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sábado, 4 de abril de 2026

LEYENDA DE FLORENTINO Y EL DIABLO

 

Estatua de Florentino y el Diablo en el Parque
Las Malokas en Villavicencio, Colombia


Florentino y el Diablo

La leyenda de Florentino y el Diablo, escrita por primera vez por el poeta Alberto Arvelo Torrealba en 1940, es uno de los cuentos llaneros más conocidos en Venezuela – y uno de los cuentos venezolanos más conocidos en toda América Latina. Se trata de un contrapunteo, una especie de batalla musical, entre un llanero "catire" y un "hombre ... indio," el cual es una manifestación de Satanás. Después de haber propuesto el reto durante un encuentro el la sabana, el diablo aparece en la puerta del llanero y "con su canto lo saluda." Con esto, el contrapunteo comienza y dura una noche entera. Al final, al invocar la santísima trinidad y otros santos cristianos, Florentino gana la batalla.

Desde su concepción, el poema original ha sido adaptado en varias canciones, películas, obras de teatro, obras de arte, e incluso la estatua en la fotografía de arriba. 

Esta estatua merece su propio análisis. La obra se encuentra en el Parque Las Malokas en Villavicencio, una ciudad colombiana al borde de los llanos. Primeramente, el hecho de que esta historia venezolana haya tenido un impacto tan grande en Colombia no solo demuestra su poder como folklore; también demuestra que la frontera entre las dos naciones no es tan importante como la cohesión de la región. Claramente no detiene mucho el movimiento de las ideas y de la cultura popular.

Volviendo a la estatua, esta representa el enfrentamiento del protagonista y el antagonista de la historia de Florentino. El propio Florentino se encuentra agachado debajo del diablo, sosteniendo un machete en la mano derecha. Lleva puesto un sombrero y ropa de trabajo y su postura transmite su coraje ante la adversidad del diablo. Por otra parte, el diablo es una figura aún más intimidante: se ve mucho más grande que Florentino, con una pata de pezuña colocada encima de lo que pueda ser o una piedra o un fardo de heno. Con la piel de un color rojo oscuro – un color estereotípicamente utilizado para caracterizar a las personas indígenas – el diablo aparece en una forma híbrida, parte humano y parte animal. En la mano izquierda – la mano asociada con el diablo – sostiene un tridente. Con la lengua afuera y con una musculatura notable, se ve como una figura salvaje, sin embargo a punto de ser domada por la figura de Florentino. Esta escultura es una buena representación de la "alma llanera," del coraje frente a las grandes amenazas del mundo fuera de las comunidades llaneras, el cual sirve para proteger lo que es, metafóricamente, su útero social, por lo que se entiende en su comunidad. Al mismo tiempo, es una forma física de lo que leemos en el poema sobre la identidad del diablo: es decir, la típica concepción de lo inexplicable y lo desconocido como un extranjero – en este caso, un "indio" – amenazante.

Al final de esta sección, he también incluido el audio y la letra de una adaptación musical de la leyenda. Realizada por dos cantantes venezolanos, Armando Martínez y el "Carrao de Palmarito" Juan de los Santos Contreras, esta canción demuestra el poder de la tradición oral llanera, la cual transmite la emoción y el miedo con el hábil uso de la voz y de instrumentos como el arpa llanera y el cuatro, una guitarra venezolana de cuatro cuerdas. 

Esta versión de la historia también enfatiza la yuxtaposición entre la cristiandad de los llaneros y la naturaleza de los llanos. Como ya lo hemos insinuado, desde la perspectiva llanera, estos aspectos desconocidos y amenazantes de la naturaleza podrían incluir los pueblos indígenas. Además del racismo en la sociedad venezolana, esto podría explicar el aspecto "indio" del personaje del diablo. Al afirmar la posición del indígena como fuera de la esfera social llanera, la leyenda de Florentino y el diablo sirve para reforzar la identidad – y como resultado, la endosfera – llanera frente a las percibidas fuerzas del mal, las cuales pueden ser informadas tanto por lo material como lo ideológico.

Florentino y el Diablo

Alberto Arvelo Torrealba

La porfía

Noche de fiero chubasco

por la enlutada llanura,

y de encendidas chipolas

que el rancho del peón alumbran.

