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Simón Agostini Padre de Santiago Rafael Agostini |
SANTIAGO RAFAEL
AGOSTINI HOSPEDALES
Santiago
Rafael Agostini Hospedales nació en Puerto España, isla de Trinidad, en el año
1808. Hijo de Simón Agostini y María Hospedales.
Contrajo
nupcias con la escritora apureña Margarita Márquez Aranda, y el enlace tuvo una
hija, Margarita Agostini Márquez, quien se casó con el escritor y político
Francisco Pimentel Anderson, padres de Francisco [Job Pim] (1889-1942),
escritor y humorista; Cecilia (1889-1979), escritora y luchadora social; Clara;
Clemente; Vicente y Luis.
Estudió la
primaria y la secundaria en la isla de Trinidad, al finalizar lo enviaron a
Europa, donde se graduó de abogado, y continuó su formación académica en
Italia, Francia e Inglaterra. Hablaba castellano, francés e italiano.
Viajó desde
Trinidad hasta Venezuela, residenciándose primero en Valencia, Edo. Carabobo; y
luego en San Fernando de Apure. Diputado por la provincia de Apure (1844),
secretario de Interior y Justicia, Secretario de Relaciones Exteriores. En
Caracas fundó el diario El Diablo Asmodeo de Caracas, fue redactor de El
Liberal (1845), El Patriota (1846), y El Foro (1857). Apoyó las candidaturas a
la presidencia, primero del presbítero, historiador y general caraqueño José
Félix Blanco (1782-1872), en el año 1846; y luego la del General en Jefe
neoespartano Santiago Mariño Carige (1788-1854), en el año 1850.
Usó los
seudónimos Agapito Canelón, Asmodeo, Inistoga, Chacute, Luistoga y El Príncipe
Ventosista.
Formó parte
de La Galipanada, movimiento revolucionario en Venezuela ocurrido el 17 de
agosto de 1858, integrado por los liberales descontentos con el gobierno del
militar y político caraqueño Julián Castro (1805-75). Posteriormente, el
militar guariño, general de divisón Carlos Soublette (1789-1870) develó el plan
y lo detuvo. Después de la Revolución de Marzo se alejó de su vida política y
se dedicó a impartir clases de idiomas en Caracas.
Autor de los
siguientes escritos: Proyecto de
Código de Procedimiento Civil venezolano (1835); primer
proyecto de Código de
enjuiciamiento criminal (1844): Cítara del Apure o melodías del desierto
(1844), que históricamente es el primer libro de poesía impreso
en Venezuela; Pláticas de
Asmodeo sobre todas las cosas pasadas, presentes y futuras (1851); Chants
d'Inistoga ou echos du désert (1852); y Código de amor (1855); y las
obras de teatro, Cora o los hijos del Sol (1837); y Lara o un colombiano
(1843).
El escritor, periodista, dramaturgo y abogado Santiago Rafael Agostini Hospedales falleció en Caracas, el 18 de febrero de 1881.
En la publicación Troja de Libros Adolfo Rodríguez escribe lo siguiente:
RAFAEL AGOSTINI: LEGISLADOR Y HUMORISTA, PROCEDENTE DE LOS LLANOS, AUTOR DEL PRIMER LIBRO DE POEMAS PUBLICADO EN VENEZUELA
Un verdadero caso en la historia de la literatura, las ciencias jurídicas,
el humorismo y la polémica, en Venezuela, lo representa Rafael Agostini, de
origen corso, nacido en Trinidad, pero casado con apureña, vinculada a la
ganadería. Vecino ocasional de Calabozo, Agostini hace aqui de propietario de
casas y tierras, juez de la circunscripción y funciones como vicerrector en el
Colegio Nacional. Su producción intelectual comienza con sus proyectos de
códigos de Procedimiento Civil y Procedimiento Criminal, que presenta ante el
Congreso en 1835, que presentó al Congreso Nacional, pero el mismo fue
archivado; sin embargo en 1844 lo volvió presentar y fue discutido en varias
sesiones. Finalmente se arrumbarían. Luego con la publicación en 1844 de “La
Cítara de Apure o Melodías del Desierto”, reconocido hasta la fecha como el
primer poemario publicado en la historia de Venezuela. A lo cual se suma la
redacción del periódico satírico “Asmodeo” y de un curioso libro de humor
titulado “Código del Amor”
En su Proyecto de Código Criminal apela a “la razón y la filosofía” que combaten
“con tesón y perseverancia los errores de las legislaciones antiguas” y “la
necesidad de una reforma en las instituciones antiliberales que gobiernan a las
naciones”. Habla de “una rancia jurisprudencia” y que “la grandeza verdadera no
se cifra en la fuerza de las bayonetas”.
