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jueves, 17 de septiembre de 2026

EL JOROPO LLANERO ES DE COLOMBIA, DE VENEZUELA… O DE LA INMENSA LLANURA?


 

🏇Voy tras el rastro de una cultura llanera compartida. 

Escrito por El Baquiano del Joropo.

Cuando hablamos de los orígenes del joropo criollo aparece inevitablemente una pregunta:

¿El joropo llanero es venezolano o colombiano?

Después de revisar documentos antiguos, crónicas de viajeros, inventarios coloniales, obras literarias, partituras, testimonios, investigaciones musicológicas y registros fonográficos, quizá debamos formular una tercera pregunta:

¿Y si antes que venezolano o colombiano, el joropo llanero es hijo de la inmensa llanura?

De esa gran sabana que se extiende por Casanare, Arauca, Vichada, Meta y los antiguos Llanos de San Martín, en Colombia, y por Apure y otras regiones de Venezuela: un territorio comunicado durante siglos por ríos, caminos, misiones, hatos, vaquerías, comercio, músicos, instrumentos y cantos.

En El Baquiano del Joropo no pretendemos demostrar que Colombia o Venezuela “inventaron” el joropo llanero. La tesis que proponemos es distinta:

EL JOROPO LLANERO DEBE ENTENDERSE COMO EL RESULTADO HISTÓRICO DE UNA CULTURA MUSICAL DESARROLLADA EN UNA LLANURA COMPARTIDA, HOY DIVIDIDA ENTRE COLOMBIA Y VENEZUELA.

Hasta donde hemos podido verificar, Venezuela conserva una referencia escrita a la palabra “joropo” considerablemente más temprana. Pero en los Llanos colombianos encontramos, mucho antes de nuestra primera mención conocida del término, un antiguo mundo de música, baile, instrumentos, canto e improvisación.

Esto no significa que aquellas músicas fueran ya el joropo moderno ni que exista una línea directa demostrada entre cada una de ellas y la tradición actual.

Significa algo más preciso:

LA HISTORIA DE UNA TRADICIÓN NO COMIENZA NECESARIAMENTE EL DÍA EN QUE SU NOMBRE APARECE POR PRIMERA VEZ EN UN DOCUMENTO.

Con esa precaución, sigamos las huellas.

1722–1770: MÚSICA, ARPAS E INSTRUMENTOS EN EL CASANARE COLONIAL

Durante los siglos XVII y XVIII, las misiones jesuitas de Casanare, Meta y la Orinoquia desarrollaron una importante actividad musical entre las comunidades indígenas.

La historiografía regional sitúa hacia 1722–1723, en el ámbito de San Regis de Guanapalo, enseñanza musical y presencia del arpa.

La evidencia se hace más concreta en los inventarios estudiados por el musicólogo colombiano Egberto Bermúdez, a partir de documentos relacionados con la expulsión de los jesuitas y conservados en el Archivo General de la Nación.

En octubre de 1767, en la Hacienda de Caribabare, fue inventariada un arpa.

En San Miguel de Macuco, también en 1767, dentro de la casa que servía de escuela se encontraron un arpa, dos violines, un violón, dos flautas, un bajón y varias chirimías deterioradas.

En Macaguane aparece una bandola.

Y en 1770, un inventario de Nuestra Señora de la Concepción o Jiramena registró un arpa, una chirimía, dos flautas, dos violines viejos y “varios papeles de música”.

No podemos llamar joropo a estas prácticas ni establecer una continuidad directa entre aquellas arpas y el arpa llanera moderna.

Pero sí podemos afirmar que mucho antes de las primeras referencias colombianas conocidas a la palabra “joropo”, existía en los Llanos colombianos una cultura instrumental que incluía arpa y bandola.

1767–1855: MACUCO, UNA EXTRAORDINARIA SECUENCIA DOCUMENTAL

Macuco, antiguo asentamiento de indígenas sálibas sobre el río Meta y estrechamente relacionado con el espacio histórico donde posteriormente se consolidaría Orocué, aparece repetidamente en los documentos.

En 1767 encontramos allí instrumentos y una casa utilizada como escuela.

En 1811, José Cortés de Madariaga dejó testimonio de la actividad musical de los sálibas de Macuco y mencionó violines, violoncello, flauta, guitarras y triángulo.

El 14 de julio de 1855, Ramón Guerra Azuola llegó al mismo lugar y encontró un gran baile de matrimonio. Describió la agrupación musical:

CUATRO TIPLES + UN TRIÁNGULO + CATORCE CARRACAS.

Resulta llamativa la reaparición del triángulo, documentado tanto en 1811 como en 1855.

Tenemos así casi noventa años de referencias musicales en un mismo espacio llanero:

1767: instrumentos y escuela.

