LA CAIMANA
DE FAORO
El musiú José Faoro, de origen italiano, hombre
trabajador y bondadoso, se estableció en el viejo San Fernando hasta su muerte
ocurrida el 8 de julio 1972.
La caimana que crió desde pequeña y que fue la
atracción local por más de 60 años, constituye parte del anecdotario
sanfernardino del siglo XX La caimana fue “adoptada” por José Faoro con tan
solo 3 días de nacida.
Según la investigación efectuada por Manuel Abrizzo, y
publicada en el libro APURE ADENTRO, a la caimana le pusieron como nombre “El
Negro”, pensando que era macho, pero después, al comprobar que era hembra,
se llamó “La Negra”.
La caimana dormía en el pecho de su dueño y andaba a
su antojo por la casa. En el patio de la casa, le construyeron un estanque con
rampas para su disfrute y solaz. Cuenta don Manuel Abrizzo:
“Don José Faoro, había nacido en Brescia, Italia
en 1897. Se vino a Venezuela a la edad de 15 años y se radicó en Los Teques,
donde conoció a un paisano apellidado Danello, quien lo lleva a San Fernando.
Aquí montaron una joyería. Luego Faoro compró una casa en la calle 24 de Julio
y allí instala su famosa joyería”.
Se casó con la apureña Ángela Filomena Estévez con
quien, a pesar de no tener hijos propios, criaron doce. Al parecer, Don Faoro
se dedicaba además a elaboración de medicinas naturales para tratar el cáncer,
hongos, asma entre otros y se hizo famoso con un preparado llamado “Felisbesta”,
recetado para el ganado. Igualmente realizaba actividades de comercio con
plumas de garza y pieles de caimán. Faoro era amante de la fauna.
Nos cuenta a su vez don Francisco Serrano Castillo en
“El Último Violín”:
“Entre aquellas curiosidades se contaban una grulla,
que Faoro peinaba en su regazo al amanecer, para luego volar libre y elegante
por el cielo de San Fernando; un casar de puerco espines, compañeros
inseparables de sus diarias caminatas por la plazoleta Sucre; dos cunaguaros y
un enorme tigre, fieras amaestradas a tal extremo que sus necesidades las
cumplían en el sitio destinado a los humanos y, como creado por la fantasía, la
no menos sorprendente domesticación de una caimana de unos cinco metros la cual
llamaba El Negro. El animal comía en sus manos y muchos curiosos posaron
tendidos sobre ella; por las noches abandonaba su estanque, dirigíase a la
habitación de la pareja y descansaba su descomunal cabeza en el lecho donde
yacían.
Recorría la estancia con mansedumbre, apostándose en
el negocio para asombro del vecindario, exhibía algunos colmillos de oro que el
orfebre implantó en sus fauces.”
El animal se convirtió en una atracción y era
visitado por gente proveniente de otros destinos. Se comía diariamente tres
kilos de pechuga o muslo de pollo, que podía sustituirse eventualmente por
carne o pescado de mar, nunca de río. Cuentan que jamás la alimentaron con
animales vivos.
(Dato importante de Ivan Dario Perez Castillo Jose Faoro murió el 8 de Julio de 1972, en el Centro Medico San Fernando. Allí estuvo muchos días hospitalizado y fue objeto de la amputación de una pierna, lamentablemente ese momento de enfermedad sirvió de marco para que Don Jose Faoro contrajera matrimonio con Doña Angela).
Contó doña Ángela
que cuando trajeron el ataúd con el cuerpo de Faoro y lo colocaron en el salón,
Hernán Falcón, uno de los muchachos criados por la pareja, se fijó que la
caimana se dirigía hacia ellos; por lo que colocaron el cajón en el piso. El
animal dio entonces un salto y se montó sobre la urna, lo cual fue interpretado
como una manifestación de dolor.
Muerto Faoro, la caimana pasó cuatro meses sin
comer. El animal durante cuatro años no volvió a entrar en la habitación de la
pareja.
La Negra, de 67 años, murió en 1992 y su cuerpo fue
embalsamado con las fauces abiertas, colocado en un cajón de vidrio y ubicado a
la entrada de la casa de la familia.
Para darle el toque pintoresco propio del llanero,
colocamos a continuación unos versos informales del poeta Fleitas Beroes,
dedicados a su sobrino.