Adentro suena el capacho,

afuera bate la lluvia;

vena en corazón de cedro

el bordón mana ternura;

no lejos asoma el río

pecho de sabana sucia;

más allá coros errantes,

ventarrón de negra furia,

y mientras teje el joropo

bandoleras amarguras

el rayo a la palma sola

le tira señeras puntas.


Súbito un hombre en la puerta:

indio de grave postura,

ojos negros, pelo negro,

frente dé cálida arruga,

pelo de guama luciente

que con el candil relumbra.


Un golpe de viento guapo

le pone a volar la blusa,

y se le ve jeme y medio

de puñal en la cintura.


Entra callado y se apuesta

para el lado de la música.


Oiga vale, ese es el Diablo.

—la voz por la sala cruza.


Mírelo cómo llegó

con tanto barrial y lluvia,

planchada y seca la ropa,

sin cobija ni montura.

Dicen que pasó temprano,

como quien viene de Nutrias,

con un oscuro bonguero

por el paso de Las Brujas.


Florentino está silbando

sones de añeja bravura

y su diestra echa a volar

ansias que pisa la zurda,

cuando el indio pico de oro

con su canto lo saluda.


El Diablo


Catire quitapesares

contésteme esta pregunta:

¿Cuál es el gallo que siempre

lleva ventaja en la lucha

y aunque le den en el pico

tiene picada segura?


Florentino

Tiene picada segura

el gallo que se rebate

y no se atraviesa nunca,

bueno si tira de pie,

mejor si pica en la pluma.


El Diablo

Mejor si pica en la pluma.

Si sabe tanto de todo

diga cuál es la república

donde el tesoro es botín

sin dificultá ninguna.


Florentino

Sin dificultá ninguna,

la colmena en el papayo

que es palo de blanda pulpa:

el que no carga machete

saca la miel con las uñas.


El Diablo

Saca la miel con las uñas.

Contésteme la tercera

si respondió la segunda,

y diga si anduvo tanta

sabana sin sol ni luna

quién es el que bebe arena

en la noche más oscura.


Florentino

En la noche más oscura

no quiero ocultar mi sombra

ni me espanto de la suya.

Lo malo no es el lanzazo

sino quien no lo retruca:

tiene que beber arena

el que no bebe agua nunca.


El Diablo

El que no bebe agua nunca.

Así cualquiera responde

barajando la pregunta.

Si sabe dé su razón

y si no, no dé ninguna:

¿quién mitiga el fuego amargo

en jagüey de arena pura,

quién mata la sed sin agua

en la soledad profunda?


Florentino

En la soledad profunda

el pecho del medanal,

el romance que lo arrulla,

la conseja que lo abisma,

el ánima que lo cruza,

la noche que lo encobija,

el soplo que lo desnuda,

la palma que lo custodia,

el lucero que lo alumbra.

¿Qué culpa tengo, señores,

si me encuentra el que me busca?


El Diablo

Si me encuentra el que me busca

el susto lo descarea.

Falta un cuarto pá’la una

cuando el candil parpadea,

cuando el espanto sin rumbo

con su dolor sabanea,

cuando Florentino calla

porque se le va la idea,

cuando canta la pavita,

cuando el gallo menudea.


Florentino

Cuando el gallo menudea

la garganta se me afina

y el juicio se me clarea.

Yo soy como el espinito

que en la sabana florea:

le doy aroma al que pasa

y espino al que me menea.


El Diablo

Espino al que me menea.

No le envidio al espinito

las galas de que alardea:

cuando la candela pasa

la pata se le negrea.

Con plantaje y bulla de ala

no se cobra la pelea.

Vaya poniéndose alante

pá’que en lo oscuro me vea.


Florentino

Pá’que en lo oscuro me vea.

Amigo no arrime tanto

que el bicho se le chacea.

Atrás y alante es lo mismo

pá’l que no carga manea.

El que va atrás ve pá’lante

y el que va alante voltea.


El Diablo

El que va alante voltea

a contemplar lo que sube

borrando lo que verdea:

en invierno el aguazal,

en verano la humarea.