1811: actividad musical.

1855: música y baile comunitario.

No prueban que durante todo ese tiempo se tocara una misma música, pero convierten a Macuco en un punto documental excepcional.

En 1856, la Comisión Corográfica dejó además testimonios visuales y escritos de bailes e instrumentos en Casanare.

1815: VENEZUELA Y UNA TEMPRANA MENCIÓN DEL JOROPO

Un expediente judicial de Caracas de 1815 registra una reunión en la que se bailó “el piquiriro y el joropo” y se cantó mientras Victorio Villegas tocaba la guitarra.

Hasta donde hemos podido verificar, Venezuela posee una documentación nominal del joropo considerablemente más temprana que la encontrada hasta ahora en Colombia.

Es una precedencia documental que debe reconocerse, sin convertir la primera aparición escrita de la palabra en la fecha de nacimiento de la tradición.

1867–1876: GALERÓN, CANTO, IMPROVISACIÓN Y BAILE

En 1867, José María Vergara y Vergara escribió sobre los Llanos colombianos de San Martín y Casanare y señaló que el llanero componía lo que cantaba y cantaba lo que componía. Llamó “galerones” a aquellas composiciones populares.

Ese mismo año, José María Samper habló del galerón del llanero de las “pampas del Oriente”, relacionándolo con el caballo, los ganados, los ríos, los pajonales y la vida de las sabanas.

En 1871, José María Gutiérrez de Alba recorrió los Llanos de San Martín y describió al llanero como músico y poeta, capaz de improvisar romances para cantar sus galerones. Señaló además la presencia del tiple en fiestas y casas llaneras, donde se cantaba y bailaba, y registró en Villavicencio guitarras, tiples y bandolas.

En 1874, Nicolás Pardo asistió en Villavicencio a una reunión para conocer la música, el canto y el baile del Llano. En su libro publicado en 1875 describió el galerón como uno de los bailes llaneros más populares, acompañado por tiple, bandolón, maracas, canto y versos, y bailado por varias parejas.

En 1876, Édouard André volvió a registrar en Villavicencio galerón, canto, bandolón y vihuela.

La secuencia es significativa:

LLANERO + GALERÓN + CANTO + IMPROVISACIÓN + MÚSICA + BAILE.

FINALES DEL SIGLO XIX: CASANARE SIGUE CANTANDO Y BAILANDO

Una descripción atribuida a Lázaro M. Girón en 1885, conocida a través de investigaciones posteriores, habla de llaneros de Casanare y San Martín bailando fandango al son de la bandola y cantando romances improvisados llamados galerones.

Hacia finales del siglo XIX, Jorge Brisson describe en Casanare parejas bailando galerón con zapateado o “escobillado”.

Estas referencias requieren mayor cautela por la forma como han llegado hasta nosotros, pero son coherentes con la secuencia documental anterior.

LA VACA Y EL ARAGUATO: MEMORIAS DE CASANARE Y ARAUCA

En esta búsqueda aparecen también La Vaca y El Araguato.

Investigaciones y testimonios de cultores recogidos por Edgar Ricardo Lambuley relacionan estas antiguas manifestaciones musicales y bailables particularmente con Casanare y el sur de Arauca.

Gustavo Rodríguez identifica en ellas elementos asociados al galerón. Existen además memorias familiares casanareñas de su ejecución con tiple y furruco.

Una fuente conservada por el Banco de la República señala que en Arauquita el galerón ha sido interpretado como una variante del joropo, colocando precisamente a El Araguato como ejemplo.

No presentamos esto como una genealogía demostrada, sino como una huella de las relaciones entre antiguas denominaciones, músicas y bailes posteriormente vinculados al universo del joropo.

Guardemos el nombre de El Araguato. Volverá a aparecer.

1906–1911: FRAY PEDRO FABO Y LOS CANTOS DEL CASANARE

Fray Pedro Fabo de María, religioso agustino recoleto, llegó a Colombia en 1895. Desde 1896 estuvo vinculado a la misión de Arauca, entonces perteneciente a Casanare, y posteriormente vivió en Támara.

En 1906 publicó Poesía popular de la región colombiana de Casanare.

Allí encontramos galerones, coplas, romances e improvisación de versos.

Fabo describe grupos de llaneros reunidos en corredores de los hatos, bajo los árboles o en lugares destinados al baile, acompañándose con:

CUATRO + TIPLE + CHARRASCAS + MARACAS.

También documentó la improvisación poética entre cantadores, relacionada con la tradición que posteriormente reconocemos en el contrapunteo llanero.

En 1911 reunió y amplió parte de sus investigaciones en Idiomas y etnografía de la región oriental de Colombia.

