Por Evis Castillo
"Guardiana de la tradición y el sabor"En el corazón del hato llanero, la figura de la mujer cocinera es mucho más que una simple encargada de los fogones; es el alma de la casa, la guardiana de las recetas ancestrales y el motor que mantiene viva la tradición culinaria de la región. Con sus manos expertas y su profundo conocimiento de los sabores locales, esta mujer se encarga de alimentar a toda la familia y a los trabajadores, conocidos como "peones", con platos que son un verdadero reflejo de la vida en el campo.
Su jornada comienza al amanecer, cuando enciende el fogón de leña, el corazón de su cocina. El humo y el crepitar de la madera son los sonidos que anuncian un nuevo día. No usa balanzas ni medidas exactas; sus recetas se basan en la experiencia, el olfato y la intuición, transmitidos de generación en generación. Los ingredientes que utiliza provienen directamente del entorno: la carne de res fresca del propio hato, la yuca, el plátano, el maíz, el arroz y los productos lácteos como el queso de mano y el suero, que ella misma puede preparar.
Entre sus creaciones más emblemáticas se encuentran el pisillo de chigüire (capibara), la carne en vara asada lentamente, los plátanos fritos, el arroz llanero y el delicioso queso de mano, que estira y moldea con destreza. Cada comida es un ritual comunitario donde todos se reúnen para compartir no solo los alimentos, sino también las historias del día. La cocinera, con su generosidad y su sazón única, asegura que nadie se vaya con el estómago vacío.
Así, la cocinera del hato llanero no solo nutre cuerpos, sino que también preserva la identidad y el legado cultural de una tierra vasta y llena de tradiciones. Su trabajo es una labor de amor y dedicación que se saborea en cada bocado, y su presencia es fundamental para la vida y el espíritu del llano.





agosto 31, 2025

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