Explica que “un moderno español” refiere que “el genio del bien…ha logrado
romper las cadenas del despotismo político y religioso en que gemía el pueblo
americano”, mientras que se advierte ahora el prodigio de “rapidez con que se
derraman los conocimientos del espíritu humano, inundando…con copiosos raudales
unos piises donde parecía haber fijado su eterno imperio las tinieblas de la
ignorancia”
“Ya en V se han dado pasos agigantados…se han superado todos los obstáculos
que oponíanse a nuestra completa emancipación; y el despotismo y la
superstición han despejado para siempre de este suelo que habían asolado…”
“…déjase percibir por todas partes una fermentación saludable…. Expresión
de una necesidad real que nos impele…”
Remite a los principios luminosos que han proclamado los Montesquieu, los
Locke, los Filangeri, los Beccaria, los Contaste, los Benthan. Recordando que
“desde años atrás, y a fuer de patriota y voluntario, yo había emprendido un
grande, un inmenso trabajo sobre las leyes patrias: habíame propuesto presentar
a las cámaras legislativas cinco proyectos que abrazasen todos los ramos de la
legislación, para que discutidos y mejorados, y adoptados por el Congreso,
viniesen a ser el código de la República. No se me ocultaba la colosal y casi
invencible dificultad de la obra y la abrumante desproporción que promediaba
entre ella y mis débiles fuerzas; pero joven y ardiente, lleno de entusiasmo y
patriotismo, nada pareciame imposible, y abalanzéme, novel Alcides, a limpiar
los establos de Augias. Acometí la empresa, y publiqué en un periódico que
salía entonces, un proyecto de constitución que reformaba la existente; y muy
luego presenté al Congreso un código de procedimiento civil, código que fue
acogido por las cámaras, y encomendado a una comisión que lo examinara y luego
informase: empero allí ahogado murió. Este triste resultado de mi primer
ensayo, los trastornos que luego siguieron, y otros acontecimientos me
desmayaron en tal grado, que me retraje de todo punto de la empresa.
“Más fui luego nombrado Representante por la provincia de Apure; despertase
mi ardor adormecido, y creí que debía, como tal, sacar del polvo algunos
materiales que pudieran coordinarse para formar un código criminal; y
ocurrióseme podría por lo menos, intentar un nuevo servicio en pro de esa
patria benévola que me deparaba tan honroso encargo.
“Nombróse en 1840 una comisión permanente encargada de redactar los códigos
nacionales, y que debiera a los dos años…presentarlos al Congreso. Hasta hoy no
hemos visto los trabajos de esta comisión”, aunque si uno de comercio publicado
en la Gaceta de Gobierno. Considera que la comisión empieza por donde debe
terminar, ya que es prioritario el civil y luego el criminal antes que aquel.
Así que se atreve “a repetir hoy el ejemplo dado en 1835; me he persuadido que
como entonces, el trabajo que yo presento ahora, podrá servir siquiera de
cuadro o tronco para sobre él ingertar las ideas de otros; podrá servir, como
entonces, ara descuajar lo agrio y enmarañado de la selva que debemos
atravesar. Y si bien (como podrá acontecer) no me cupiere en ello, ni gloria ni
provecho, mi conciencia me dirá allá a mis solas, aunque oscuramente, que he
prestado un nuevo, bien que tenue servicio, a mi país; y esta será no poca recompensa”.