Su testimonio demuestra que al comenzar el siglo XX existía en Casanare un complejo musical, poético y bailable plenamente vivo y documentado.

COMIENZOS DEL SIGLO XX: CRAVO NORTE, LAS ARPAS Y EL INDIO FIGUEREDO

Fuentes biográficas sobre el célebre arpista apureño Ignacio “El Indio” Figueredo, nacido en 1900, señalan que comenzó su aprendizaje siendo niño con un “arpa colombiana”. Las fuentes difieren sobre la edad exacta; una versión sitúa el comienzo aproximadamente hacia 1909.

Las investigaciones de Edgar Ricardo Lambuley aportan otra pieza: testimonios recopilados por él señalan que Cravo Norte, Arauca, conservó tradición de arpa y contó con fabricantes del instrumento.

Además, una de las arpas con las que habría aprendido Figueredo habría sido fabricada en Colombia, en Arauca, y al parecer provenía de Cravo Norte.

Esto no llena el vacío documental entre las arpas de las misiones del siglo XVIII y el arpa llanera del siglo XX.

Pero sí permite sostener que Colombia no era ajena a la historia temprana del arpa llanera y refuerza la imagen de una circulación musical entre Arauca y Apure que no puede explicarse simplemente en una sola dirección.

1911: JOROPO EN SAN MARTÍN

El 20 de julio de 1911, Antonio José “Ñito” Restrepo pronunció en Bogotá su discurso sobre la poesía popular colombiana.

Recordó que él mismo había visto bailar el joropo y escuchado sus trovas “en San Martín, primero”, y luego en Valencia y otros lugares de Venezuela.

Aquí la evidencia es inequívoca:

JOROPO.

BAILE.

TROVAS.

SAN MARTÍN, COLOMBIA.

Restrepo habla como testigo presencial.

Sabemos además que estuvo en los Llanos y pasó por Villavicencio rumbo a su confinamiento en Orocué en 1905, cuando Villavicencio pertenecía a la región de San Martín.

¿Fue entonces cuando vio aquel joropo?

Es posible, pero no tenemos un documento que permita afirmarlo. Por ahora, 1911 es la prueba explícita que podemos sostener.

1922–1924: LA VORÁGINE, EL JOROPO Y “EL LLORAO”

José Eustasio Rivera, conocedor directo de los Llanos y la Orinoquia, escribió La vorágine entre 1922 y 1924 y publicó su primera edición en 1924.

En la novela utiliza la palabra “joropos” para referirse a reuniones o fiestas llaneras, mientras el glosario de la propia obra define:

“Joropo: baile llanero.”

También aparece “el llorao”, un cantar acompañado por maracas.

No afirmamos que El Llorao fuera joropo. Rivera documenta su presencia dentro del mismo universo cultural llanero de comienzos del siglo XX.

1925: ARTURO LAMUÑO Y EL ARPA EN ARAUCA

Hacia 1925, la tradición histórica sitúa en Arauca al arpista venezolano Arturo Lamuño, recordado por tocar y enseñar el instrumento.

Después de encontrar arpas en inventarios coloniales y referencias a fabricantes en Cravo Norte, no resulta sostenible presentarlo como quien introdujo por primera vez el arpa en Colombia.

Su presencia documenta mejor la circulación de músicos, repertorios, conocimientos e instrumentos entre Apure y Arauca.

La frontera política existía, la música seguía cruzándola.

DÉCADA DE 1930: ALEJANDRO WILLS Y EL JOROPO EN EL INTERIOR DEL PAÍS

Alejandro Wills, compositor, cantante, guitarrista y tiplista colombiano, incorporó músicas asociadas al Llano dentro de una obra que alcanzó circulación mucho más allá de la región.

Dos títulos resultan especialmente relevantes:

El Voluntario.

Galerón Llanero.

El Voluntario, con música de Wills y letra de José Joaquín Jiménez, aparece identificado documentalmente como joropo y quedó asociado al ambiente patriótico del conflicto colombo-peruano.

Esto muestra que el joropo había entrado también a los repertorios y circuitos musicales del interior del país.

EL ARAGUATO, ALEJANDRO WILLS Y EL DISCO

Aquí reaparece El Araguato.

Investigaciones posteriores relacionan esta pieza con la base utilizada por Alejandro Wills para su Galerón Llanero.

Las fuentes no siempre clasifican la obra de la misma manera: unas la denominan galerón y otras la ubican dentro del repertorio relacionado con el joropo. Esto muestra que las categorías musicales llaneras no siempre tuvieron las fronteras rígidas que posteriormente les asignaron las clasificaciones modernas.

En 1938, Los Llaneros de Alejandro Wills grabaron Galerón Llanero junto con La india se largó con otro. La grabación se realizó en el estudio de la emisora gubernamental HJN y posteriormente fue prensada en Nueva York por Victor.

