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domingo, 29 de marzo de 2020

LA CAIMANA DE FAORO






LA CAIMANA DE FAORO

El musiú José Faoro, de origen italiano, hombre trabajador y bondadoso, se estableció en el viejo San Fernando hasta su muerte ocurrida el 8 de julio 1972. 

La caimana que crió desde pequeña y que fue la atracción local por más de 60 años, constituye parte del anecdotario sanfernardino del siglo XX La caimana fue “adoptada” por José Faoro con tan solo 3 días de nacida. 

Según la investigación efectuada por Manuel Abrizzo, y publicada en el libro APURE ADENTRO, a la caimana le pusieron como nombre “El Negro”, pensando que era macho, pero después, al comprobar que era hembra, se llamó “La Negra”. 

La caimana dormía en el pecho de su dueño y andaba a su antojo por la casa. En el patio de la casa, le construyeron un estanque con rampas para su disfrute y solaz. Cuenta don Manuel Abrizzo:

 “Don José Faoro, había nacido en Brescia, Italia en 1897. Se vino a Venezuela a la edad de 15 años y se radicó en Los Teques, donde conoció a un paisano apellidado Danello, quien lo lleva a San Fernando. Aquí montaron una joyería. Luego Faoro compró una casa en la calle 24 de Julio y allí instala su famosa joyería”.

Se casó con la apureña Ángela Filomena Estévez con quien, a pesar de no tener hijos propios, criaron doce. Al parecer, Don Faoro se dedicaba además a elaboración de medicinas naturales para tratar el cáncer, hongos, asma entre otros y se hizo famoso con un preparado llamado “Felisbesta”, recetado para el ganado. Igualmente realizaba actividades de comercio con plumas de garza y pieles de caimán. Faoro era amante de la fauna. 

Nos cuenta a su vez don Francisco Serrano Castillo en “El Último Violín”: 
“Entre aquellas curiosidades se contaban una grulla, que Faoro peinaba en su regazo al amanecer, para luego volar libre y elegante por el cielo de San Fernando; un casar de puerco espines, compañeros inseparables de sus diarias caminatas por la plazoleta Sucre; dos cunaguaros y un enorme tigre, fieras amaestradas a tal extremo que sus necesidades las cumplían en el sitio destinado a los humanos y, como creado por la fantasía, la no menos sorprendente domesticación de una caimana de unos cinco metros la cual llamaba El Negro. El animal comía en sus manos y muchos curiosos posaron tendidos sobre ella; por las noches abandonaba su estanque, dirigíase a la habitación de la pareja y descansaba su descomunal cabeza en el lecho donde yacían. 

Recorría la estancia con mansedumbre, apostándose en el negocio para asombro del vecindario, exhibía algunos colmillos de oro que el orfebre implantó en sus fauces.” 

 El animal se convirtió en una atracción y era visitado por gente proveniente de otros destinos. Se comía diariamente tres kilos de pechuga o muslo de pollo, que podía sustituirse eventualmente por carne o pescado de mar, nunca de río. Cuentan que jamás la alimentaron con animales vivos. 

(Dato importante de Ivan Dario Perez Castillo  Jose Faoro murió el 8 de Julio de 1972, en el Centro Medico San Fernando. Allí estuvo muchos días hospitalizado y fue objeto de la amputación de una pierna, lamentablemente ese momento de enfermedad sirvió de marco para que Don Jose Faoro contrajera matrimonio con Doña Angela).

Contó doña Ángela que cuando trajeron el ataúd con el cuerpo de Faoro y lo colocaron en el salón, Hernán Falcón, uno de los muchachos criados por la pareja, se fijó que la caimana se dirigía hacia ellos; por lo que colocaron el cajón en el piso. El animal dio entonces un salto y se montó sobre la urna, lo cual fue interpretado como una manifestación de dolor.

 Muerto Faoro, la caimana pasó cuatro meses sin comer. El animal durante cuatro años no volvió a entrar en la habitación de la pareja. 

La Negra, de 67 años, murió en 1992 y su cuerpo fue embalsamado con las fauces abiertas, colocado en un cajón de vidrio y ubicado a la entrada de la casa de la familia. 

Para darle el toque pintoresco propio del llanero, colocamos a continuación unos versos informales del poeta Fleitas Beroes, dedicados a su sobrino.

