
LOS AMANTES BURRERICOS
Éramos todos.
Era mu y difícil
y hasta peligroso
evadir una invitación para salir
por los alrededores de San Fernando, a desahogar nuestras adolescentes apetencias sexuales
con la solípeda.
Era
peligroso por dos razones:
una, porque después de tres o más excusas
consecutivas, se corría el riesgo
de que lo ubicaran a uno del otro lado; y !a otra era , que habiendo aceptado,
al animal se le ocurriera en pleno acto,
orinar al intruso visitante de otra especie, en cuyo caso era en extremo
difícil quitarse
el olor y el color
de los orines.
Tener relaciones sexuales con las jumentas
era una actividad; si se
quiere, rutinaria;...