Tenemos así evidencia de repertorio vinculado al universo musical llanero colombiano llevado al disco antes de la gran expansión fonográfica de las décadas siguientes.

MEDIADOS DEL SIGLO XX: LUIS ARIEL REY Y LA EXPANSIÓN DEL JOROPO GRABADO

Luis Ariel Rey, “El Jilguero del Llano”, junto con sus hermanos y el conjunto Los Llaneros, se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la difusión del joropo colombiano mediante grabaciones y presentaciones.

Entre las piezas asociadas a aquella etapa aparecen Ay, sí, sí; Seis Numerao; La Tigra Cebada y Gavilán Currulao.

Su importancia no radica en haber realizado necesariamente la primera grabación colombiana relacionada con el joropo, pues existen antecedentes como Alejandro Wills, sino en su papel decisivo en la expansión y popularización de la música llanera grabada.

Durante las décadas siguientes, el arpa adquirió creciente protagonismo dentro del formato comercial colombiano hasta convertirse en uno de los grandes símbolos sonoros actuales del joropo.

1949–1953: GUADALUPE SALCEDO Y LOS CORRIDOS DE LA REVOLUCIÓN LLANERA

A mediados del siglo XX, la música llanera se convirtió también en relato y memoria de los acontecimientos vividos en las sabanas.

En aquellos años surgieron los llamados corridos revolucionarios o guadalupanos, que narraron personajes y episodios de aquella época.

En ese escenario aparece José Guadalupe Salcedo Unda, protagonista de aquellos acontecimientos y también vinculado al canto y a la composición popular llanera.

Entre las piezas que le han sido atribuidas está La Revolución del Llano, corrido posteriormente interpretado y grabado por Orlando “El Cholo” Valderrama.

Los corridos guadalupanos muestran cómo el llanero convirtió su propia historia en versos, música y memoria.

El corrido también contaba la historia del Llano desde el propio Llano.

EL JOROPO ANTIGUO NO TENÍA UN SOLO FORMATO INSTRUMENTAL

Cuando hoy pensamos en joropo imaginamos:

ARPA + CUATRO + MARACAS.

Pero los documentos recorridos en esta investigación muestran una instrumentación mucho más diversa:

arpas, tiples, bandolas, bandolones, guitarras, violines, violón, flautas, triángulos, carracas, charrascas, maracas, furruco y cuatro.

Carlos “Cuco” Rojas ha señalado esa diversidad y el papel posterior de la discografía y la radiodifusión en la consolidación del conjunto llanero moderno.

Por eso no debemos proyectar hacia el pasado el formato instrumental actual.

La historia debe mirarse con los ojos de cada época.

¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE EL GALERÓN Y EL JOROPO?

Durante buena parte del siglo XIX colombiano, las fuentes hablan repetidamente de galerones, mientras la palabra “joropo” tarda más en aparecer de manera inequívoca.

El galerón aparece como composición poética y canto, pero también asociado a música, improvisación, baile y fiesta.

Una referencia conservada por el Banco de la República señala que en Arauquita el galerón ha sido interpretado como una variante del joropo, con El Araguato como ejemplo.

Por eso resulta más preciso entender al galerón no como sinónimo exacto del joropo, sino como una antigua modalidad, aire o variante vinculada a su complejo histórico.

De allí surge una conclusión esencial:

NO DEBEMOS BUSCAR LA HISTORIA DEL JOROPO SOLAMENTE BAJO LA PALABRA “JOROPO”.

También debemos seguir los nombres con que cada época identificó sus músicas, cantos y bailes

ENTONCES, ¿DE QUIÉN ES EL JOROPO?

Después de seguir estas huellas, podemos separar lo comprobado de lo que todavía no podemos demostrar.

Venezuela posee, hasta donde hemos podido verificar, una documentación nominal del joropo considerablemente anterior a la colombiana. Colombia conserva desde mucho antes numerosas evidencias de un mundo musical llanero y llega en 1911 al testimonio inequívoco de Antonio José Restrepo: joropo y trovas “en San Martín, primero”.

De allí nuestra tesis:

EN COLOMBIA TARDAMOS EN ENCONTRAR ESCRITO EL NOMBRE, PERO ENCONTRAMOS MUCHO ANTES SU MUNDO CULTURAL.

Durante siglos, Casanare, Arauca, Meta, San Martín y Apure estuvieron comunicados. Por allí circularon personas, instrumentos, versos, maneras de tocar y formas de bailar.

La frontera política dividió el territorio.

La cultura llanera siguió atravesándolo.

Quizá algún día aparezca en una carta, un expediente o un periódico olvidado ese “joropo” colombiano anterior a 1911 que todavía no hemos encontrado.

Mientras tanto, no necesitamos inventarlo.

Colombia tiene una historia joropera antigua.

Venezuela también.

Por eso, más que buscar su origen exclusivo en uno u otro país, los documentos nos invitan a entender el joropo como hijo de una historia cultural compartida en la inmensa llanura.

Esto no le quita nada a Venezuela ni a Colombia.

Les devuelve a ambas una historia compartida.

LA INMENSA LLANURA QUE LAS UNE.

FUENTES ESENCIALES CONSULTADAS

Egberto Bermúdez, La música en las misiones jesuitas en los Llanos Orientales colombianos, 1725–1810 — documentación e inventarios relacionados con la actividad musical de las misiones.

José Cortés de Madariaga, testimonio de su recorrido de 1811 — actividad musical de los sálibas de Macuco.

Ramón Guerra Azuola, Apuntamientos de viaje — Macuco, 1855.

José María Vergara y Vergara, Historia de la literatura en Nueva Granada, 1867 — galerones de San Martín y Casanare.

José María Gutiérrez de Alba, Impresiones de un viaje a América, tomo V, 1871 — galerones, improvisación, instrumentos, canto y baile.

Nicolás Pardo, Correría de Bogotá al territorio de San Martín, 1875 — galerón observado en Villavicencio en 1874.

Pedro Fabo, Poesía popular de la región colombiana de Casanare, 1906, e Idiomas y etnografía de la región oriental de Colombia, 1911.

Antonio José Restrepo, La poesía popular en Colombia, 1911 — testimonio sobre joropo y trovas en San Martín.

José Eustasio Rivera, La vorágine, 1924 — referencias al joropo y al “llorao”.

Edgar Ricardo Lambuley Alférez — investigaciones sobre La Vaca, El Araguato, antiguas formaciones instrumentales, fabricación de arpas en Arauca y Cravo Norte y el arpa colombiana vinculada al aprendizaje de Ignacio “El Indio” Figueredo.

Fuentes biográficas sobre Ignacio “El Indio” Figueredo — aprendizaje infantil con un “arpa colombiana”.

Alejandro Wills — Galerón Llanero y El Voluntario; partituras, registros históricos y documentación fonográfica.

Registro fonográfico de Galerón Llanero, Alejandro Wills y Los Llaneros, 1938.

Carlos “Cuco” Rojas — investigaciones sobre la diversidad instrumental histórica del joropo y la posterior consolidación del conjunto llanero moderno.

Fuentes históricas y estudios sobre Arturo Lamuño y Luis Ariel Rey.

Fuentes documentales e investigaciones sobre José Guadalupe Salcedo Unda, los corridos guadalupanos y La Revolución del Llano.

Repositorios y obras de contraste: Archivo General de la Nación; Biblioteca Nacional de Colombia; Biblioteca Luis Ángel Arango–Banco de la República; Academia Colombiana de Hi

domingo, 16 de julio de 2023

QUIRPA Y SU LEYENDA

 


El Joropo es un símbolo de identidad nacional y es uno de los bailes más tradicionales de la cultura venezolana, de su música y su baile intervinieron ritmos, estilos y sonidos de lugares muy lejanos y de tiempos inmemorables.

Vamos a hurgar un poco para  conocer más sobre uno de sus ritmos y su historia.

QUIRPA. 

Quirpa es un canto y ritmo de corte recio, que se toca en los bailes llaneros.

Quirpa proviene del latín "chirpa" (kirpa) y se refiere al canto interactivo-hablante de los pájaros. Dado que la Latinoamerica fué redescubierta y recolonizada en los tiempos tordíomedievales del "latín vulgar" o sea del "latín hablado" (a dferencia del "latín clásico" escrito) la palabra latina chirpa (pronunciada kirpa) fué introducida en la lengua popular del llano venezolano por vía de los sonetos de rima, así como de duelo poético cavalleresco (Florentino-Italiano, Privincial-Francés. ...) cantado y conocido en el tardío medioevo como "tenzón(e)". Lo interesante del caso es que esta tradición poetica cantada haya sobrevivido en los más reconditos lares populares latinoamericanos por ser practica artistica de populaciones no sometidas a la temprana y rigurosa escolarización lingüistica durante los tiempos del nacionalismo étnico-territorial y después del nacionalismo étnico-capitalista-industrial.

La palabra quirpa no es de orígen venezolano, pero ahora una palabra de una tradición artística nacida en los tiempos del "latín popular, hablado o vulgar" que sobrevivió en Venezuela.

Otra versión dice que su nombre lo inspiró un llanero genuino, de temple recio, arpista, famoso en el llano como contrapunteador, a quien le decían Quirpa, quien se convirtió en leyenda del llano venezolano.