Pablo, como estas en Guayabal
Y el tiempo se está pasando
Me buscas en San Fernando
Un joropo instrumental.
Compra el toro de El Moral
Y para botar mi pava
Si no encuentras una baba
Metida entre una macolla,
Me le robas a Montoya
El Caimán de Boca Brava.
DUDA.
Ese caimán bolas de oro
No debe ser tan jembrero,
Ya hubiera puesto un ñemero
la caimana de Faoro. (1)
El señor Will
jt en LA HISTORIA DE DON FAORO Y SU CAIMANA LA NEGRA. RECORDAR ES VIVIR.
REMEMBRANZA APUREÑA relata:
“Don
José Faoro con el señor Danello, iniciaron
una joyería en la calle Comercio, al lado del negocio de Luis Chang, junto con
Angelito Reyes.
Después Faoro compro la casa a Jesús María Hernández, en la calle 24 de Julio y
monto la joyería que lo haría famoso”... además, “preparaba medicinas naturales para curar a
los humanos de cáncer, hongos, asma, calvicie y para el ganado preparaba la
felibesta, para el engorde de los mismos. Muchas de estas medicinas intentó
registrarlas en el Ministerio de Sanidad, pero jamás consiguió la permisologuía”…
·Como dato anecdótico no se podía tocar con los palos ni con los pies. Mientras
Faoro descansaba en las tardes la caimana reposaba en sus pies y a la hora de
pararse su amo le ordenaba su habitación. Faoro sufre de un infarto y en su
lecho de muerte con un beso intenso le pide encarecidamente a Doña Ángela que
cuide y proteja a la "NEGRA" por siempre. En 1972
muere este gran hombre y la caimana presintió que se le había ido su amigo y
padre de tantos años. Relata Doña Ángela, que al ingresar el ataúd con los
restos de Faoro a la casa, la caimana paso inmediatamente al salón donde se
llevaría a cabo el velatorio y Hernán Volcán, un sobrino de ella, al ver que la
"NEGRA" se dirigía hacia ellos, le ordeno colocar la urna en el piso
y la caimana de un salto impresionante se montó encima de esta. Todos los
presente, entre los que se encontraba Don Pedro Salas y don Eduardo Hernández,
ante esta escena de amor y dolor lloraban sin poder contener este sentimiento.
Niños y adultos se confundían en este momento tan doloroso y no había forma de
bajar la caimana, ni su más cercanos podían controlarla, por lo que hubo, que
dejarla quieta por tiempo hasta que se bajó sola El día del velorio y del
entierro no durmió un minuto, pasando cuatro meses sin comer. Solo unas
inyecciones que le aplico el Dr. Pedro Estrebado, su médico de confianza, le
hicieron recuperar el apetito. Lo insólito es que paso cuatro años sin pasar
jamás al salón donde se efectuó el acto velatorio de Faoro. Al cabo de ese tiempo,
Doña Ángela estaba peinándose en su habitación y oyó una voz idéntica a la de
Faoro y empezó a llorar de la impresión. Lo increíble es que la Caimana tuvo la
misma sensación y en ágil carrera paso al salón del que se había ausentado
cuatro años. Comenta Doña Ángela: " yo me equivoque, pero también se equivocó
la Caimana". Ese día fue maravilloso para esta familia, los niños
aplaudían y se les sentaban arriba al animal, el cual volvió a ser el mismo de
siempre. El 27 de noviembre de 1992, el dia de la segunda intentona golpista,
muere "La Negra" de un infarto igual a Faoro”…(2)
Oscar
Carrasquel escribe algunos datos interesantes:
 |
| Foto de Edgar Moreno |
Ángela
Filomena Estévez, esposa de Don José Faoro; proveniente de los Estévez de
Calabozo, familia del músico, compositor y director de orquestas don Antonio
Estévez, con quien compartió vida hasta que la muerte los separó, con la súbita
partida de don Faoro.
JOYERÍA FAORO, situada a media cuadra del llamado Palacio Fonsesquero, por
la calle 24 de julio de la capital apureña.