Me gusta cantar al raso

de noche cuando ventea

porque así es como se sabe

quién mejor contrapuntea.


Florentino

Quien mejor contrapuntea

hace sus tratos de día

y trabaja por tarea.

“¡Cójame ese trompo en la uña

a ver si taratatea!”.

Ni que yo fuera lechuza

en campanario de aldea

para cantar en lo oscuro

con esta noche tan fea.


El Diablo

Con esta noche tan fea

una cosa piensa el burro

y otra el que arriba lo arrea.

¡Ay, catire Florentino!

escuche a quien lo previene:

déle tregua a la porfía

pá’que tome y se serene

si no quiere que le falle

la voz cuando se condene.


Florentino

La voz cuando se condene.

Mientras el cuatro me afine

y la maraca resuene

no hay espuela que me apure

ni bozal que me sofrene,

ni quien me obligue a beber

en tapara que otro llene.

Coplero que canta y toca

su justa ventaja tiene:

toca cuando le da gana,

canta cuando le conviene.


El Diablo

Canta cuando le conviene.

Si su destino es porfiar

aunque llueva y aunque truene

le voy a participar,

amigo, que en este duelo

yo no le vengo a brindar

miel de aricas con buñuelo.

Si se pone malicioso

no me extraña su recelo,

que al que lo mordió macagua

bejuco le para el pelo.


Florentino

Bejuco le para el pelo.

Contra un jiro atravesao

yo mi pollo ni lo amuelo.

Entre cantadores canto,

entre machos me rebelo,

entre mujeres me sobra

muselina y terciopelo,

cuando una me dice adiós

a otra le pido consuelo.

Desde cuando yo volaba

paraparas del rayuelo

vide con la noche oscura

la Cruz de Mayo en el cielo.


El Diablo

La Cruz de Mayo en el cielo.

A mí no me espantan sombras

ni con luces me desvelo:

con el sol soy gavilán

y en la oscuridá mochuelo,

familia de alcaraván

canto mejor cuando vuelo;

también como la guabina

si me agarra me le pelo,

también soy caimán cebao

que en boca’e caño lo velo.


Florentino

Que en boca’e caño lo velo.

Me acordé de aquel corrío

que me lo enseñó mi abuelo:

velando al que nunca pasa

el vivo se quedó lelo,

para caimán el arpón

para guabina el anzuelo,

patiquín que estriba corto

no corre caballo en pelo.

¿Con qué se seca la cara

el que no carga pañuelo?

¿Pá’qué se limpia las patas

el que va a dormí en el suelo?


El Diablo

El que va a dormí en el suelo

pega en la tierra el oío:

si tiene el sueño liviano

nunca lo matan dormío.

Los gallos están cantando,

escúcheles los cantíos,

los perros están aullando,

recuerde lo convenío.

“Zamuros de la Barrosa

del alcornocal del Frío

albricias pido, señores,

que ya Florentino es mío”.


Florentino

Que ya Florentino es mío.

¡Ñéngueres de Banco Seco!

¡taro-taros del Pionío!

Si usté dice que soy suyo

será que me le he vendío,

si me le vendí me paga

porque yo a nadie le fío.

Yo no soy rancho veguero

que le mete el agua el río,

yo no soy pájaro bobo

pá’estar calentando nío.


El Diablo

Pá’estar calentando nío.

No sé si es pájaro bobo

pero va por un tendío

con la fatiga del remo

en el golpe mal medío;

y en la orilla del silencio

se le anudará el tañío

cuando yo mande a parar

el trueno y el desafío.


Florentino

El trueno y el desafío.

Me gusta escuchar el rayo

aunque me deje aturdío,

me gusta correr chubasco

si el viento lleva tronío.

Águila sobre la quema,

reto del toro bravío.

Cuando esas voces me llaman

siempre les he respondío.

¡Cómo me puede callar

coplero recién vestío!


El Diablo

Coplero recién vestío,

mano a mano y pecho a pecho

ando atizándome el brío

con el fuego del romance

que es don de mi señorío.

Relámpagos me alumbraron

desde el horizonte ardío

nariceando cimarrones

y sangrando a los rendíos

con la punta’e mi puñal

que duele y da escalofrío.