Pablo, como estas en Guayabal 
Y el tiempo se está pasando 
Me buscas en San Fernando 
Un joropo instrumental. 
Compra el toro de El Moral 
Y para botar mi pava 
Si no encuentras una baba 
Metida entre una macolla, 
Me le robas a Montoya 
El Caimán de Boca Brava.

DUDA. 
Ese caimán bolas de oro 
No debe ser tan jembrero, 
Ya hubiera puesto un ñemero 
la caimana de Faoro. (1)


El señor Will jt en LA HISTORIA DE DON FAORO Y SU CAIMANA LA NEGRA. RECORDAR ES VIVIR. REMEMBRANZA APUREÑA relata:
“Don José Faoro  con el  señor Danello, iniciaron una joyería en la calle Comercio, al lado del negocio de Luis Chang, junto con Angelito Reyes.
Después Faoro compro la casa a Jesús María Hernández, en la calle 24 de Julio y monto la joyería que lo haría famoso”... además,  “preparaba medicinas naturales para curar a los humanos de cáncer, hongos, asma, calvicie y para el ganado preparaba la felibesta, para el engorde de los mismos. Muchas de estas medicinas intentó registrarlas en el Ministerio de Sanidad, pero jamás consiguió la permisologuía”… ·Como dato anecdótico no se podía tocar con los palos ni con los pies. Mientras Faoro descansaba en las tardes la caimana reposaba en sus pies y a la hora de pararse su amo le ordenaba su habitación. Faoro sufre de un infarto y en su lecho de muerte con un beso intenso le pide encarecidamente a Doña Ángela que cuide y proteja a la "NEGRA" por siempre. En 1972 muere este gran hombre y la caimana presintió que se le había ido su amigo y padre de tantos años. Relata Doña Ángela, que al ingresar el ataúd con los restos de Faoro a la casa, la caimana paso inmediatamente al salón donde se llevaría a cabo el velatorio y Hernán Volcán, un sobrino de ella, al ver que la "NEGRA" se dirigía hacia ellos, le ordeno colocar la urna en el piso y la caimana de un salto impresionante se montó encima de esta. Todos los presente, entre los que se encontraba Don Pedro Salas y don Eduardo Hernández, ante esta escena de amor y dolor lloraban sin poder contener este sentimiento. Niños y adultos se confundían en este momento tan doloroso y no había forma de bajar la caimana, ni su más cercanos podían controlarla, por lo que hubo, que dejarla quieta por tiempo hasta que se bajó sola El día del velorio y del entierro no durmió un minuto, pasando cuatro meses sin comer. Solo unas inyecciones que le aplico el Dr. Pedro Estrebado, su médico de confianza, le hicieron recuperar el apetito. Lo insólito es que paso cuatro años sin pasar jamás al salón donde se efectuó el acto velatorio de Faoro. Al cabo de ese tiempo, Doña Ángela estaba peinándose en su habitación y oyó una voz idéntica a la de Faoro y empezó a llorar de la impresión. Lo increíble es que la Caimana tuvo la misma sensación y en ágil carrera paso al salón del que se había ausentado cuatro años. Comenta Doña Ángela: " yo me equivoque, pero también se equivocó la Caimana". Ese día fue maravilloso para esta familia, los niños aplaudían y se les sentaban arriba al animal, el cual volvió a ser el mismo de siempre. El 27 de noviembre de 1992, el dia de la segunda intentona golpista, muere "La Negra" de un infarto igual a Faoro”…(2)
Oscar Carrasquel escribe algunos datos interesantes:
Foto de Edgar Moreno
Ángela Filomena Estévez, esposa de Don José Faoro;  proveniente de los Estévez de Calabozo, familia del músico, compositor y director de orquestas don Antonio Estévez, con quien compartió vida hasta que la muerte los separó, con la súbita partida de don Faoro.
JOYERÍA FAORO,  situada a media cuadra del   llamado Palacio Fonsesquero, por la calle 24 de julio de la capital apureña. 