Don José Antonio Oquendo o mejor conocido como el maestro Quirpa fue un ganadero de finales del siglo XIX.

Dicen que donde llegaba Quirpa, enseguida se encendía la fiesta. Muchos cantantes y músicos del llano, interpretan esta expresión musical, como lo hacía Quirpa, ese hombre al que le decían que era un llanero de a caballo.

La historia del legendario Quirpa ha sido motivo de inspiración infinita de cantantes y compositores, y el ritmo además se ha inmortalizado en grabaciones cantadas y en piezas instrumentales.

En una recopilación hecha por Cipriano Moreno sobre este personaje, dice lo siguiente:

A mediados del siglo XIX, cuando cesaron un poco las revoluciones del país, como la Guerra Federal, la Revolución de Azul o la Guerra del 92, aprovechaban los comerciantes de la época para trasladarse por los difíciles caminos que venían o Iván, desde los llanos orientales o centrales a vender sus mercancías y a comercializar el ganado, siendo el único medio de transporte los burros, bueyes y mulas que conformaban los arreos, y por supuesto el caballo, animal importante y primordial del llanero parra arrear las madrinas de ganado que serían vendidas a las tropas del gobierno y exponiéndose al peligro de los asaltadores de caminos, los cuales asesinaban para robar el ganado y así satisfacer el hambre de sus tropas de forajidos diezmados por la guerra.

Uno de estos tantos comerciantes, fue JOSÉ ANTONIO OQUENDO, al que apodaban “QUIRPA”, (Kirpa) llanero de a caballo, buen ganadero de soga en mano y a píe, cantador recio de la sabana, buen coplero, buen contrapunteador, su voz era reconocida en cada uno de los pueblos y rincones mas apartados de la inmensidad del llano.

Con certeza no se sabe su lugar de origen, algunos decían que era de Apurito, Palmarito ó Guasdualito, lo cierto es que era hijo de la inmensa tierra llanera.

Siempre le acompañaba su amigo y compañero de faena y parranda, “EL GUITARRERO”, y junto a ellos no faltaba la mula, la cual llevaba sobre su lomo, “la camoruca” o arpa llanera, instrumento musical, el cual “QUIRPA”, (Kirpa) ejecutaba magistralmente, convirtiéndose en el coplero que se auto-acompañaba, con su grito de guerra: “...llego “QUIRPA”, el arpista y buen coplero. Vamos a ver quien responde, acompáñame guitarrero” . y así se prendía la fiesta, donde se divertía la gente en tarantines y pulperías, entre palos de aguardiente y el relancino contrapunteo.

En uno de estos viajes, JOSÉ ANTONIO OQUENDO, “QUIRPA”, venía hacia Caracas, con una madrina de ganado llegando a San Sebastián, le comento a su “GUITARRERO”: “...mire compa ya vamos llegando a San Sebastián, dejamos allí los peones que cuiden el ganao y usted y yo nos ajilamos un poquito más arriba, y nos llegamos a Güiripa pueblo fresco y de mujeres bonitas, yo tengo muy “guenas” relaciones con esa gente, y vamos a parrandeá tó la noche, y “jembra” que se me alebreste, me la llevo en los cachos...”

Fue así como ”EL GUITARRERO” preparo la mula con el arpa, en un saco metió unas garrafas de ron, su “porsiacaso” con queso, casabe y papelón, limpió y afino su guitarra (cuatro) y emprendieron el viaje hacia Güiripa.

Ya “QUIRPA”, era conocido ampliamente en el pueblo, su fama había llegado hasta Güiripa, y en una sola voz se oían a los lugareños: “...epa cuñaó a pararse que llego Quirpa..” Es así como uno a uno, los moradores se fueron preparando para el gran parrando, llegaron hasta las orillas del río, donde se prendió la gran fogata, y las treinta y dos cuerdas del arpa, ejecutadas por “Quirpa” y acompañado por el guitarrero; arrancaron con una “guacharaca”, la cual puso en calor a hombres y mujeres que al compás del zapateo, comenzaban la gran fiesta.