Existen evidencias que el presidente Raúl Leoni impresionado llegó de
visita a esta casa para admirar el enorme animal, seguramente acompañado de su
familia y comitiva. Así como también aprovecharon de fotografiarse a su
lado muchas personalidades vinculadas a la farándula venezolana. Entre los que
se recuerdan Susana Duijm, Miss Mundo y el tío Simón Díaz. El saurio
aparece en el rodaje de la película venezolana “Séptimo Paraíso” donde
participó la reconocida actriz y reina de la belleza Susana Duijm. (3)
El señor Vladimir Hidalgo Loggiodice reseña en su pagina de facebbok una texto enviado por Aura de Castro, donde
relata que su padre CRUZ RAFAEL MARTÍNEZ GUEVARA fue el taxidermista al que
debemos la inmortalidad física de la CAIMANA DE FAORO. "La preservación de mascotas formó parte del día a día de mi
viejo. Al fallecer éstas, las familias acudían a él para conservarlas en un
lugar de la casa. Así llegó la Caimana de Faoro y fue su obra más relevante. La
recordaremos siempre por su historia y lo voluminosa que era.
Cuando recibimos el cadáver en nuestro hogar de la calle Muñoz,
barrio Las Marías, estaba en mal estado por el alto grado de descomposición.
Tenía varios días de fallecida. Mi papá conocía a la Negra (caimana ) porque
era amigo del señor Faoro y para él tenía un gran valor sentimental, por lo que
puso el mayor de los esfuerzos en disecarla. Nunca sacaba las vísceras de los
animales, pero en este caso tuvo que extraerlas todas y pudo percatarse que
tenía muchas piedras, que seguramente tragaba creyendo eran otras cosas. El
proceso duró más del tiempo normal por lo complejo. Recuerdo todas las etapas
hasta el final. Hoy se puede ver tal cual quedó, luego de tantos años de
realizado el trabajo"...
Esta historia también cruza las fronteras de nuestro país en manos de una joven que narra sus anécdotas a través de un cuento:
Algunos años ha tardado en ver la luz el más
reciente título de Ekaré, la editorial venezolana, operativa ya en diversas
ciudades del mundo. La
Caimana, de María Eugenia Manrique, ha atravesado por un meticuloso
proceso de preparación, centrado fundamentalmente en el desarrollo de las
imágenes por parte del laureado ilustrador Ramón París. Se trata, como dice la
autora, de una historia de amor auténtica: la que se desarrolló a lo largo de
varias décadas entre el joyero italiano José Faoro y un bebé huérfano de caimán
hallado entre la maleza apureña.
"Era la
época en que los caimanes eran abatidos para comerciar con sus pieles",
cuenta María Eugenia. La cría fue rescatada por Faoro, quien estableció una
entrañable relación con el reptil. La caimana nunca atacó a nadie ni dio
muestra alguna de violencia. Solo cuando el joyero murió expresó sus emociones
subiéndose al ataúd, para sumirse después durante semanas en un profundo duelo,
hundida en la oscuridad de una habitación de la que no quería salir.
Faoro había
bautizado a la pequeña con el nombre de Negro,
en razón del color de su piel, convencido como estaba de que su sexo era
masculino. Solo tras años de convivencia descubrió que se trataba de una
hembra, cuando ésta depositó sus huevos en los aledaños de una pileta que le
habían construido.
La historia de
la caimana es un recuerdo de infancia que María Eugenia vuelca en este luminoso
libro para niños. En efecto: relata la escritora que su madre, una de las
primeras egresadas de Medicina en la Universidad Central de Venezuela, era
natural de San Fernando de Apure, y por ello era costumbre pasar las vacaciones
a Negro.
María Eugenia Manrique nació en Caracas,
Venezuela, y actualmente vive Barcelona, España. Se licenció en Bellas Artes en
México, con especialidad en xilografía y grabado. También estudió pintura
oriental en la Universidad de Nankín, China, así como caligrafía japonesa en la
escuela Nihon Shuji Kyoiku Zaidan de Japón. Ha expuesto en museos y galerías de
todo el mundo. En 2014 ganó el Gran Premio de Pintura Oriental de la Exposición
Internacional de Pintura y Caligrafía China del Museo de Anshán, en China.
Autora de cuatro libros sobre arte oriental, La Caimana es su primer cuento
para niños. (4)
El libro en PDF:
FUENTES: