exacto, algunos antiguos conocedores afirmaban que El Gallardero llegó a superar las 10.000 reses, convirtiéndose en uno de los grandes hatos de la región. Los relatos de la época cuentan que don Román vendía cada año más de 500 toros de tres años en adelante. La venta tenía una escena que muchos nunca olvidaron. A un costado del corral extendían una manta o una ruana. Cada vez que un toro cruzaba la puerta rumbo a su nuevo dueño, se escuchaba decir al comprador:

—¡Salió otro toro, don Román... ahí va la morocota!

Acto seguido, una moneda de oro caía sobre la manta.

Toro tras toro.

Morocota tras morocota.

Así fue reuniendo una fortuna que muy pocos alcanzaron a imaginar.

Vale aclarar qué era una morocota, porque hoy muchos no lo saben: era la moneda de oro de 20 dólares estadounidenses conocida como la "Doble Águila", acuñada entre 1849 y 1933, que circuló ampliamente por Venezuela y Colombia en el siglo XIX antes de que existieran los bancos en la región. Su aleación era de 90% oro y 10% cobre, con una pureza de 21,6 quilates. En los llanos, era la medida de la riqueza de un hombre.

Tras la muerte de don Román Gallardo, el hato fue dividido entre sus herederos y, con el paso de los años, desapareció como gran unidad ganadera. Las tierras pasaron a manos de su descendencia, y fue así como El Gallardero llegó a ser propiedad de doña Teresa Silva Gallardo, nieta de don Román, quien habitó el lugar cuando el hato ya no existía como tal. Solo quedaban en pie las casas y los árboles. Fue allí donde nació y se crió su hijo Ramón Odilio Gutiérrez Silva, quien recorrió de niño los mismos corrales donde alguna vez sonaron las morocotas de oro, sin saber aún que cargaba en la sangre la memoria de uno de los hatos más legendarios de Arauca.

Sin embargo, el tiempo no logró borrar todas sus huellas.

En el lugar donde existió el antiguo fundo todavía permanecen en pie tres enormes árboles de mango, que algunos estiman podrían tener más de dos siglos de existencia y que, según la tradición, habrían sido sembrados por el propio don Román.

También se conservan las marcas de los antiguos corrales donde durante décadas se trabajó el ganado y las bestias. Hoy esos sitios permanecen custodiados por frondosos camoruros, jobos, un caimito y un imponente palo de zarrapio, silenciosos testigos de una época de esplendor ganadero.

Hace aproximadamente 45 años, Ramón Gutiérrez Silva, bisnieto de don Román, talando un enorme monte para sembrar cultivos de sustento, encontró las huellas de un enorme corral antiguo. Entre la tierra aparecieron dos objetos que despertaron curiosidad: un freno enterizo, sin gonce, elaborado en hierro macizo, utilizado para frenar caballos, y una sierra de estoconar ganado, también completamente de hierro. Lamentablemente, aquellos objetos no recibieron el valor histórico que merecían y con el tiempo desaparecieron nuevamente.

Pero quizás el mayor misterio de El Gallardero sigue siendo otro.

La tradición oral sostiene que toda la fortuna que don Román reunió durante años gracias a la venta de sus toros —morocota tras morocota— fue enterrada antes de su muerte. Y ese detalle no es casual: en aquella época, antes de que existieran los bancos en la región, era costumbre extendida entre los grandes hacendados enterrar sus morocotas de oro en tinajas o botijas, escondidas en los patios, las paredes o algún rincón del fundo. Muchos murieron sin revelar el lugar. Hasta hoy nadie ha podido demostrar si aquel tesoro de El Gallardero realmente existe o si permanece oculto bajo las sabanas donde alguna vez pastaron miles de reses.

No se conoce con exactitud la fecha de fundación de El Gallardero, pero existen referencias que indican que el hato aún existía en 1916, siendo recordado como uno de los grandes fundos ganaderos de la antigua Arauca.

📖 Serie: Los Hatos Perdidos de Arauca.

✍️ Recopilación e investigación: Ramón Odilio Gutiérrez Ostos. El autor es hijo de Ramón Odilio Gutiérrez Silva, quien nació y se crió en El Gallardero, y nieto de doña Teresa Silva Gallardo, última heredera del antiguo fundo.


 
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