Lanza, pues, un código criminal, mejor dicho la segunda parte de este
código, el cual abraza solo el procedimiento de los tribunales del crimen”. Ya
que estando “empleado como magistrado en una provincia distante de la
República, y teniendo que atender a la vez a una numerosa familia y a mis
intereses particulares, no me quedaba ni el tiempo suficiente para coordinarla;
ni siquiera tenía los elementos necesarios para acometer la empresa”
Añade haber “concebido un plan inmenso y general: dividía toda la obra en
cinco partes o secciones, que abrazaban toda la legislación patria”. Una tarea
superior que se limitada a “cortar, reducir y escatimar tantas disposiciones
redundantes e innecesarias, y coordinar y clasificar con un método más
filosófico las materias que sobran. No hay ya más que inventar: los maestros de
la ciencia lo han hecho todo: nuestro trabajo se reduce a recoger lo que a cada
cual convenga….Así es que la idea matriz y dominante de mi plan debiera ser la
unidad y uniformidad de principios: de la unidad como de una fuente primitiva
hubiera emanado el todo, derramándose después cual un río en diversos raudales:
no habría sino un solo código, una sola ley dividida en secciones, en títulos y
capítulos: yo quería que se pudiese decir con verdad y sin mentira: “La Ley
dispone:”
“…mis reformas alcanzan hasta la constitución”.
“Yo decía, con un profundo filosofo moderno: “Conservación y tranquilidad,
he aquí los únicos objetos de la ciencia de la legislación… Así es que la
posibilidad de existir, y de existir de un modo agradable; la libertad de
aumentar, de mejorar, de conservar su propiedad: la confianza en el Gobernante,
en los magistrados, en los demás ciudadanos; la certeza de no poder un
individuo ser molestado obrando según los preceptos de la ley; he aquí los
resultados del principio universal de la conservación. y de la tranquilidad.
“La naturaleza del Gobierno, el carácter de los pueblos, el clima en que
vivimos, la extensión del territorio que pisamos, las ideas y aun las
preocupaciones que nos dominan, son los puntos que debemos considerar,
atentamente, antes de estampar las reglas que han de fijar nuestros pasos en la
carrera de la vida”.
Agostini divide su “trabajo” en cinco grandes secciones o códigos
particulares: el código fundamental o constitución del Estado, el código
político y administrativo, el civil, el de comercio y el criminal.
Desecha, en este último, el método absurdo e inquisitorial de los exámenes
en privado.}
Propone una nueva división territorial de la República. En secciones
judiciales, modificando algo el arreglo que existe hoy; porque “el primer
objeto que me propongo, es la facilidad y comodidad de los administrados. Así
en los distritos y circuitos, prescindo de provincias y cantones….he calculado
la población, la extensión, los recursos de todos los cantones y sobre estas
bases he levantado mi edificio”.
Recomienda el sistema que rige en Inglaterra y en la América inglesa,
“porque es el más sencillo, el más fácil y por tanto el más practicable”.
“si nunca empezamos, nunca tendremos experiencia, nunca hallaremos los
medios de vencerlas”.
Deduce que tendemos a la federación.
Con el establecimiento de “grandes yuris” considera que “entramos en el
verdadero sistema popular… la verdadera democracia, la única envidiable y
posible libertad, bajo el amparo de justas y benéficas leyes”.
Desmiente a Mr. Webster, quien en un discurso ante el monumento de Bunker´s
Hill, se atrevió a proclamar: “nosotros heredamos libertad, seguridad y leyes
fundadas sobre la ilustración y la religión; la América del Sur heredó el poder
militar Y LA TIRANIA”.
Propicia ahorros en cuanto a la retención de presos en las cárceles.
Y aspira, finalmente, “que cada cual coopere con lo que pueda a adelantar
el edificio; que todos contribuyan con sus luces a perfeccionar la obra; así
tal vez de la suma de tantos conocimientos se formará un raudal suficiente para
fecundar el campo de la inteligencia, y enriquecer la ciencia de la
legislación. Allá en la cima de las cordilleras una multitud de arroyos brotan
despreciables en su origen, siguen hasta el Naciente una misma derrota, se
tropiezan en su curso, se confunden, y al fin reunidos en un mismo alveo, forman
un caudaloso Orinoco que desemboca retumbante en el Océano”.
Anexo el “Código Criminal. Segunda parte”.