A medida que las horas pasaban, el parrando tomaba más color, y bajo los efectos del alcohol, “Quirpa” y “El Guitarrero” no dejaban de tocar, lanzando coplas tras coplas en recios contrapunteos, entre “Quirpa” y los cantadores de la zona, los cuales uno a uno caían vencidos por los versos “mata copleros” que con destreza “Quirpa” les refutaba. Bajo el fragor del baile, cuentan, que “Quirpa” puso los ojos en una morena despampanante que también le correspondía, haciéndole “ojitos”. “Quirpa” inspirado por la belleza de esta mujer, se olvido de sus contrarios, y comenzó a galantear con sus versos a la fémina, destacando todos los atributos que a ella adornaban; pero, como siempre hay un “pero”, la mujer tenía “dueño”, y su “dueño” también era coplero, y así salió retando a “Quirpa” improvisándole versos fuertes u ofensivos, los cuales a “Quirpa” no le hicieron mella y le replicaba en forma tan relancina, ridiculizándolo, viéndose ya perdido y muerto de rabia por los celos y la impotencia por no lograr su objetivo contra “Quirpa”, el marido celoso, dicen, lanzo este verso: “... si has llegado a estos lares, viniendo desde tan lejos, ya se te acabo el carburo, tu eres un pobre pendejo y que se sepa en Caracas también en el mundo entero que aquí en Güiripa señores, no quieren a los llaneros..”, he inmediatamente dando un salto felino, puñal en mano, de un solo tajo corto las 32 cuerdas del arpa que con maestría tocaba “Quirpa”, y es así como se prende el berenjenal, “Quirpa” como buen llanero, se enfrento a puño limpio contra quien ozó dañar su arpa, en medio de la trifulca “Quirpa” recibe certera puñalada, que le quita la vida en el acto. El Guitarrero en defensa de su patrón y compañero de parranda sale en su defensa, pero también es herido, dicen, recibió hasta dieciséis puñaladas, salvando la vida de puro milagro.

Cuentan, que después de la escaramuza, todo quedó en silencio, y en medio de la semioscuridad, solo se destacaban dos cuerpos tendidos sobre la tierra, el de “QUIRPA” y “EL GUITARRERO”, y la sangre que fluía de las heridas, llegaba hasta el río, tiñendo las aguas de rojo, los cuales serpenteaban corriente abajo, siguiendo su propio cause.

Edgar Colmenares del Valle nos habla sobre Quirpa y sus andanzas de la siguiente manera:

Quirpa es uno de los tantos joropos anónimos que, desde un tiempo remoto e impreciso, forma parte del patrimonio musical del llano venezolano. Pertenece al género del llamado joropo recio y es frecuente oírlo como pieza instrumental, como composición cantada a una voz o como fondo musical de un contrapunteo. También tiene versiones corales. Se estima que toma su nombre del apodo o del nombre de un personaje en torno al cual se creó una leyenda que se consagró en el imaginario popular a través de un texto en versos que narra ciertos aspectos de la historia de este personaje, particularmente los relacionados con su origen, su oficio y su muerte en Güiripa, una población cercana a San Sebastián de los Reyes en el estado Aragua. Tal texto, y la música con que se le canta, se convirtió en el instrumento divulgador de esta leyenda que, de este modo, se hizo parte de la tradición folklórica llanera y, desde este espacio, siempre a través de la música y el canto, se extendió por una buena parte de Venezuela y por otros países. A medida que se ha dado esta extensión, al canto original, como suele suceder con las leyendas, se le han modificado o agregado determinados elementos que, funcionalmente, operan como variantes de la historia primordial. Además, como ha sucedido con un sinnúmero de joropos y pasajes entre los cuales están el Pajarillo, el Gabán, el Zumba que zumba, San Rafael y otros, se han producido nuevos textos que se cantan al son de la música del joropo original a pesar de que sus letras no guardan relación alguna con la historia de Quirpa...

Esta historia, que tiene como eje accional la muerte de Quirpa a manos de un contrincante en el canto y en el lance amoroso de ocasión, se repite, a veces textualmente, en casi todas las páginas dedicadas a Quirpa. Sin embargo, entre las revisadas, hemos encontrado dos páginas que difieren de la versión anteriormente descrita. En una de ellas, leemos:

Cuenta el abuelo que en la versión por él conocida, Quendo (no Oquendo), pescador, hombre habilidoso en las coplas e interpretación del arpa, apodado Quirpa, venía por los Valles del Tuy, desde Achaguas, vendiendo pescado seco. En el camino lo emboscó Pío Morales quien, tomándolo por sorpresa, lo mató a machetazos. No se sabe a ciencia cierta el motivo de la emboscada, pero probablemente había una mujer de por medio. Cuenta el abuelo, que las 32 cuerdas cortadas e incluso las heridas del guitarrero son producto de la imaginación y de las modificaciones de la historia al pasar de generación en generación.  

De la otra página, concebida como un homenaje al poeta de la llanura, el camaguanero Germán Fleitas Beroes, autor de numerosos pasajes musicalizados por Juan Vicente Torrealba y de una versión de Florentino y el Diablo titulada La majada del Diablo, transcribiremos algunos párrafos. 

