PASADO Y PRESENTE DE ACHAGUAS
Achaguas fue una nación indígena muy numerosa, cuyos dominios se extendían desde los márgenes del Río Apure al norte hasta las del cinaruco al sur. La pesca, caza y siembra en las vegas de los ríos, constituían sus ocupaciones, las cuales se veían interrumpidas por frecuentes enfrentamientos con las tribus de los yaguales y yaruros.
Diezmados por las epidemias; tanto los achaguas como los yaguales y yaruros fueron reduciéndose en número. Su mestizaje con los conquistadores españoles, dio origen al Llanero de la Independencia y al actual poblador de las sabanas apureñas.
Hoy se denomina Achaguas, tanto al Distrito apureño corno a su ciudad capital, fundada esta última por Fray Alonso el 4 de diciembre, Día de Santa Bárbara, del año de 1.774.
Tiene el Distrito
Achaguas una extensión territorial de 15.387 krns2., desde el río Apure al norte hasta el río
Cinaruco al sur. Lo integran los Municipios Achaguas
capital Achaguas, Apurito
capital Apurito, Guachara capital Guachara, Queseras del Medio capital Guasimal, El Yagual capital
El Yagual y Mucuritas capital El Samán.
Son dichas capitales de municipios sus centros poblados más importantes. Por su ubicación geográfica, es la ciudad de Achaguas encrucijada de caminos provenientes del Alto Apure,
de las costas del Meta y del Bajo Apure. Rodeada de tierras fértiles, a orillas del río Matiyure
y comunicada por buenas carreteras asfaltadas, está llamada
a ser hoy, como lo fuera
ayer, el polo de desarrollo de la llanura
apureña. En jurisdicción del actual Distrito
Achaguas, se libraron
gloriosas batallas durante
la guerra por la Independencia de Venezuela, habiendo sido las más importantes las siguientes:
El Yagual, el 8 de octubre de 1816, en la cual el General José Antonio Páez venció con sus 700 soldados al poderoso ejército realista de 2.300 hombres, que comandaba el Coronel español Francisco López. Fue un sangriento combate que produjo 1.300 bajas a dicho ejército realista y la huida del Coronel López y los 1.000 sobrevivientes, en dirección del pueblo de Achaguas.
Mucuritas, el 28 de enero de l.817, en la cual venció el General Páez con sus 500 soldados, al, numeroso ejército de 3.000 Infantes y 1.700 jinetes del General español La Torre, en una acción que hizo escribir al General Pablo Morillo el siguiente reconocimiento: "Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones me hicieron ver que aquellos hombres no era una gavilla de cobardes poco numerosa como me hablan informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de S.M. El Rey"
Las Queseras del Medio, el 2 de abril de 1.819, en la cual con apenas 150 lanceros venció Páez al numeroso y bien equipado ejercito realista al mando del propio Jefe expedicionario español, General Don Pablo Morillo. Fue la tarde del grito de "Vuelvan Caras", que hizo escribir al Libertador en su Proclama de 3 de abril de 1.819 en Potreritos Marrereños lo siguiente: "A los bravos del ejército de Apure: Soldados ! acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que pueda celebrar la historia militar de las Naciones..."
Los 150 héroes de ese día, fueron condecorados por el propio Libertador con la Cruz de los Libertadores.
La ciudad de Achaguas fue durante la guerra por la Independencia, el centro del poder económico y militar de Venezuela, al disponer Apure en abundancia, del único medio de transporte que era el caballo y de la riqueza ganadera para la alimentación de los ejércitos. Por esta razón, el General Morillo, Pacificador de Tierra Firme, al desembarcar en Carúpano en 1.815, con sus 10.000 soldados expedicionarios, se dirigió a las sabanas apureñas, en las cuales fuera vencido por Páez en Las Queseras del Medio.
Desde la ciudad de Achaguas partió el 10 de mayo de 1821, el Ejército de Apure al mando del General Páez, rumbo a la sabana in mortal de Carabobo. Eran 1.500 hombres de Caballería y 1.000 de Infantería. Arreaba dicho ejército en la misma oportunidad 2.000 caballos de reserva y 4.000 novillos, con destino a la Intendencia del Ejército patriota bajo el mando supremo del Libertador Simón Bolivar.
El Ejército de Apure se cubrió de gloria en el campo inmortal de Carabobo, el 24 de junio de 1.821. Su Jefe, General José Antonio Páez, fue ascendido por el Libertador al grado de General en Jefe. En su proclama del mismo día, escribió el Libertador lo siguiente: "Solamente la División de Páez, compuesta de dos batallones de Infantería y 1.500 jinetes, de los cuales pudieron combatir muy pocos, bastaron para derrotar al ejército Español en tres cuartos de hora."
Una vez concluida la guerra emancipadora, por Decreto de 17 de junio de 1.823 el Congreso de la gran Colombia crea la Provincia de Apure y hace de Achaguas su Capital. Desde 1836 pasó a ser San Fernando de Apure, la Capital de la entonces Provincia y hoy Estado de Apure.
LA
IMAGEN DEL NAZARENO
DE ACHAGUAS
En la Iglesia de la bicentenaria ciudad apureña de Achaguas, se venera desde 1.835, una milagrosa imagen de Jesús Nazareno, donada por el entonces presidente de la República General en Jefe José Antonio Páez, obra del tallista Rada.
Pagó así el General Páez su promesa, formulada mientras imploraba la protección divina, unas horas antes de partir rumbo a Carabobo. Durante siglo y medio es venerada la Imagen del Nazareno de Achaguas, por los devotos de toda Venezuela, quienes acuden en peregrinación el Miércoles Santo de cada año, a acompañarla en procesión por las calles de Achaguas.