1844 será, para Agostini, un año de éxitos literarios: presenta su obra
Cora, o los hijos del sol, texto dramático, que introduce en la literatura
venezolana, por primera vez, la cuestión indigenista, aunque referida a los
quechuas, poniendo en un mismo plano de igualdad los valores ibéricos y
aborígenes. El tema gira en torno a las limitaciones con que usualmente los
convencionalismos entorpecen a los enamorados. Temática amorosa que roza en su
laergo poemario, en dos tomos, “La Cítara de Apure o Melodías del Desierto
(Poesías Lírica)” (Caracas: Imprenta Boliviana, Por D- Salazar, 1844)
considerado el primer poemario editado en Venezuela. Refiere en su prólogo,
suscrito por R.Agostini en Caracas, enero de 1844, acerca de lo que juzga un
“atrevimiento” Que hay quienes (“personas de gusto”) asegurándole que “sus
poesías merecen la impresión” Aunque confiesa no creerse poeta, “a pesar del
intenso anhelo de serlo”. Se cree carente de dos cualidades para ello: “aquella
facilidad y afluencia, y aquel tesoro de imaginación inagotable, que
constituyen al verdadero poeta”. Que no fue impedimento para que, despojándose
de “hipócrita modestia”, algunas de sus composiciones “no están desasistidas de
cierto mérito”. Que le representaron gran esfuerzo, a pesar de que autores que
cita (Osian, Metastacio, Byron, Lamartine y Espronceda) producen “sus versos a
la manera que fingen que la aurora derrama sus flores, y las flores sus
perfumes y colores, espontáneamente, con profusión y sin esfuerzo”.
Recuerda que en 1834 en el Argos de Carabobo, donde imprimía composiciones,
opinaba: “Hay pocos, o ningún poeta entre nosotros; el dulce canto de las Musas
no resuena en nuestros amenos valles; y las bellas artes y las letras apenas
tienen unos pocos aficionados en este suelo de gloria y de esperanzas. Nos
absorbe enteramente la política, y nada nos encantan los placeres de la
imaginación. De qué penderá esto? La libertad producía a la vez, en los más
felices tiempos de Atenas y de Roma, los Arístides y los Pompeyos, los
Demóstenes y Cicerones, los Píndaros y los Horacios. La política y las
ciencias, el comercio y las letras deben marchar de consuno en un estado
popular y darse las manos, como las Musas en Helicona”.
Anhela contribuir, así, a “despertar el genio poético venezolano”. Un
llamado que cree acatado, desde el Zulia al Manzanares, por cuanto hay jóvenes
lanzándose a “las vías abiertas por Byron, Schiller, La Martine, Manzini, Hugo,
Pindemonte y algunos modernos españoles”. De manera tal que feelicita al bardo
de Choroni, “arrojado sobre las huellas de Zorrilla”. Recomendándole volar “con
sus propias alas, que son poderosas y valientes”.
Lamenta la inexistencia de obras poéticas de alguna extensión ni
colecciones de poesías patrias venezolanas, excluyendo, por “estrangeros” a
Bello u Olmedo.
Presume timidez en los jóvenes bardos y se empeña en estimularlos. Para que
de ese modo tengamos nuestros Shakespeare y Gracilazo, Montis y Racines. “Y yo
habré sido, como Descartes, el atriun veritatis, el precursor de la nueva era,
el heraldo de las glorias patrias. Yo seré (permítaseme la metáfora) el lucero
que precede al Alba, la Aurora que anuncia un hermoso día: mi gloria no será
despreciable”
En “Los Preludios” de la Melodía Primera hace la habitual “advocación a la
Musa divina”, pero se proclama “torpe”, aunque “acosado por ella como
Prometeo”. Conmina a dicha Musa que lo ayude a evitar la contienda épica, “esta
escena de furores, /Musa, y busquemos en el bosque umbroso /… / De Filomela con
rabel donoso / imitaré los cánticos gentiles, / y evocando los ecos pastoriles
/ olvidaré a Belona y sus horrores”
Un amago de bucolismo sucedido por lo funeral y terminado así con esta
estrofa:
“Víctimas santas¡ …osará mi lira / exaltar vuestra fama en esta tierra; / y
dejaré caer, sobre la losa / que vuestra sombra encierra, /una lágrima, un
cántico, una rosa¡”.
Aunque la Melodía segunda está dedicada “El Padre de Colombia”, sirviéndose
de este epígrafe: “Debe el odio morir sobre la tumba”.
Imita al Dios pacífico, / Que a perdonar del alto Empíreo vuela.
El Moribundo es el título para La Melodía Tercera.
Hasta que en la cuarta aterrice en la región que motiva el poema y ha hecho
su segunda patria. Titula “Apure: 1831: El 19 de abril”, inevitablemente épico,
al parecer:
Cual de Apure frenética la onda,
Cuando ruge y se agita en furor,
Se derrama en los llanos que inunda,
Y arrebata la grey y el pastor;
Tal, siguiendo en los campos de muerte
Al intrépido y fuerte adalid,
Se derrama la invicta caterva
Que acomete al hispano en la lid.