En esta página, en primer lugar, se cuenta una historia que difiere totalmente de la versión anterior, radicada fuera de Güiripa y protagonizada por José Antonio Quirpa, Juan Rafael Zárate y unos “arreadores de ganado procedentes del Alto Llano”. Cuenta el poeta Fleitas Beroes:

Cuando la muchacha campesina le preguntó a José Antonio Quirpa el nombre de un “golpe” compuesto por él que ya se estaba haciendo popular en la Villa de San Jaime y sus alrededores, éste le contestó: -Se llama El golpe que hace llorar.

Algún tiempo después, cuando fue asesinado por hombres arreadores de ganado procedentes del Alto Llano, las masas populares, como homenaje póstumo al arpista, comenzaron a llamar aquel “golpe”, primero Quirpa y después La Quirpa.

Juan Rafael Zárate, su cuatrista y amigo, también fue macheteado aquella noche. Semanas después llegó a Camaguán, donde vivía con su mujer Clara Blanco de Zárate (Ña Clara Blanco) y sus hijos Antonio y Félix. 

Esta versión, independientemente de que sea verdadera o falsa, es verosímil, es decir, es pensable. Sobre todo si se toma en cuenta el hecho de que Quirpa, además de ser un apodo, también es un nombre propio de personas. Por lo demás, la ambientación de la historia en otro sitio diferente del que se tiene como auténtico o como original es un rasgo característico de las leyendas. Con frecuencia, las leyendas, al igual que las lenguas, se regionalizan. Otro elemento interesante en esta versión de Fleitas Beroes es la identificación de El guitarrero como Juan Rafael Zárate, amigo y cuatrista de Quirpa. Y no menos interesante es el uso del término cuatrista en lugar de guitarrero. Particularmente, creo que en la Quirpa el término guitarrero no es un apodo sino la designación de una persona ejecutante de la guitarra.

Luego de esta historia que ubica a Quirpa en la Villa de San Jaime y sus alrededores, en esta misma página que estamos considerando se expone otra versión, quizás menos divulgada, recogida también de la tradición oral por el poeta Fleitas Beroes. De acuerdo con ella, la muerte de Quirpa fue en “un punto ubicado en la costa del Meta”:

Germán Fleitas Beroes, hizo un estudio detallado de Quirpa, con base a la tradición oral de gente del llano que a su vez lo escuchó de sus abuelos. Llega a la conclusión, aunque no contamos todavía con el análisis completo, que Güiripa no es el pueblo del estado Aragua donde incluso está identificado el sitio donde presuntamente sucedió este suceso, sino de un punto ubicado en la costa del Meta, visitado por el Padre Madariaga a su regreso de Bogotá. Cuenta la tradición oral de la familia Fleitas, que ante esta teoría, hay quien ha alegado su imposibilidad, pues estando este segundo punto ubicado en el llano, no tendría lógica el verso “no quieren a los llaneros”, sin embargo, él solía explicar que en aquellos tiempos, se le llamaba llanero únicamente al hombre de faena. El resto de los habitantes de ciudades y pueblos del llano, no llevaban ese calificativo, por lo que desde este punto de vista, pudiera interpretarse que los llaneros que mataron a Quirpa, eran peones u hombres de faena.

En definitiva tenemos una historia con varias versiones, un joropo y un nombre legendarios, popularizados y consagrados a través del canto y la poesía: Quirpa.

Cronológicamente, de acuerdo con nuestra competencia como estudioso y coleccionista de la música llanera, el primero en grabar Quirpa fue Ángel Custodio Loyola acompañado por el Indio Figueredo. Sin duda, esta grabación está entre las primeras hechas en Venezuela con música de arpa, cuatro y maracas. Junto con Loyola y Figueredo, también en esa oportunidad grabó como cantante Valeriano Mendoza de quien, lamentablemente, poca es la información que tenemos acerca de él y de su trayectoria artística. Mis amigos, el cronista de Calabozo José Antonio Silva Agudelo y el maestro Manuel Luna, ambos ya fallecidos, coincidieron en decirme que Valeriano era primo de Lucio Mendoza el autor de la música de Cajón de Arauca apureño y arpista de Los Guariqueños. “Fue a él -nos dijo Manuel Luna en una de las tantas veces que hablamos de su legado como arpista y compositor y de su mundo en San Rafael de Atamaica- a quien yo sustituí como arpista en el conjunto de mi compadre Loyola”. En memoria de Valeriano, injustamente olvidado a pesar de ser uno de los pioneros en estos primeros pasos de la música llanera como proposición artística formalmente organizada y como proposición de identidad regional y nacional.


Recopilación de Orlando Nieves 

Fuentes:

✓RAE

✓Wikipedia

✓Library.co

✓Culturallanera7.blogspot.com

✓Música venezolana.com

✓Orinocopadrerio.blogspot.com

✓Músicallanera.net

✓Narkive.com

✓EdgarColmenaresdelValle.com

 
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