Florentino

Que duele y da escalofrío...

Dame campo pensamiento

y dame rienda albedrío

pá’enseñarle al que no sabe

a rematar un corrío.

Cimarrones hay que verlos,

de mautes no le porfío;

puñal, sáquelo si quiere

a ver si repongo el mío.

Duele lo que se perdió

cuando no se ha defendío.


El Diablo

Cuando no se ha defendío

lo que se perdió no importa

si está de pies el vencío.

porque el orgullo indomable

vale más que el bien perdío.

Por eso es que me lo llevo

con la nada por avío

en bongo de veinte varas

que tiene un golpe sombrío.

Y vuelvo a cambiarle el pie

a ver si topa el atajo.


Florentino

A ver si topa el atajo.

Cuando se fajan me gusta

porque yo también me fajo.

“Zamuros de la Barrosa

del alcornocal de abajo:

ahora verán, señores,

al Diablo pasar trabajo”.


El Diablo

Al Diablo pasar trabajo.

No miente al que no conoce

ni finja ese desparpajo,

mire que por esta tierra

no es primera vez que viajo,

y aquí saben los señores

que cuando la punta encajo

al mismo limón chiquito

me lo chupo gajo a gajo.


Florentino

Me lo chupo gajo a gajo.

Usté que se alza el copete

y yo que se lo rebajo.

No se asusten compañeros,

déjenlo que yo lo atajo,

déjenlo que pare suertes,

yo sabré si le barajo;

déjenlo que suelte el bongo

pá’que le coja agua abajo;

antes que Dios amanezca

se lo lleva quien lo trajo;

alante el caballo fino,

atrás el burro marrajo.

¡Quién ha visto dorodoro

cantando con arrendajo!

Si me cambió el consonante

yo se lo puedo cambiar.


El Diablo

Yo se lo puedo cambiar.

Los graves y los agudos

a mí lo mismo me dan,

porque yo eché mi destino

sobre el nunca y el jamás.

¡Ay!, catire Florentino,

cantor de pecho cabal,

qué tenebroso el camino

que nunca desandará,

sin alante, sin arriba,

sin orilla y sin atrás.

Ya no valen su baquía,

su fe ni su facultá

catire quitapesares

arrendajo y turupial.


Florentino

Arrendajo y turupial.

De andar solo esa vereda

los pies se le han de secar,

y se le hará más profunda

la mala arruga en la faz;

porque mientras llano y cielo

me den de luz su caudal,

mientras la voz se me escuche

por sobre la tempestá,

yo soy quien marco mi rumbo

con el timón del cantar.

Y si al dicho pido ayuda

aplíquese esta verdá:

que no manda marinero

donde manda capitán.


El Diablo

Donde manda capitán

usted es vela caída,

yo altivo son de la mar.

Ceniza será su voz,

rescoldo de muerto afán

sed será su última huella

náufraga en el arenal,

humo serán sus caminos,

piedra sus sueños serán,

carbón será su recuerdo,

lo negro en la eternidá,

para que no me responda

ni se me resista más.

Capitán de la Tiniebla

es quien lo viene a buscar.


Florentino

Es quien lo viene a buscar.

Mucho gusto en conocerlo

tengo, señor Satanás.

Zamuros de la Barrosa

salgan del Arcornocal

que al Diablo lo cogió el día

queriéndome atropellar.

Sácame de aquí con Dios

Virgen de la Soledá,

Virgen del Carmen bendita,

sagrada Virgen del Real,

tierna Virgen del Socorro,

dulce Virgen de la Paz,

Virgen de la Coromoto,

Virgen de Chiquinquirá,

piadosa Virgen del Valle,

santa Virgen del Pilar,

Fiel Madre de los Dolores

dame el fulgor que tú das,

¡San Miguel!, dame tu escudo,

tu rejón y tu puñal,

Niño de Atocha bendito,

Santísima Trinidá.


(En compases de silencio

negro bongo que echa a andar.

¡Salud, señores! El alba

bebiendo en el paso real).


Fuente: El diablo en la puerta: Una investigación sobre la religión, la transculturación y lo desconocido. Camilla Ledezma, 1 de noviembre de 2021.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante y útil

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