CORO:
Diez y nueve…
Bajo el cuádruplo pie tiembla el llano
Que se cubre de un polvo letal;
…
Huid tiranos, las playas de Apure,
Huid de Apure la lanza y furor¡
La Melodía Quinta (Imitación del francés), el título EL OTOÑO anuncia el
tono intimista: “Ay¡ Cada hoja que arrojáis / Es presagio de mi muerte
…
No obstante que la Melodía sexta, bajo el título de “Callar y Sufrir” más
bien revela un modo de ser contrario que signa su vida, como confiesa: “Ah¡ mil
veces prefiero la muerte / Que a su lado callar y sufrir¡ / (…) / Si, tirana,
tu debes un día / Abjurar una ley tan severa; / O, si no eres más cruel que una
fiera, / Tú tendrías que callar y sufrir¡
La Melodía séptima (La DESPEDIDA), quizá autobiográfico, insiste en el
desamor que tematiza en su drama antes mencionado: “Como el indio a su diosa,
la Aurora / humillado a tus pies me postré.
Ya la muerte deseo… a mis males / Es el único alivio, morir¡
…Ya no debo turbar tu contento; / Debo huir y callar…Niña, adiós¡
La Melodía octava (Palinodia) abunda en estas aventuras amatorias : “Mas al
fin otra supo sensible / Apreciar mi leal corazón”.
…
Ya pasaron los días fatales
Que me hicieron ansiar el morir;
Dio el amor blanco alivio a mis males,
Y ya mi único anhelo es vivir¡
…
Ya cerróse la tumba que abierta
Parecía invitarme a bajar..
…
Me arrebata infinito contento:
Te abandono, y me voy…Niña, Adios¡
E igualmente la Melodía Nona (Sí o No):
Mi seno abrazado
En vano te adora,
Cruel, y aun ignora
Si me amas, o no.
Y la Melodía décima (El sueño)
Pero ya con la luz se matizaba
El cielo, y con la noche huía el sueño…
Ya tu no eras mi hermana… y aun te amaba¡
(soneto)
Aunque la Undécima está dedicada a La Pola, Policarpa Zalavarrieta, una
heroína neogranadina que fue motivo de muchos cantos entre los liridas
venezolanos de aquellos días:
Y para eternizar con pompa triste
El día y el lugar en que caiste,
Dicte la musa patria al doble coro
En metro funeral himno sonoro.
La Melodía duodécima (Pienso en ti), reiterativa en asuntos amatorios,
discretamente romántico:
No temas pues, oh¡…
Que falte a lo que prometí
E inútil es que yo repita:
Que pienso en ti, que pienso en ti.
La décima tercera (Alcáica de Horacio) de tema greco-latino, muy usual
entre los neoclásicos
(a modo de reprensión contra Paris)
La Melodía décima cuarta cama a Guaicaipuro, héroe indígena muy celebrado
en el siglo XIX. Lo escribe el 19 de abril de 1840
La Melodía décimo sexta, una saga-legendaria: Aníbal
La Melodía décima séptima referida a dilemas que lo atenazan : El pastor y
el soldado
Melodía décima octava: Juramento de Nise (Imitación).
En tanto que la Melodía décima nona (Adiós),, el desengaño de nuevo, aunque
sin patetismo: “Y aquel labio, ya mío, prodiga / A otro labio su miel…Ay¡
adiós”
En la Melodía Vigésima (Teolinda) Exhorta para que cumpla con su deber y
luego regrese para embriagarlo de amor.
La Melodía vigésima primera (La Felicidad), consolador: “Me resigno y solo
pido / El amor de una mujer
…Soy feliz, si me embelesa / El amor de una mujer.
….