Algunos llevan el hábito morado, otros sudorosos cargan la imagen, henchidos en todos el corazón, por una profunda devoción y una inquebrantable fe en Nuestro Señor Jesucristo. Desde el atardecer hasta la medianoche, encabezada por una banda que ejecuta piezas de música sacra, la multitud de peregrinos acompaña la procesión por todas las calles de Achaguas, llevando velas encendidas y rezando oraciones al Nazareno.
Lenta y acompasadamente, la multitud que ocupa varias cuadras testimonia el sentimiento religioso de los apureños y de los venezolanos todos, que cada año se dan cita en Achaguas. Las gracias por el favor recibido, las súplicas en bien de la familia, la fe en la ayuda solicitada, se conjugan alrededor del Nazareno de Achaguas, en expresión de devoción popular.
Se cuentan muchas anécdotas ocurridas durante este siglo y medio de fervor religioso ante la imagen de Jesús Nazareno. En numerosas oportunidades se le llevó en procesión, implorando las lluvias salvadoras del campo y sus rebaños; en otras para rogar al ciclo amainar torrenciales aguaceros que inundaban pueblos y sabanas.
En el verano de 1.926, hubo una gran sequía en Apure, a consecuencia de la cual morían numerosos rebaños. Una fervorosa devota, doña Petra Velásquez de Pérez, vecina de Achaguas, hizo en nombre de los ganaderos una rogativa al Nazareno, cuya Imagen llevaron en procesión por las calles de la ciudad apureña. Un fuerte aguacero cayó esa misma noche, ante el asombro y beneplácito de todos.
En el invierno de 1.945, el cura párroco de Achaguas, Padre Echenique, dispuso hacer rogativas y rezar un Novenario al Nazareno, ante la gran inundación y las incesantes lluvias que amenazaban la ciudad. A los siete días de iniciado el Novenario, cesaron las lluvias y comenzaron a bajar las aguas, ante un asombro similar.
La tradición dice que una vez trataron de llevar la imagen del Nazareno de Achaguas a San Fernando de Apure, pero se puso tan pesada cuando trataron de levantarla, que hubo necesidad de prescindir del traslado. Se cuenta que en otra oportunidad, la fina llovizna que comenzó a caer sobre la procesión, hizo que el sacerdote oficiante tomara la decisión de acortar el recorrido previsto; ante la sorpresa de todos, la Imagen creció de tamaño y no pudieron ingresarla a la Iglesia, hasta que reiniciada la procesión cumplió el recorrido en su totalidad.
En fecha muy reciente, estaba muy enferma la señora que cuidaba de la Imagen y pidió que la procesión del Miércoles Santo pasara frente a su casa. Al satisfacer su deseo, fue detenida la procesión a las puertas de la casa de dicha señora, cuyo fallecimiento acaeció en dicho preciso instante de colocar la mesa sobre la cual se llevaba la imagen, en el suelo frente a dicha casa.
Muletas, anillos, coronas de azahares, placas recordatorias, milagros prendidos a la túnica del Nazareno de Achaguas, testimonian la gratitud de un pueblo por su Santo protector. Son expresiones de la fe inquebrantable del pueblo venezolano, puesta en el Hijo de Dios, mártir por la redención de los hombres, cuya doctrina y enseñanzas se hacen más vigorosas y actuales, más fecundas y eternas, al cabo de dos siglos.
Semana Santa en Achaguas
es la esperanza de un pueblo en su destino, es el canto de un pueblo que venera la Imagen del Nazareno. A orillas del Matiyure profundo
de ripioso cauce,
frente al horizonte
inmenso de la sabana apureña, bajo esa nocturna
cúpula cuajada de estrellas y empinada sobre el marginamiento
provinciano, Achaguas, la ciudad procera
de ayer, la promisora del mañana, es toda entera un inmenso altar de su Nazareno,
hacia el cual dirigimos nuestros pasos
todos los llaneros,
en la tarde de la oración y el culto del Miércoles Santo.
Por las calles que ayer recorrieran cabalgando sus briosos corceles los lanceros de Páez, transcurre su labor con fe y esperanza, el noble pueblo
que en guardia permanente, rinde culto a la
imagen venerada y milagrosa del Nazareno de Achaguas.
El Nazareno de Achaguas tiene
una altura de 1,80 metros
y en su base de madera tiene una inscripción al relieve que dice: "José Antonio Páez".
La cruz tiene un espesor de 7 x 12,5 centímetros; su palo
mayor es de 2,70 metros y su palo menor es de 1,40 metros. Tiene la talla de madera un leve revestimiento de yeso, a pesar del cual
puede apreciarse en todo su magnífico valor
artístico, su bien modelada anatomía
en sus más mínimos detalles. La expresión
de dolor y sufrimiento en la cara martirizada, es al mismo tiempo de perdón y bondad,
de estoicismo y ternura.
En el mes de noviembre
del año de 1.977, me
fue
encomendada por el Comité de Damas que tiene a su cargo
el cuidado del Nazareno
de Achaguas, hacer restaurar
los dedos de la mano izquierda de la sagrada Imagen, cuya sección
integrada del antebrazo
y m ano, llevé a Caracas y entregué para su restauración al Señor L. Sánchez Mercader. D icho trabajo
estuvo concluido el 16
de diciembre del referido
año, fecha en la cual
llevé a Achaguas
dicha sección de la Imagen. Véase texto del
recibo por Bs. 80, costo de la reparación.
FUENTE:
La Venerada y milagrosa imagen del Nazareno de Achaguas de Eduardo Hernández Carstens. 1985.
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