Existen evidencias que el presidente Raúl Leoni impresionado llegó de visita a esta casa para admirar el enorme animal, seguramente acompañado de su familia y comitiva. Así como también aprovecharon de  fotografiarse a su lado muchas personalidades vinculadas a la farándula venezolana. Entre los que se recuerdan Susana Duijm,  Miss Mundo y el tío Simón Díaz. El saurio aparece en el rodaje de la película venezolana “Séptimo Paraíso”  donde participó la reconocida actriz y reina de la belleza  Susana Duijm. (3)

El señor Vladimir Hidalgo Loggiodice reseña en su pagina de facebbok una texto enviado por Aura de Castro, donde relata que su padre CRUZ RAFAEL MARTÍNEZ GUEVARA fue el taxidermista al que debemos la inmortalidad física de la CAIMANA DE FAORO. "La preservación de mascotas formó parte del día a día de mi viejo. Al fallecer éstas, las familias acudían a él para conservarlas en un lugar de la casa. Así llegó la Caimana de Faoro y fue su obra más relevante. La recordaremos siempre por su historia y lo voluminosa que era.

Cuando recibimos el cadáver en nuestro hogar de la calle Muñoz, barrio Las Marías, estaba en mal estado por el alto grado de descomposición. Tenía varios días de fallecida. Mi papá conocía a la Negra  (caimana ) porque era amigo del señor Faoro y para él tenía un gran valor sentimental, por lo que puso el mayor de los esfuerzos en disecarla. Nunca sacaba las vísceras de los animales, pero en este caso tuvo que extraerlas todas y pudo percatarse que tenía muchas piedras, que seguramente tragaba creyendo eran otras cosas. El proceso duró más del tiempo normal por lo complejo. Recuerdo todas las etapas hasta el final. Hoy se puede ver tal cual quedó, luego de tantos años de realizado el trabajo"...

Esta historia también cruza las fronteras de nuestro país en manos de una joven que narra sus anécdotas a través de un cuento: 

Algunos años ha tardado en ver la luz el más reciente título de Ekaré, la editorial venezolana, operativa ya en diversas ciudades del mundo. La Caimana, de María Eugenia Manrique, ha atravesado por un meticuloso proceso de preparación, centrado fundamentalmente en el desarrollo de las imágenes por parte del laureado ilustrador Ramón París. Se trata, como dice la autora, de una historia de amor auténtica: la que se desarrolló a lo largo de varias décadas entre el joyero italiano José Faoro y un bebé huérfano de caimán hallado entre la maleza apureña.
"Era la época en que los caimanes eran abatidos para comerciar con sus pieles", cuenta María Eugenia. La cría fue rescatada por Faoro, quien estableció una entrañable relación con el reptil. La caimana nunca atacó a nadie ni dio muestra alguna de violencia. Solo cuando el joyero murió expresó sus emociones subiéndose al ataúd, para sumirse después durante semanas en un profundo duelo, hundida en la oscuridad de una habitación de la que no quería salir.
Faoro había bautizado a la pequeña con el nombre de Negro, en razón del color de su piel, convencido como estaba de que su sexo era masculino. Solo tras años de convivencia descubrió que se trataba de una hembra, cuando ésta depositó sus huevos en los aledaños de una pileta que le habían construido.
La historia de la caimana es un recuerdo de infancia que María Eugenia vuelca en este luminoso libro para niños. En efecto: relata la escritora que su madre, una de las primeras egresadas de Medicina en la Universidad Central de Venezuela, era natural de San Fernando de Apure, y por ello era costumbre pasar las vacaciones a Negro.
     María Eugenia Manrique nació en Caracas, Venezuela, y actualmente vive Barcelona,        España. Se licenció en Bellas Artes en México, con especialidad en xilografía y grabado.      También estudió pintura oriental en la Universidad de Nankín, China, así como                      caligrafía japonesa en la escuela Nihon Shuji Kyoiku Zaidan de Japón. Ha expuesto en        museos y galerías de todo el mundo. En 2014 ganó el Gran Premio de Pintura Oriental       de la Exposición Internacional de Pintura y Caligrafía China del Museo de Anshán, en         China. Autora de cuatro libros sobre arte oriental, La Caimana es su primer cuento para      niños. (4)
    El libro en PDF:

FUENTES:

IMÁGENES de Edgar Moreno  http://museodelcaiman.blogspot.com/p/blog-page.html Y Vladimir Hidalgo Loggiodice 







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