La Melodía vigésima segunda, vuelta a la epicidad (Apoteosis de Bolívar) a
propósito de una circunstancia que paraliza casi todos los alientos del país en
aquel instante y motiva casi todos los versos que se escriben entonces: 17 de
diciembre de 1842
Guaicaipuro
Sal de la tumba inerte¡
Tu sombra al fin sacuda
El helado reposo de la muerte,
Ven el gran acto a celebrar¡ …Saluda
Con entusiasmo y con fervor profundo
Al varón grande y fuerte
Que conquistó la libertad de un mundo¡
Su nombre un culto universal reclama
En 1850 comienza Rafael Agostini la publicación del Diablo Asmodeo,
satírico y burlesco. Un humor que, en parte el Llano nutre, ya que apela a su
lenguaje: “Aquí yace un Carapacho”. En 1851 publica Pláticas de Asmodeo
(Imprenta de T. Antero): la XVIII “Regado en la silla como dicen en el Llano”.
La contestación de Juan Agapito Canelón y Cachute al sr Diablo Asmodeo
refiriéndose a los teatros en Caracas: “una especie de gallera más vieja y
sucia que algunas de nuestros pueblos del llano”, con “su techo de coleta con
guirindajos que cuelgan como grandes murciélagos en nuestras queseras
abandonadas” (pp 66-7). Y en cuanto a vías de comunicación: “seguiremos por los
mismos zangurriales, hasta que se atasquen los machitos, hasta los ojos. Y
entonces, aunque gritemos con el porreta nacional: la sabana está bellaca: /
ha…y…ya!... el mocho lo saca” Cree que “ni con ese ensalmo ni con huesito de
cochino nos salvamos. No hay tutía; y nos lleva a todos el Diablo en carrera de
mostrenco” (p 69).
Otro sí: hay más pulgas en esta capital que caribes en Apure y mosquitos en
el Guárico” (p 69).
A veces no es más que referencias a esos espacios que lo acogieron hasta
darle bienes y querencias: “anchas sabanas” (71)
Recurre a las “Las 24 razones del cura del Calvario cuando le recrimina el
corregidor de Calabozo por no haber repicado en la entrada del arzobispo a su
pueblo” (p. 72). Seguramente para satirizar un cúmulo de pretextos de alguno de
los políticos que eran objeto de sus incontenibles tirrias..
En 1851, publica Pláticas de Asmodeo sobre todas las cosas pasadas,
presentes y futuras.
De 1852, su poemario Chants d’Inistoga ou échos du desert (publicado en
París)
Y de 1855 es Código del amor. Jesús Sanoja Hernández, con el seudónimo de
Edgard Hamilton recuerda en Papel Literario de El Nacional, 9 de mayo de 1971
que “Por los tiempos en que Alejo Carpentier iba a la BN y sacaba del bolsillo
una lista de autores poco comunes, consultamos asiduamente los libros de Rafael
Agostini, Pasaron unos años y H Cuenca, investigador incansable, reveló como la
Cítara de Apure fue el primer libro de versos publicado en Venezuela y anotó
otra curiosidad de la que guardamos anotaciones en un viejísimo cuaderno cuadriculado:
que Chants….fue un poemario de Agostini escrito en francés, italiano y español.
Sin embargo Cuenca no analiza Código del Amor de Agapito Canelón que
escondía en el seud a Rafael Agostini, hombre de acción, fugas, nombres falsos,
políticas menores y mayores. Apenas lo menciona y resulta que Código de Amor
es, no tanto una “obra humorística” … El humorismo de Agostini es un manual de
trucos amorosos, con variada utilización de los cinco sentidos, muy
especialmente el tacto. Y da las señales y signos apropiados para hacerse
corresponder. En mamadera de gallo AC se cataloga como “autor” de varias obras
clásicas.
Del diccionario del amor de Agostini citemos algunas acepciones:
ANTORCHA: cuando el amor se enciende todas las demás se apagan.
CURIOSIDAD: en más de una ocasión ha hecho dar el primer paso.
CHISPA: Hija de una mirada, produce en poco tiempo un vasto incendio.
EDAD: Desde cierta época es el más importante secreto de las mujeres.
SIEMPRE: palabra vacía de sentido en los labios de una amante”.
Dos años después, Agostini integra parte del prestigioso elenco que redacta
el periódico El Foro, junto a Juan Vicente González y Luis Sanojo.
ILUSTRACIONES: A falta de la indispensable iconografía, se inserta dibujo
publicado en el periódico El Bazar representando los viajes desde San Fernando
a Caracas en el siglo XIX. Así como carátulas de dos de las publicaciones de
Agosrtini.
FUENTE:
-venezuelaehistoria.blogspot.com
-Adolfo Rodriguez
-Troja de Libros
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